1. Desempeño económico de Bolivia en 2025 y su proyección para el 2026
Durante el año 2025, Bolivia experimentó una recesión económica de -1,2% del PIB, lo que marcó un punto de inflexión en su desempeño macroeconómico reciente. Este resultado estuvo acompañado de una inflación elevada de 19,5%, un déficit en cuenta corriente de -1,9% del PIB y una tasa de desempleo de 3,3%. Las principales causas de este deterioro económico fueron la caída sostenida de la producción y exportación de gas natural, la disminución de ingresos por exportaciones, la creciente escasez de divisas (dólares) y un modelo económico altamente dependiente del gasto público. A esto se sumó el encarecimiento de importaciones, lo que presionó los precios internos, generando inflación. En términos simples, Bolivia comenzó a gastar más de lo que generaba, tanto a nivel fiscal como externo.
Las consecuencias de este desempeño en 2025 fueron claras: una reducción de la actividad económica, pérdida del poder adquisitivo de los hogares y mayor vulnerabilidad externa. El déficit en cuenta corriente reflejó que el país importaba más de lo que exportaba, lo cual profundizó la escasez de dólares. Aunque el desempleo abierto se mantuvo relativamente bajo, esto no refleja completamente la realidad del mercado laboral boliviano, caracterizado por alta informalidad. En términos estructurales, el año 2025 evidenció el agotamiento del modelo económico basado en hidrocarburos y gasto estatal, dejando al país en una posición frágil.
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Para el año 2026, el FMI proyecta un escenario más complejo, con una recesión más profunda de -3,3%, una inflación que aumentaría a 20,7%, y un entorno económico marcado por restricciones más severas. Las causas de este empeoramiento radican en la continuidad de la caída del sector hidrocarburos, la persistente falta de divisas, el ajuste forzado del gasto y el impacto de factores externos adversos (guerra medio oriente). Como consecuencia, se prevé una contracción más fuerte de la economía, menor inversión, caída del consumo y un deterioro general del bienestar económico. En términos sencillos, Bolivia pasaría de una crisis inicial en 2025 a una crisis más profunda en 2026, sin haber corregido sus problemas estructurales.
2. Breve análisis de las proyecciones macroeconómicas 2026
La proyección del decrecimiento económico de -3,3% para 2026 refleja una contracción significativa de la actividad económica. Este resultado está directamente vinculado a la caída en la producción de hidrocarburos, la menor inversión pública y privada, y la restricción externa derivada de la escasez de dólares. A medida que el país enfrenta dificultades para importar insumos (carburantes, otros), maquinaria y bienes intermedios, la producción interna se reduce. La consecuencia directa es una recesión económica, que se traduce en menos empleo, menor ingreso y menor dinamismo empresarial. En términos prácticos, la economía entra en una fase de ajuste forzado.
En cuanto a la inflación proyectada de 20,7%, esta responde a varios factores: el encarecimiento de productos importados (alimentos, combustibles, otros), la presión del tipo de cambio en mercados paralelos, mayor emisión monetaria, caída de la productividad nacional, y los efectos de choques internacionales, especialmente en energía y alimentos. La inflación afecta directamente a la población al reducir el poder adquisitivo, encareciendo el costo de vida.
Paralelamente, el superávit en cuenta corriente de 1,2% del PIB no es un signo de fortaleza, sino el resultado de una fuerte caída (reajuste) de importaciones debido a la crisis. Es lo que se denomina un “superávit por recesión”, donde la economía deja de importar no porque produce más, sino porque no tiene recursos para hacerlo. Es un superávit malo, por recesión, no por competitividad.
Respecto al desempleo proyectado de 4,5%, este aumento es consistente con un entorno recesivo. Sin embargo, en Bolivia este indicador debe interpretarse con cautela, ya que gran parte de la población se refugia en el sector informal (85% de la fuerza laboral). Por ello, más que un aumento visible del desempleo, lo que ocurre es un deterioro de la calidad del empleo, con ingresos más bajos y mayor precariedad laboral.
En conjunto, la evolución económica de Bolivia del 2025 al 2026 muestra un claro proceso de deterioro: mayor recesión, mayor inflación y una economía cada vez más restringida por la falta de divisas.
3.¿Por qué coinciden el FMI y el Banco Mundial en la proyección recesiva para Bolivia?
La coincidencia entre el FMI y el Banco Mundial en proyectar a Bolivia como la economía con mayor decrecimiento en la región para 2026 se explica por la evaluación de fundamentos estructurales similares. Ambos organismos identifican que el país enfrenta un agotamiento de su modelo económico, basado principalmente en la exportación de gas natural y el gasto público como motor de crecimiento. La caída sostenida de la producción de hidrocarburos ha reducido significativamente los ingresos externos, afectando la disponibilidad de divisas y la estabilidad macroeconómica.
Otro factor clave es la crisis de divisas, derivada de la disminución de exportaciones y la reducción de reservas internacionales. Esta situación limita la capacidad del país para sostener importaciones, mantener la estabilidad cambiaria y financiar el déficit fiscal. Además, la existencia de un tipo de cambio fijo en un contexto de escasez de dólares genera distorsiones, como la aparición de mercados paralelos. Ambos organismos también coinciden en señalar el alto déficit fiscal y la falta de reformas estructurales como elementos que agravan el panorama económico.
Finalmente, el contexto internacional también influye en estas proyecciones. El encarecimiento de la energía y los alimentos, así como la incertidumbre global, afectan a economías vulnerables como la boliviana. La coincidencia entre ambos organismos no es casual, sino el resultado de análisis técnicos que convergen en un diagnóstico común: Bolivia enfrenta un ajuste económico inevitable, producto de desequilibrios acumulados durante varios años.
4.¿Cómo evitar o minimizar este escenario negativo para Bolivia en el 2026?
Para evitar que Bolivia continúe en un proceso de recesión con alta inflación, es fundamental implementar un conjunto de medidas estructurales. Nosotros proponemos estas medidas económicas con base en el diagnóstico hecho por el FMI.
En primer lugar, se requiere un ajuste cambiario ordenado, que permita corregir la sobrevaluación del tipo de cambio y reducir la brecha con el mercado paralelo. Esto ayudaría a mejorar la competitividad y a incentivar el ingreso de divisas. Sin embargo, este ajuste debe ser gradual y acompañado de políticas que mitiguen su impacto inflacionario en la población. No es suficiente un tipo de cambio referencial sino una reforma cambiaria con base en políticas estructurales y sostenibles.
En segundo lugar, es imprescindible una disciplina fiscal real, que reduzca el déficit mediante la racionalización del gasto público, especialmente en subsidios ineficientes, y la priorización de inversión productiva. Un primer paso fue la eliminación de la subvención a los carburantes, pero se debe proseguir con un ajuste importante del gasto estatal (empresas deficitarias, masa salarial, otros).
En tercer lugar, se necesita una reforma profunda del sector hidrocarburos, orientada a atraer inversión privada “estratégica” y aumentar la producción. Esto permitiría recuperar exportaciones, fortalecer la balanza externa e impulsar la economía. Esto debe estar acompañado por una modernización de la normativa e institucionalidad energética en el país.
Asimismo, se debe avanzar hacia una mayor flexibilidad en el mercado de divisas, facilitando el acceso a dólares y reduciendo las distorsiones actuales. Un paso importante fue la eliminación del ITF y el posicionamiento del tipo referencial del BCB, sin embargo, también la devolución de ahorros en dólares es clave. A esto, se debe sumar incentivos financieros y exportadores, y un escenario atractivo para que llegue la inversión extranjera al país, vía seguridad económica y jurídica.
Finalmente, Bolivia debe impulsar una estrategia de diversificación productiva, promoviendo sectores como la agroindustria, la minería y la manufactura con valor agregado. Esto permitirá reducir la dependencia del gas y generar nuevas fuentes de ingreso. Estas medidas, si bien pueden ser difíciles políticamente, son necesarias para estabilizar la economía y sentar las bases de un crecimiento sostenible en el mediano plazo.
Conclusión general
Bolivia enfrenta un deterioro económico progresivo, pasando de una recesión en 2025 a una crisis más profunda en 2026, caracterizada por contracción económica, alta inflación y restricciones externas. Este marco es resultado de problemas estructurales no resueltos, principalmente la caída de los hidrocarburos y la escasez de divisas.
No es coincidencia sino realidad que los principales organismos multilaterales pronostiquen que Bolivia entrará en una recesión importante este 2026. Las causas y consecuencias son evidentes, y será una titánica tarea del Gobierno evitar este escenario, en una coyuntura interna frágil y un contexto externo adverso.
Mensaje final
La delicada situación económica actual no es coyuntural, sino estructural. Sin reformas profundas y decisiones oportunas, la crisis puede prolongarse y afectar cada vez más a la población. Actuar ahora es clave para evitar un escenario económico más complejo en el futuro.
