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La solidaridad de algunos vecinos, que donaron víveres secos, se convirtió en un alivio para quienes buscan la manera de alimentarse lejos de sus hogares.
Nelly Avilés, una de las conductoras atrapadas en el punto de bloqueo, relató que los choferes tuvieron que unirse para resistir la difícil situación. Explicó que, con pequeñas cuotas, compran verduras y algo de carne para preparar comida mientras otros se encargan de recolectar leña y armar cocinas improvisadas.
“Entre todos nos ayudamos. No hay otra forma de aguantar tantos días aquí”, contó con preocupación.
A diario, largas filas se forman alrededor de las ollas comunes. Los choferes esperan pacientemente un plato de comida caliente, acompañado de llajua de tomate, que se convirtió en el complemento infaltable para compartir entre compañeros de ruta.
La escena refleja la dura realidad que viven cientos de transportistas varados en distintos puntos de bloqueo del país, donde la necesidad y la solidaridad avanzan juntas para enfrentar el hambre y el cansancio y en algunas zonas el frio.
