Bolivia navega entre tres dólares.
Fuente: https://elpais.bo
La economía boliviana atraviesa un momento de creciente incertidumbre marcado por la volatilidad del tipo de cambio del dólar, un fenómeno que evidencia las tensiones estructurales del sistema financiero y la escasez de divisas en el país. Actualmente, coexisten al menos tres cotizaciones distintas de la moneda estadounidense, generando distorsiones en el mercado y afectando tanto a ciudadanos como a empresas.
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El tipo de cambio oficial, fijado por el Banco Central de Bolivia (BCB), se mantiene congelado desde 2011 en Bs 6,96 para la venta y Bs 6,86 para la compra. Sin embargo, este valor es prácticamente inaccesible para la mayoría de la población y el sector privado, lo que ha obligado a buscar alternativas en otros mercados.
En ese contexto, el propio BCB ha implementado un tipo de cambio referencial, que al 29 de abril de 2026 se ubica en Bs 9,74 para la venta y Bs 9,54 para la compra, reflejando un ajuste parcial ante la presión del mercado. Aun así, es el mercado paralelo el que muestra con mayor crudeza la realidad cambiaria: el dólar oscila entre Bs 9,60 y Bs 10,26, dependiendo de la región y del tipo de transacción, ya sea en divisas físicas o digitales como el USDT.
Para el analista económico Fernando Romero, esta situación responde a una combinación de factores económicos, políticos y sociales. “El mercado paralelo es más volátil y especulativo. Está influenciado no solo por la economía, sino también por la coyuntura política y social”, explicó.
Romero señala que el nerviosismo en la población ha aumentado en las últimas semanas, impulsado por conflictos como los bloqueos, marchas y cambios en empresas estratégicas como YPFB, lo que ha incrementado la demanda de dólares como refugio de valor. Este comportamiento ha presionado al alza el tipo de cambio, que incluso ha superado los Bs 10 en algunos momentos.
El economista también advierte que existe una “guerra cambiaria” entre el sector público y privado. Mientras el sistema estatal, representado principalmente por el Banco Unión, intenta sostener el acceso a divisas, los bancos privados compiten por captar los escasos dólares disponibles, elevando los precios en el mercado.
“Tenemos un mercado cambiario desequilibrado, con baja liquidez de divisas. Esto nos está llevando a depender cada vez más de créditos externos que llegan a cuentagotas”, afirmó Romero, quien además no descarta que el Gobierno busque apoyo en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional.
Si bien el analista descarta un escenario de hiperinflación en el corto plazo, advierte que esta presión cambiaria podría traducirse en un incremento sostenido de la inflación, afectando el costo de vida de la población.
