En Santa Marta medio centenar de países buscan respuestas ante el estancamiento de las negociaciones climáticas globales en la 1ª Conferencia internacional sobre el futuro de las energías fósiles que concluye este 29 de abril en esa ciudad del Caribe colombiano. El presidente Petro hizo un llamado urgente para abandonar la dependencia de petróleo y carbón, proponiendo un modelo de transición energética que sirva de ejemplo para el resto del mundo.

En el idílico marco de la costa caribeña, donde se pueden avistar barcos de carbón en el horizonte, concluye este miércoles la primera conferencia internacional dedicada a la transición hacia energías más limpias. El origen de esta reunión es dar respuesta a los recientes fracasos de las COP para abordar de manera efectiva la crisis climática. Una segunda edición está programada para el 2027, organizada esta vez por el Estado de Tuvalu en el Pacífico.
El presidente Petro intervino la víspera en la primera sesión plenaria, enfatizando la necesidad de acelerar la transición energética en un mundo azotado por crisis múltiples. «Nos empujan hacia la posibilidad de guerras generalizadas, hacia la extinción de la humanidad, una ruptura del sistema general del derecho internacional; eso es lo que denominamos barbarie. La barbarie es la creadora de los fascismos, es su forma de operar. Pero queremos ser un ejemplo», destacó el mandatario colombiano.
Sin embargo, la situación de Colombia no es del todo ideal, como señala Najet Benrabaa, corresponsal de RFI en Santa Marta. La economía del país sudamericano sigue teniendo una alta dependencia del aprovechamiento de los recursos fósiles. «Colombia apenas posee el 0.5% de las reservas de petróleo y el 0.05% de las de gas, aunque posee una cantidad significativa de carbón. Las exportaciones de petróleo y carbón representan entre el 40 y el 50% de su economía, al menos en 2022. No podemos depender de algo que no tenemos», subrayó Andrés Gómez, coordinador para América Latina de la iniciativa sobre la no proliferación de combustibles fósiles.
Es importante mencionar que la crisis energética global provocada por el conflicto en el Medio Oriente no estaba contemplada el año pasado cuando Colombia y los Países Bajos anunciaron esta reunión como una alternativa a la parálisis de las conferencias climáticas de la ONU. En las COP, la regla del consenso ha obstaculizado cualquier avance respecto al petróleo, gas y carbón, responsables desde el siglo XIX del calentamiento global.
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La reciente alza en los precios del petróleo desde marzo ha brindado un nuevo motivo para celebrar esta conferencia en Santa Marta. Delegaciones de naciones europeas, así como de Nigeria, Canadá, Angola y Brasil, han asistido. Sin embargo, los principales emisores de gas de efecto invernadero —Estados Unidos, China, India— y los países del Golfo no están presentes.
La exministra colombiana de Medio Ambiente, Susana Muhamad, sostuvo que este tipo de conferencias y su periodicidad tendrán un impacto tanto a corto como a largo plazo, especialmente en el contexto del conflicto en el Medio Oriente. «Es un momento absolutamente histórico, especialmente dada la situación geopolítica actual. Estos Estados se unen bajo la consigna ‘la transición más allá de las energías fósiles’, y este tema puede convertirse en un contrapeso frente al gobierno estadounidense actual. Si mantenemos firme nuestra intención de avanzar en la transición energética, esto podría tener repercusiones geopolíticas reales», afirmó a RFI.
«Yo siento que aquí estamos sembrando una semilla. Y cuando la crisis energética mundial provocada por Estados Unidos se agudice, cuando los efectos económicos comiencen a notarse en la inflación, en la alimentación y el acceso a la energía, y todo esto se combine con el fenómeno de El Niño pronosticado para el segundo semestre, recordaremos a estos países y al espacio político que han logrado crear», concluyó. Desde su creación hace dos años, el tratado ha sido firmado por 18 países, entre ellos Pakistán, Camboya y Colombia.