La verdad es que a los bolivianos – collas y cambas – nada nos gusta más que los desfiles y las elecciones. Desfilar con banda, a veces haciendo paso de parada, y votar en elecciones después de una campaña larga de insultos, es algo que a los bolivianos nos encanta, aunque uno – marchar –, como lo otro – votar –, lo hacemos mal. Cohetes, trago, salteñas, y chiverío, es lo que nos fascina en las fechas patrias y departamentales; las calles desiertas en las mañanas y los churrascos con cerveza dentro de las casas en la tarde, nos alucina en las elecciones. Estar, en tropa, a la espera de que se confirme la victoria o la derrota de uno u otro, es un placer aparte, porque todo, salga bien o mal, es pretexto para el jolgorio. Algo parecido al fútbol boliviano, en que, sabiendo que va a perder nuestro equipo, al final todo acaba con miles de latas de cerveza vacías, llanto y puñetazos.
Estas elecciones generales y las mal llamadas “subnacionales”, nos han llegado al jopo. No sé cuánto habrá durado la juerga, pero, que yo recuerde, hace ya más de un año que los nombres de Doria Medina, Tuto Quiroga, Rodrigo Paz, Andrónico Rodríguez, y otros, nos aturden. Y una vez que han pasado los comicios, resulta que viene el balotaje, la segunda vuelta. Y sucede lo mismo con las “subnacionales”, que, de cajón, llegan al balotaje, es decir que los candidatos se complacen en darnos una yapa de dos meses más, para fregarnos la vida.
No nos damos cuenta, pero todo el país queda paralizado a medias durante las elecciones, porque la gente quiere saber qué va a suceder en el país. Los unos por cuidar sus grandes negocios, otros para proteger sus empresas, otros para medir cuánto traen de contrabando y a cuánto estará el dólar y otros que andan buscando trabajo en las calles para tener para el almuerzo, porque labores permanentes escasean.
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Ante la alternativa de que vuelvan los masistas y que el pesado de Evo Morales aparezca nuevamente en la palestra pública (ahora hablando como si fuera Aristóteles), lo que ha sucedido en Bolivia es alentador y lo que ha pasado en Santa Cruz, es mucho mejor todavía. Rodrigo Paz está colmado de críticas, errores y de problemas, pero seguramente, que, en un tiempo, despertará a la realidad, siempre y cuando no lo tumben huestes alentadas por esa rareza grotesca de apellido Lara. Suponemos que Rodrigo sabrá deshacerse (¡ya debía haberlo hecho!) del masismo incrustado en toda la administración pública y que, vistosamente, se refocilan en las gratas tibiezas que otorga el servicio exterior. Ya sabíamos que el país estaba jodido desde hace 20 años, ahora, a llorar a otra parte. O Paz Pereira se hace oír u oirá muy pronto las demandas multitudinarias para que regrese a Tarija.
Lo que he seguido con mayor interés, aunque aburrido también, (los viejos nos indignamos de ver los mismos disparates de los jóvenes) ha sido lo sucedido en Santa Cruz. Me hizo despertar sobresaltado la memorable tunda que dio “Mamén” Saavedra y que nos alentó los ánimos. Lo más importante del triunfo de “Mamén” es que borró del mapa de un plumazo, hasta el recuerdo que algunos tenían de Johnny Fernández. Lo demás es lo de menos. El peligro siempre fue Fernández. Llegar al poder municipal con semejante votación en el Concejo es suficiente como para que a “Mamén” no le quede pretexto alguno para realizar un excelente gobierno.
Y el triunfo de PJ Velasco el domingo pasado ha sido otra muy buena noticia. La lucha electoral se preveía enconada, pero, finalmente, no fue tanto. Otto Ritter perdió en buena lid y reconoció su derrota. Ahora veremos lo que nos puede dar JP Velasco en una gestión que es muy esperada, porque Santa Cruz es una ciudad que naufraga y ya tiene olor a cadáver. Antes nuestro pueblo olía a melao y también a “humbacá”; ahora es a puchi humano. A puchi estancado en los canales, mezclado con otras especias podridas, que ya han espantado hasta a los pobres pajaritos que buscaban qué picotear por esos lugares que eran su “hábitat”.
JP tiene a una magnífica vicegobernadora, muy admirada por su lealtad y coraje, que es Paola Aguirre, de la que se espera mucho. Y tiene entre sus concejales a otra mujer que es la “ignaciana” María René Álvarez, que no dudamos, sabrá, desde el lugar que le corresponda, hacer mucho por Chiquitos y por el país, que clama por garantías y orden.
Tarija ha pegado un batacazo histórico con el triunfo de la señora Soruco. Ha sido como un fuego artificial por su hermosura y color. Fuera de eso, que es alentador en el sur, veo como fuerza y equilibrio notables los resultados cruceños. JP y “Mamén” juntos provocan algo nuevo. Es posible que, por primera vez, los cruceños podamos pensar en tener a muy corto plazo, líderes – hombres y mujeres – que tengan el perfil suficiente para asumir la dirección del país y dejar atrás ese disparate torcido de que los nacidos en Santa Cruz no podemos ganar democráticamente la silla presidencial.
Manfredo Kempff Suárez
