Al borde del colapso


 

 



Tratar de acortar el mandato presidencial, que empezó hace apenas 180 días, más que un absurdo, resulta antidemocrático, dado que los sectores movilizados no presentan una demanda específica y su único objetivo es la renuncia de Rodrigo Paz. A su vez, la orfandad de un partido político que soporte su gobierno y la falta de acción y debilidad de éste, contribuyen a que algunos sectores sean hábilmente manipulados, para pedir el derrocamiento de su gobierno.

Hay gente que pide la renuncia del presidente y apoya el insano propósito de que  Lara asuma la presidencia. A fin de desentrañar esta disparatada solicitud, sería saludable conocer, al menos en parte, los términos del acuerdo que existió para que Rodrigo Paz haya escogido a este frenético ciudadano, como acompañante de fórmula, pues como se estila en una negociación política, se supone que  no fue el producto político de generación espontánea y menos del líder de una tienda política que lo haya promocionado para ocupar ese alto solio vicepresidencial.

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De ser inexacta esta hipótesis,  el vicepresidente debería salir a declarar de “motu proprio”, que nunca se prestaría a esa suerte de planes conspirativos y menos si gran parte de ellos  se originan en corporaciones del crimen organizado, como es el caso del narcotráfico. De no darse esta aclaración, daría pábulo a pensar que sí hubo un acuerdo previo y el incumplimiento de alguna de sus cláusulas implicaría su rompimiento, con las consecuencias que venimos sufriendo los bolivianos.

Esa multifacética eclosión de movimientos sociales, que se dieron cita en sus reclamos antigubernamentales, y que en su totalidad no significan ni el 1% de la gente que votó por Rodrigo Paz, promovieron desmanes a nivel de nuestras carreteras y nuestras ciudades, como los insensibles bloqueos hasta de viandantes, que se cobraron la vida  de una turista  en la carretera al Desaguadero, y/o el lanzamiento de contenedores de basura desde los puentes del centro de La Paz. Asimismo, hubo algunos ribetes de folklorismo, como los relucientes cascos de los falsos mineros que no acusan ni un rasguño, palmariamente diferentes a los “guardatojos” usados por los obreros de interior mina. Ni hablar del atuendo de los “ponchos rojos”, más apropiados para la entrada del Gran Poder que para librar una batalla.

Con la misma pertinacia que denunciamos, desde hace años, las tropelías del Foro   de São Paulo, esa entelequia castrochavista que, mediante el robo y el latrocinio  llevó a la quiebra y a la miseria  a todos los países del continente que gobernó, como: Argentina, Venezuela, Ecuador, Paraguay, Bolivia, etc., ahora trata de evitar su colapso y muerte, con la ayuda de su fundador Lula y del colombiano Petro, para cuyo objeto  han escogido Bolivia, como el teatro de la batalla decisiva, donde se trate de contener el derrumbe, curiosamente, desde las mismas trincheras donde sucumbió el Che Guevara y sus sicarios.

Entretanto, ante la falta de verdaderos combatientes que estén dispuestos a cargar seriamente con la mochila de una guerra, como lo fue el finado Yevgeny Prigozhin, empresario y líder mercenario ruso, que Putin utilizó para su invasión a Ucrania. Erik Prince, fundador de Blackwater, quien ha cambiado el curso de las guerras modernas y es uno de los mercenarios más letales del planeta, acaba de postear en su muro de X, una advertencia, en sentido de que: “grupos armados colombianos ya estarían infiltrados en Bolivia, con el objetivo de reforzar las milicias indígenas de Evo Morales para ejecutar un golpe de Estado total”.

Obviamente, esto ya no sería un conflicto interno, sino una invasión encubierta con mercenarios extranjeros que estarían operando en nuestro territorio. ¿Hasta dónde llega esta red? La pregunta incómoda que nadie quiere hacer: ¿Están Gustavo Petro y Lula al tanto o directamente involucrados en lo que ocurre en Bolivia? Lo cierto es que ambos harán todo lo posible por evitar la caída definitiva del Foro de São Paulo, que está, Al Borde del Colapso.

Álvaro Riveros Tejada