En el ámbito de la inclusión financiera, el reporte presenta un panorama mixto. Mientras el número de cuentas de depósito aumentó en más de 1,5 millones y la cobertura física llegó al 98% de los municipios, el número total de prestatarios activos disminuyó en más de 12.000 personas. Esto sugiere que, aunque más bolivianos tienen acceso a una cuenta, menos acceden a nuevos créditos.
Un informe de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban) revela el doble desempeño del sector financiero a octubre de 2025 en el que por un lado, se registra un crecimiento robusto en utilidades, patrimonio y crédito empresarial y, por otro, se evidencia un desplome sostenido en el financiamiento para vivienda social, lo que expone una priorización del mercado sobre el acceso a un derecho básico. Mientras la rentabilidad del sector se disparó un 42,6%, la cartera hipotecaria de vivienda social se contrajo un 4,4%.
El análisis, titulado “Análisis del sector bancario a octubre de 2025”, describe un escenario de “evolución positiva, aunque con ciertos desafíos”. Sin embargo, al explicar los tipos de crédito, la contradicción se hace evidente. “No obstante, las operaciones de crédito hipotecario registraron un retroceso del 2,4% en el último año. De manera puntual, la cartera hipotecaria de vivienda social continuó contrayéndose (-4,4%). Este comportamiento está vinculado con las tasas de interés fijas para este tipo de operaciones, que oscilan entre 5,5% y 6,5%, y que no cubren el riesgo inherente a operaciones de largo plazo como son las de vivienda, más aún dadas las limitaciones de fondeo adecuado para este tipo de créditos”, señala el documento de Asoban.
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Este retroceso contrasta con el dinamismo observado en otros segmentos. El crédito empresarial lideró la expansión con un crecimiento interanual del 12,6%, impulsado por el ajuste de tasas de interés establecido en el Decreto Supremo 5403. Los créditos a la mediana empresa también mostraron un repunte y pasaron de un crecimiento del 2,1% en 2024 al 4,0% este año. La industria se consolidó como el principal motor del crecimiento crediticio, aportando el 60% del total.
La salud financiera del sector, en términos agregados, es innegable. El patrimonio bancario creció un 12,2% y alcanzó los 3.409 millones de dólares y la rentabilidad sobre el patrimonio se situó en 13,6%. La morosidad, por su parte, cayó al 3,0%, su nivel más bajo, y la cobertura de previsiones se mantiene saludable. Los depósitos totales superaron los 31.750 millones de dólares, con un notable crecimiento del 12% en las cajas de ahorro.
En el ámbito de la inclusión financiera, el reporte presenta un panorama mixto. Mientras el número de cuentas de depósito aumentó en más de 1,5 millones y la cobertura física llegó al 98% de los municipios, el número total de prestatarios activos disminuyó en más de 12.000 personas. Esto sugiere que, aunque más bolivianos tienen acceso a una cuenta, menos acceden a nuevos créditos.
El avance más destacado se dio en la digitalización. Las transferencias electrónicas interbancarias superaron los 340 millones, un crecimiento del 127% respecto a 2024 y el 89% de ellas se realizaron a través del QR que facilita las transacciones de bajo monto. Este es el principal indicador de “uso” del sistema financiero.
La conclusión que emerge del informe es la de un sector sólido y rentable, que ha logrado canalizar crédito hacia la producción (empresas e industria) y masificar las transacciones digitales. Sin embargo, su éxito se construye sobre el abandonado frente de la vivienda social, donde las tasas reguladas y las limitaciones de fondo han generado un retroceso que profundiza el déficit habitacional lo que evidencia los límites de la banca privada para atender necesidades sociales de largo plazo sin un esquema robusto de colaboración público-privada.
