Los científicos coinciden: “Estamos completamente rodeados de información en el aire”


El ADN presente en el aire abre una nueva forma de analizar ecosistemas, pero también plantea dudas sobre privacidad y uso de datos genéticos.

Fuente: https://as.com

El aire que respiramos está mucho más “lleno” de lo que parece. No solo contiene oxígeno, partículas de polvo o contaminación: también transporta ADN. Fragmentos microscópicos de material genético procedentes de animalesplantasmicroorganismos… e incluso de los propios seres humanos.



Investigadores de universidades como la de Washington o Florida llevan años estudiando el llamado ADN ambiental (ADNe), pero en la última década han dado un paso más: analizar el que viaja en la atmósfera. Según explican, cada vez que respiramos, nos movemos o simplemente existimos, liberamos pequeñas partículas cargadas de información genética que pueden permanecer en el aire durante días y recorrer grandes distancias.

Este material procede de múltiples fuentes: piel, cabello, exhalaciones, polen, esporas, bacterias o incluso restos de animales. Todo se mezcla formando una especie de “nube genética” que los científicos ya son capaces de capturar y analizar. El resultado es sorprendente: con una simple muestra de aire pueden reconstruir qué especies habitan en un entorno o cómo evoluciona un ecosistema.

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Una ‘radiografía’ del ecosistema

El potencial de esta técnica es enorme. Los investigadores ya han logrado detectar animales a cientos de metros de distancia —como tigres en zoológicos— o identificar más de mil especies distintas en estudios a gran escala. Incluso han encontrado ADN de organismos invisibles o difíciles de rastrear, como hongos, líquenes o pequeños invertebrados, que suelen pasar desapercibidos en los métodos tradicionales.

Este avance permite, por ejemplo, monitorizar la biodiversidad de un bosque en tiempo real, detectar especies invasoras antes de que se expandan o anticipar enfermedades en cultivos. También podría servir para medir el impacto de proyectos de conservación con datos objetivos, algo que hasta ahora resultaba muy complicado.

Además, el ADN en el aire abre la puerta a reconstruir el pasado. Existen redes de sensores que llevan décadas filtrando aire en distintos puntos del planeta, lo que permitiría analizar muestras antiguas y estudiar cómo han cambiado los ecosistemas con el tiempo.

Un abanico de posibilidades para la ciencia forense

Sin embargo, no todo son ventajas. Esta tecnología también plantea interrogantes importantes. Parte del ADN recogido en el aire es humano, lo que podría permitir identificar a personas o revelar información sensible como su origen o posibles enfermedades.

Algunos científicos ya han advertido del riesgo de que estos sistemas se utilicen sin control. Peter Gillgenetista forense de la Universidad de Oslo, afirma que es posible detectar el ADN de las personas que han visitado un edificio en un plazo de un día o dos, a través de aire.

“Se puede tomar el polvo de la parte superior del umbral de una puerta, un lugar que normalmente no se limpia. Así se obtiene una especie de mini-registro histórico de las personas que han estado allí”, explica.

Este método resulta muy útil para la ciencia forense, sin embargo, algunos expertos temen una reacción adversa a este descubrimiento, que puede desencadenar limitaciones en su forma de trabajar. Por eso, recuerdan, es importante actuar con “cautela”, al igual que ocurre cuando se analizan huellas o superficies que han sido tocadas, se necesitaría una base de datos de ADN humano con la que comparar la muestra de aire recogida; no es procedimiento sencillo.