Bolivia registra un descenso de la tasa de fecundidad en un promedio de 0,51 hijos por mujer cada año


Así lo revela el informe de Análisis de Determinantes de la Fecundidad a partir de la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) 2023.

Por eju.tv / La Paz



Entre 1998 y 2023, Bolivia registró un descenso de la tasa de fecundidad en promedio de 0,51 hijos por mujer cada año, que es una de las más aceleradas entre los países de la región, revela un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Se trata del informe de Análisis de Determinantes de la Fecundidad a partir de la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) 2023.

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El documento refiere que en los últimos 25 años, Bolivia atravesó un proceso de transformación demográfica profundo, evidenciado en la marcada reducción de la Tasa Global de Fecundidad (TGF).

Si en 1998, la TGF se situaba en 4,2 hijos por mujer; para 2023, esta cifra disminuyó a 2,1 hijos por mujer, lo que implica que, en promedio, “las familias bolivianas se han reducido a la mitad en una sola generación. Que en otros términos la tendencia una velocidad de descenso de la tasa de fecundidad en promedio fue de 0,51 hijos por mujer cada año, que es una de las más aceleradas entre los países de la región”.

Este descenso tan acelerado y pronunciado es particular en la región de América Latina y el Caribe (ALC), y Bolivia no ha quedado fuera de este fenómeno.

El informe advierte que Bolivia “ha ingresado de manera acelerada a los primeros indicios de la denominada transición demográfica, lo cual refleja cambio en los comportamientos poblacionales relativos a la fecundidad”.

Este cambio muestra no solo el acceso más extendido a métodos anticonceptivos y servicios de salud reproductiva, sino también la influencia de factores educativos, económicos y culturales que han modificado las aspiraciones y proyectos de vida de las personas.

De manera paralela, la Tasa General de Fecundidad, que mide los nacimientos por cada 1.000 mujeres en edad fértil (15 a 49 años), mostró un descenso relevante: de 142 nacimientos en 1998 a 73 en 2023, es decir, una reducción del 49%.

Esta tendencia indica que la disminución de la fecundidad ha sido sostenida y se ha dado de manera amplia en todos los estratos sociales, aunque todavía con matices heterogéneos según área de residencia, nivel educativo y condición económica.

La Tasa Bruta de Natalidad, que contabiliza los nacimientos por cada 1.000 habitantes, también ha disminuido considerablemente: de 30 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 1998 a 16 en 2023, lo que representa una caída del 47%.

Este descenso no solo se explica por la reducción de la fecundidad, sino también por la transición hacia una estructura poblacional más envejecida, en la que la proporción de personas adultas y mayores es cada vez mayor en comparación con la de niños, niñas y adolescentes.

El descenso de la fecundidad entre 1998 y 2023 en todos los grupos etarios. El segmento de 45 a 49 años muestra la mayor reducción relativa, con un 87% menos, mientras que el grupo de 20 a 24 años registra la mayor caída absoluta, disminuyendo en 52%.

Asimismo, la fecundidad adolescente sigue presentando disminuciones relevantes: en el grupo de 15 a 19 años, la tasa bajó de 84 a 48 nacimientos por cada 1.000 adolescentes, es decir, un 43% menos.

Sin embargo, estas cifras promedio presentan diferencias importantes entre regiones y grupos poblacionales, lo que subraya la necesidad de políticas públicas diferenciadas y contextualizadas para responder a la diversidad de realidades que coexisten en el país.

Además, estos cambios tienen una implicancia en las personas que tienden a retrasar la edad para formar pareja y tener descendencia, priorizando la educación y la inserción laboral, especialmente en el ámbito urbano.

Otro de los aspectos importantes está relacionado al acceso a información sobre sexualidad, salud y derechos reproductivos que ha permitido que más personas puedan tomar decisiones informadas sobre su vida reproductiva.

Sin embargo, este acceso proviene principalmente de redes sociales y de un mayor consumo de contenido en diversas plataformas, en lugar de responder a una estructura formal proveniente del sistema educativo o de salud del país. Esta situación dificulta medir la calidad y el impacto del contenido recibido, así como comprender plenamente sus consecuencias en la formación y el bienestar en materia de salud para la población.