El economista advierte que la medida puede incentivar la demanda de dólares y tensionar aún más la liquidez del sistema financiero.
eju.tv / Video: LHP
La flexibilización del uso de tarjetas de débito y crédito para transacciones en el exterior en Bolivia podría incrementar la demanda de dólares y evidenciar un cambio implícito en el régimen cambiario, según explicó el economista Fernando Romero a La Hora Pico de eju.tv que se transmite por radio Oriental, programa en el que analizó los efectos y riesgos de esta medida en el actual contexto de escasez de divisas.
La reciente decisión de flexibilizar el uso de tarjetas para pagos internacionales provoca un giro la política cambiaria boliviana, al tiempo que abre interrogantes sobre la sostenibilidad del sistema financiero frente a la escasez de dólares. Para el economista Fernando Romero, esta medida no solo facilita las transacciones en el exterior, sino que también revela un cambio más profundo que pasa por el reconocimiento implícito de un tipo de cambio más cercano al mercado paralelo.
“El Gobierno está dejando de lado el tipo de cambio oficial y operando con uno más real”, sostuvo, al referirse al uso de valores que rondan los Bs 9 por dólar en lugar del tipo de cambio fijo tradicional. Desde el punto de vista operativo, la liberación de tarjetas permite normalizar pagos en sectores como educación, salud y servicios digitales, además de reducir la dependencia de mecanismos informales. Sin embargo, también podría incentivar una mayor demanda de divisas.
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Romero explicó que, aunque la medida desincentiva ciertos negocios especulativos que surgieron en el contexto de escasez como la compra de dólares baratos para su reventa, el efecto podría ser un aumento en el uso de dólares para consumo externo. “Puede generar mayor salida de divisas, eso es evidente, mayor presión sobre el tipo de cambio paralelo y hay que ver si realmente tanto la banca privada como el Banco Central de Bolivia van a tener la capacidad en dólares de responder esa mayor demanda”, señaló.

Este incremento en la demanda plantea un desafío clave que pasa por la verdadera capacidad del sistema financiero para abastecerla. El economista advirtió que, si los bancos no cuentan con suficiente liquidez en moneda extranjera, podrían reaccionar elevando comisiones, restringiendo operaciones o priorizando clientes de menor riesgo. Además, refirió que el nuevo esquema cambiario es variable, lo que introduce un componente adicional de incertidumbre para los usuarios y las empresas.
Otro aspecto relevante es el impacto macroeconómico. La mayor salida de divisas podría profundizar la presión sobre las reservas internacionales y el tipo de cambio paralelo, sobre todo porque el país ya enfrenta limitaciones en su capacidad de generación de dólares. “Yo creo que concluyendo podría decir de que es un beneficio social inmediato, pero con un costo a nivel macro importante”, acordó.
Pese a estos riesgos, Romero reconoció que la medida genera un alivio inmediato en la población y mejora la percepción de normalidad económica. Sin embargo, insistió en que se trata de una solución parcial. “El Gobierno gana un respiro social, pero el problema estructural sigue intacto”, resaltó. No obstante, el especialista reiteró la necesidad de avanzar hacia reformas más profundas que permitan equilibrar el mercado cambiario, reducir la brecha entre tipos de cambio y garantizar la sostenibilidad del sistema financiero en el mediano plazo.