Wall-E en Achocalla: Ingeniero construye robots para inspirar a jóvenes en la tecnología  


En el corazón de este proyecto late una convicción profunda sobre el futuro del país. «Yo que siempre quiero mostrar a todos los que son amantes de la tecnología, es que las cosas sí se pueden hacer en nuestro país”, afirma Mamani. El museo es una prueba clara que él está contra de la resignación y el complejo de inferioridad tecnológica. «La economía de muchos países no se basa por sus recursos debajo de la tierra, sino es por el trabajo de investigación que están haciendo», enfatiza el ingeniero.

eju.tv/ Video:Cadena A

En el municipio de Achocalla, el ingeniero Roly Mamani ha convertido la ciencia ficción en un aula que se puede ver y sentir. Su réplica a tamaño real y funcional del entrañable robot Wall-E es la estrella de su museo. ‘Robot Creator’ es un proyecto personal nacido de la pasión y la frustración, con un único objetivo de demostrar que en Bolivia también se puede innovar e inspirar a una nueva generación de creadores tecnológicos.



«Wall-E nace a raíz de que realmente es un robot muy clásico. Lo queremos tener acá en nuestro museo, porque muchas personas, niños, adultos, se identifican con este robot», dice Mamani con una sonrisa y luego explica el porqué de elegir a este icónico personaje cine.

Redes: Roly Mamani

No se trata solo de un ejercicio de ingeniería, sino de tender un puente emocional. Wall-E, el pequeño recolector de basura con un gran corazón, es el vehículo perfecto para conectar con el público y sembrar una chispa de curiosidad. Sin embargo, el camino para dar vida a este sueño metálico estuvo plagado de obstáculos muy serios.

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Mamani detalla un poco frustrado que la construcción, que debería haber tomado dos o tres meses, se extendió por más de medio año. «Entre muchos problemas que hemos tenido, incluso en temas de importación, aranceles de impuestos y muchas cosas que han pasado en el país», relata y así revela la cruda realidad que enfrentan los innovadores locales frente a una burocracia y un sistema logístico que a menudo actúan como freno del ingenio.

Sin embargo, al entrar al museo, esas dificultades se disipan ante la magia. Allí está Wall-E que recibe a los visitantes con un movimiento pausado de su cabeza y, para sorpresa de muchos, bailando al ritmo de melodías clásicas y modernas. Cada giro y cada saludo están programados con minuciosidad. «Wall-E realmente representa todo el carisma que nos muestra en la película, desde un saludo, un reconocimiento, los bailes modernos que le hemos puesto, o incluso hasta los bailes clásicos que él mismo tiene», comenta Mamani con orgullo de padre.

Mamani, egresado de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), no se limita a Wall-E. Su taller es un cruce entre un set de cine y un laboratorio de vanguardia, habitado por réplicas del Terminator y robots caninos de un realismo inquietante. Cada creación es una declaración de principios y una prueba de concepto.

En el corazón de este proyecto late una convicción profunda sobre el futuro del país. «Yo que siempre quiero mostrar a todos los que son amantes de la tecnología, es que las cosas sí se pueden hacer en nuestro país”, afirma Mamani. El museo es una prueba clara que él está contra de la resignación y el complejo de inferioridad tecnológica. «La economía de muchos países no se basa por sus recursos debajo de la tierra, sino es por el trabajo de investigación que están haciendo», enfatiza el ingeniero.

Así, en una sala de Achocalla, el sueño de un ingeniero se materializa con Wall-E y otras de sus creaciones que se han convertido en un símbolo en esta ciudad. Roly Mamani no solo ha replicado un ícono del cine, él ha construido un faro que llama a los jóvenes bolivianos a imaginar, a crear y a creer que el futuro no es algo que solo se ve en películas extranjeras, sino que se puede diseñar y construir, pieza a pieza, en casa.