La situación se ha vuelto insostenible para miles de familias que dependen del comercio diario. Los billetes de la Serie B son rechazados en todos los ámbitos, vale decir mercados, tiendas de barrio, transporte público e incluso en transacciones bancarias.
eju.tv / Videos: Radio Fides y Cadena A
¿Y ahora quién nos recibe los billetes? El Banco Central de Bolivia (BCB) decidió al promediar el mediodía (05 suspender el canje de billetes de las denominaciones de 10, 20 y 50 bolivianos correspondientes a la Serie B, tras el colapso de sus oficinas en el centro de La Paz debido a las largas filas de ciudadanos que buscaban cambiar el papel moneda ante el creciente rechazo en comercios y mercados. La medida se adopta en medio de la psicosis generada por el accidente aéreo de la semana pasada, en el que un cargamento de billetes de esta serie fue dispersado y parcialmente sustraído, lo que llevó al ente emisor a invalidar las unidades con números de serie específicos involucrados en el siniestro.
Desde las puertas de la entidad bancaria, se informó que la suspensión del cambio responde a que no todos los billetes de la Serie B están inhabilitados, por lo que se instruyó a la población utilizar las herramientas digitales oficiales habilitadas para verificar la validez del efectivo en sus manos. Asimismo, el procedimiento puede realizarse mediante la lectura de un código QR o ingresando al portal institucional del BCB.

Sin embargo, la explicación técnica choca con la realidad cotidiana de los comerciantes, quienes se ven atrapados con billetes que nadie quiere recibir. Un ciudadano que viajó desde Cochabamba expresó su molestia al ser rechazado en el BCB.
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«Nos dicen justificación, ¿de dónde vamos a justificar? Nosotros agarramos, somos comerciantes, trabajamos del día a día y agarramos los billetes en circulación. Como les digo, este billete ya estaba en circulación más antes que pase este accidente, ¿por qué ahora están cortando? Está afectando de gran manera», denunció a Radio Fides el afectado que reflejó la desesperación de quienes acumulan papel moneda sin poder usarlo.
La exigencia de «justificación» para el cambio que el BCB estaría solicitando a los ciudadanos agrava aún más la situación para los sectores populares, que operan en gran medida con efectivo y sin respaldo documental de sus transacciones. Otra ciudadana que acudió a las oficinas del banco con un teléfono celular de gama básica, incapaz de descargar aplicaciones complejas o acceder a internet de manera fluida, se encontró con la negativa de canje.
«No quieren, no quieren, en el mercado no quieren, en las tiendas no quieren, ¿en dónde? Ahorita ni en el banco dicen que quieren. Ahorita una señora había sacado del banco pura Serie B, le ha dicho vuelva a depositarlo y va a volver, aquí no hay ni monedas», protestó la vecina que evidenció la paradoja de que ni siquiera la propia entidad emisora acepta los billetes que pone en circulación.
La situación se ha vuelto insostenible para miles de familias que dependen del comercio diario. Los billetes de la Serie B son rechazados en todos los ámbitos, vale decir mercados, tiendas de barrio, transporte público e incluso en transacciones bancarias.
«Yo creo que una vez que reconozcan y que funcione la serie B, en la calle ven billetes de serie B, no quieren, nos rechazan, entonces a mucha gente nos está perjudicando», lamentó otro afectado, mientras las filas en el BCB se disolvían sin solución para la mayoría.
La crisis de confianza generada por el accidente ha puesto en evidencia la fragilidad del sistema monetario cuando la población pierde la certeza sobre el valor del papel que usa a diario. Mientras el BCB insiste en que la mayoría de los billetes de la Serie B son válidos y proporciona herramientas tecnológicas para verificarlo, los comerciantes, en su lucha por la supervivencia económica, han optado por la solución más simple y radical: no aceptar ningún billete de la serie observada por lo que dejan a miles de ciudadanos con dinero en las manos que nadie quiere recibir.
La decisión del ente emisor de suspender el cambio directo, lejos de resolver el problema, ha profundizado la incertidumbre y el malestar social.