Un estudio de Ipsos-Ciesmori difundido por Unitel revela otra brecha dentro del Ejecutivo: el presidente Rodrigo Paz mantiene una aprobación sólida, mientras que el vicepresidente Edmand Lara registra uno de los niveles más bajos de respaldo ciudadano desde el inicio de la gestión.

En un contexto de ajustes económicos promovidos por la actual gestión, la percepción ciudadana ha comenzado a trazar caminos opuestos para las dos máximas autoridades del Estado. La encuesta presentada por la red Unitel muestra que el presidente conserva una aprobación del 65% en el eje central del país, frente a apenas un 20% de respaldo al vicepresidente, una diferencia que evidencia no solo dos estilos políticos contrapuestos, sino también el impacto concreto de la imagen de cada uno de los mandatarios ante la sociedad.
De acuerdo con el estudio, el 68% de los encuestados considera que el país va en la ‘dirección correcta’, un dato que se traduce directamente en la valoración positiva del jefe de Estado, incluso después de decisiones impopulares como la eliminación de la subvención a los combustibles. Para los analistas consultados, la ciudadanía parece haber priorizado la idea de conducción y toma de decisiones por encima del costo político inmediato.
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“La gente está viendo a un presidente que asume medidas difíciles, pero que comunica y explica”, señaló el analista Óscar Ortiz, quien sostuvo que la aprobación a Paz responde a una percepción de liderazgo y responsabilidad frente a la crisis económica. En esa misma línea, Armando Ortuño afirmó que la figura presidencial se consolida como ‘centro de gravedad’ del poder, mientras que la Vicepresidencia ha quedado desplazada del rol ejecutivo.
El contraste es evidente. Mientras Paz aparece asociado a gestión, decisiones y agenda económica, Lara ha optado por una estrategia de confrontación pública, con críticas constantes al propio Gobierno, del cual es parte, y a sus ministros. Esa narrativa, según los especialistas, no ha logrado traducirse en respaldo ciudadano. Por el contrario, ha generado la imagen de un vicepresidente sin resultados tangibles y más cercano al activismo político que a la gestión de Estado.

“Nosotros, en la Asamblea Legislativa, nos encontramos huérfanos de alguien que dirija la agenda legislativa del año. Quedan pendientes muchas cosas, como la aprobación de una ley para que los magistrados puedan levantar sala o la elaboración de un código tributario menos asfixiante. Tenemos mucho trabajo por delante y el presidente nato de la Asamblea debería estar organizando ese trabajo. Por eso lo fiscalizamos: consideramos que el vicepresidente no justifica su sueldo”, resalta el diputado oficialista René Rada.
El propio Gobierno ha dejado entrever esa distancia. Desde el Ministerio de la Presidencia se reiteró que las principales determinaciones son asumidas por el jefe de Estado y que la administración mantiene una sola línea de conducción, un mensaje que refuerza la centralidad de Paz y deja a Lara en un segundo plano.
La brecha reflejada en la encuesta no es menor. Un presidente con dos tercios de aprobación y un vicepresidente con apenas una quinta parte del respaldo configuran un escenario atípico, que puede tener efectos en la relación con el Legislativo, los gobiernos subnacionales y los actores sociales. Para los analistas, Lara llega debilitado a cualquier mesa de negociación, sin capacidad real de influir en la agenda nacional.
“Se tomaron decisiones. No fueron fáciles ni populares, pero fueron necesarias. Y lo central es esto: la tendencia se revirtió. Hoy, las variables macroeconómicas muestran otro escenario y, más importante aún, las expectativas comienzan a alinearse en positivo. Ese es el principal logro de esta primera etapa: recuperar la confianza y cambiar el rumbo”, señala el exdiputado Jaime Navarro Tardío.

En términos políticos, el estudio también confirma que la ciudadanía distingue entre quien gobierna y quien critica. Paz capitaliza la percepción de estabilidad y conducción en un momento adverso; Lara, en cambio, paga el costo de una estrategia basada en la denuncia sin propuesta clara. “Nada de esto ocurrió en un terreno despejado. Se logró pese al Vicepresidente Edman Lara, pese a Evo Morales y pese a sectores de oposición que hoy se muestran nerviosos, erráticos y contradictorios”, dice Navarro.
El exsenador Ortiz precisa que la población condena que haya una pelea entre el presidente y el vicepresidente, y que la encuesta muestra que el culpable de esto es el vicepresidente Lara. “Por lo menos en las circunstancias actuales, no va a tener mayor impacto real en cuanto a la marcha de la gestión del Gobierno. Por lo menos en cuanto son las percepciones ciudadanas de aprobación y desaprobación, y la esperanza que tiene la ciudadanía de que al Gobierno le vaya bien”, sostiene el político.
El mensaje de las urnas, aunque expresado hoy en encuestas, es contundente: la figura presidencial se fortalece como referente de poder y conducción, mientras que la Vicepresidencia atraviesa su momento más frágil desde el inicio del mandato. En un año marcado por ajustes y tensiones, la ciudadanía parece haber tomado partido.