El destino de Bolivia


Aprendí amar a Bolivia, primero con los franciscanos, luego con salesianos y finalmente con religiosos oblatos asentados en Bolivia, Potosí, Sucre y Siglo XX, cuando finalmente ingresé a la Católica que instaló el aprendizaje de la Comunicación Social a instancias del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de Cochabamba y de monseñor Genaro Prata el salesiano sin par que movió “cielos y tierra” hasta disponer de los recursos necesarios en la formación de 34 profesionales, aún cuando sólo 14 de ellos concluimos los tres años de ciencias y artes de la comunicación, hasta recibir sendos diplomas de manos de Clemente Maurer, primer Cardenal boliviano en el Teatro del Palacio de la Cultura de la Municipalidad kochala.

Traigo a rememoración este suceso por cuanto “el caudillo cocalero” acaba de referirse de forma despectiva al rol de la Iglesia Católica en la historia de Bolivia y la preservación del Estado de derecho desde la Colonia a la República y el Pluriestado de nuestros días. Las expresiones de Morales ante portavoces de un desvencijado grupillo de periodistas en retiro de Argentina, bien ameritan unas líneas en este portal tan bien recibido en el mundo entero.



Este hombre que nunca aprendió quechua, ni aymara, menos el castellano atenido a su ignorancia llevó a los campesinos al poder en beneficio propio. Estamos ampliamente informados de su desgobierno, de cómo enriqueció a sus allegados al margen de la ley, mediante el despilfarro, la violencia, el abuso del poder, al punto que los ciudadanos lo echaron del poder y si bien huyó primero a México y Argentina, regresó a Bolivia en abierta complicidad con Luis Arce que cumplió la tarea destructiva de Morales y dejó el poder por mandato del pueblo en unas elecciones que resultaron inobjetables, ahora mismo encabeza una “rebelión tormentosa” que ha cobrado ya vidas humanas y que no cesa con su narrativa de ser “número uno” en la mar de bloqueos, paros, desórdenes ante los que será aplastado por la fuerza de la Ley, porque el destino de Bolivia no puede ser otro que la legalidad, la paz en el concierto de un Continente hastiado por la demagogia, el narcotráfico, el crimen organizado.

Desde el Reino de Suecia nos sumamos a los bolivianos patriotas que se aprestan a derrotar a los demagogos que bajo unos mil pretextos, persiguen el poder frente a una Nación digna, soberana, fraterna que no se dejará arrollar por el caos y la ambición.

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