Las amas de casa denuncian incrementos desmedidos y aseguran que dirigentes zonales las obligan a bloquear bajo amenaza de multas y control de asistencia.
Fuente: Red Uno
Milen Saavedra
La escasez y el encarecimiento de los principales productos de la canasta familiar golpean con fuerza a los hogares de la ciudad de El Alto. Debido a los bloqueos de carreteras que aíslan a la región, la carne de res y de pollo prácticamente ha desaparecido de los mercados, obligando a las amas de casa a realizar largas filas en los friales en busca de alternativas como la carne de cerdo, cuyo abastecimiento también comienza a verse comprometido.
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La desesperación es evidente entre las compradoras, quienes aseguran que el dinero ya no alcanza. «No hay carne, gracias a esos bloqueos. Reclamamos que todo está caro, pero ¿por qué está caro? Porque todo está bloqueado señores, dense de cuenta pues distrito 8», protestó indignada una vecina alteña.
Precios por las nubes: El kilo de pulpa llega a los 120 bolivianos
El impacto económico en los bolsillos de las familias es devastador. Según el testimonio de las compradoras, los cortes de carne de res han duplicado su valor en los últimos días debido a la falta de transporte y suministro:
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Kilo de carne de res (cortes comunes): Alcanzó los 80 bolivianos (antes se cotizaba entre 55 y 56 bolivianos).
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Kilo de pulpa: Se disparó hasta los 120 bolivianos (cuando su precio anterior rondaba los 70 bolivianos).
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Carne molida: Llegó a venderse en 80 bolivianos, un incremento drástico frente a los 55 bolivianos habituales.
«La carne se ha incrementado… mi hija compró la molida a 80 bolivianos, y eso que muchos rogando», agregó una de las madres de familia, lamentando que ahora deben racionar las porciones y comprar cantidades mínimas.
Denuncian bloqueos obligatorios y control con «fichas»
Más allá de la crisis alimentaria, las amas de casa expresaron su rechazo al conflicto y lanzaron un desesperado pedido de intervención al Gobierno nacional. Asimismo, destaparon una red de presiones internas, denunciando que los dirigentes de sus zonas las obligan a marchar y a bloquear las rutas en contra de su voluntad.
“Queremos que se levante este bloqueo, queremos que haga algo el Gobierno. Yo no quiero bloquear, yo quiero trabajar. Estamos obligadas, tenemos fichas, nos llaman lista”, develó una compradora, exponiendo el temor a las multas y sanciones económicas que imponen los sindicatos vecinales si no asisten a los puntos de protesta.
Ante este panorama, la población alteña exige una pronta solución que restablezca el libre tránsito en el país, permitiendo el ingreso de alimentos para frenar la especulación y el hambre que ya empieza a pasar factura en las zonas periféricas de la urbe.
