La crisis del GLP en Santa Cruz parece haberse convertido en un mal crónico, un síntoma de una falla estructural en la cadena de distribución y control de precios que el Estado y las empresas distribuidoras no han logrado resolver y condenan a la población a una lucha diaria por un insumo básico.
Falta de gas afecta a los más vulnerables. La ciudad de Santa Cruz enfrenta una nueva y aguda crisis de desabastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP), con escenas de largas filas desde la madrugada y precios especulativos que llegan hasta los 70 bolivianos por garrafa lo que evidencia el colapso del sistema de distribución y el drama diario de miles de familias. La situación ha regresado con fuerza y afecta especialmente a los habitantes de zonas periféricas y a personas de la tercera edad, quienes deben viajar en transporte público cargando sus garradas y esperando horas sin garantía de conseguirlo.
“No es ni caro ni barato, en micro vine y en micro me iré (con mis garrafas)”, declaró una persona de la tercera edad que llegó desde la zona de Los Lotes, donde simplemente no hay gas disponible. Su testimonio enfatiza la doble carga del problema debido a la escasez física y la falta de información confiable sobre la llegada de los camiones distribuidores.

El desconsuelo y la resignación son el denominador común entre quienes hacen fila. La espera se convierte en una odisea sin fin. Otra vecina relató que llegó a la agencia de la avenida Santos Dumont a las 7:00 de la mañana y ya no pudo abastecerse del primer camión.
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“El primer camión ya se acabó. Nos han dicho diez y media (am), otros dicen a la una que vaya a llegar y yo por dos garrafas he venido”, explicó y señaló la descoordinación y la ausencia de un protocolo claro para atender la demanda. Tras horas de espera, su única opción fue resignarse y “volver mañana a hacer fila de nuevo, no queda más”.
La crisis no solo se mide en tiempo perdido, sino en un mercado paralelo que florece. Mientras en las distribuidoras oficiales el precio referencial es de Bs 22.50, la desesperación empuja a la compra en tiendas de barrio, donde una garrafa puede costar Bs 35, e incluso a pagar hasta Bs 70 en el mercado negro, según reportes de vecinos de distintas zonas.
Los afectados describen una rutina agotadora. Ciudadanos, muchos de ellos ancianos, se ven obligados a viajar en micro con sus garrafas vacías con lo que arriesgan su bienestar, para luego formar filas interminables bajo la incertidumbre de si habrá suministro. “Estamos en la misma situación esperando a ver que llegue el gas”, afirmó un joven con la misma resignación que el resto.
La crisis del GLP en Santa Cruz parece haberse convertido en un mal crónico, un síntoma de una falla estructural en la cadena de distribución y control de precios que el Estado y las empresas distribuidoras no han logrado resolver y condenan a la población a una lucha diaria por un insumo básico.