La respuesta a Francesco Vettori


 

 



 

El 20 de diciembre de 1514, Nicolás Maquiavelo le escribía a su amigo —mejor dicho, compadre— Francesco Vettori, magnífico embajador florentino ante el sumo pontífice. En su carta reflexiona sobre la neutralidad o la capacidad de intentar quedar bien con todo el mundo. Maquiavelo escribe: “Y en cuanto a la neutralidad, partido que me parece oír que muchos aprueban, a mí no puede agradarme porque no tengo memoria, ni en las cosas que he vivido ni en las que he leído, de que haya sido nunca bueno; antes ha sido siempre perniciosísimo, porque se pierde con certeza […]”.

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La misiva continúa con un dato que resalta en El príncipe: el gobernante debe “guardarse de ser odiado y despreciado, evitar efectivamente el desprecio y el odio […] y toda vez que un príncipe no evita al menos el desprecio, está liquidado”. Cuando retoma el peligro de la neutralidad, nos dice: “mantenerse neutral entre dos que combaten no es otra cosa que buscarse odio y desprecio, porque siempre habrá uno de ellos al que le parecerá que por los beneficios que has recibido de él, o por la antigua amistad que tenías con él, estás obligado a seguir la fortuna de él, y cuando tú no te le adhieres concibe odio contra ti. El otro te desprecia porque te descubre tímido e irresoluto, y en seguida cobras fama de ser amigo inútil y enemigo no temible, de modo que cualquiera que gane te ofende sin miramiento”. Nuestra historia en el siglo XXI nos muestra que un presidente intentó ser neutral, evitó lo político enalteciendo su imagen como el pacificador, y terminó renunciando más de una vez y dictó el Decreto Supremo N.º 27234, de Amnistía Política, del 31 de octubre de 2003. Posteriormente, las ofensas no solamente vinieron del Gobierno del MAS, sino también de la ciudadanía que decía representar. Tras dos intentos de candidaturas para la presidencia en 2019 y 2020, actualmente es un personaje fuera de la política.

“Tito Livio da esta sentencia en dos palabras en boca de Tito Flaminio, cuando dijo a los aqueos, a quienes Antíoco persuadía de mantenerse neutrales: «Nada hay más ajeno a vuestro interés: sin gracia, sin dignidad, seréis trofeo del vencedor». Además, necesariamente, en el manejarse la guerra entre aquellos dos surgirán infinitas razones de odio contra ti: porque las más de las veces el tercero se halla en situación en que puede de muchos modos desfavorecer o favorecer a uno o a otro. Y siempre en poco tiempo, después que estalla la guerra, te ves llevado al punto en que la declaración que no quisiste hacer abiertamente y con gracia, tienes que hacerla en secreto y sin provecho alguno; y cuando no lo hagas, cualquiera de ellos creerá que la has hecho. […] Cuando dos poderosos luchan entre ellos, si se quiere juzgar quién debe vencer, conviene, además de medir las fuerzas del uno y del otro, ver de cuántos modos puede tocar la victoria al uno y de cuántos al otro”. En el siglo XVI, Maquiavelo nos daba una guía a seguir al momento de ser gobierno y de lo importante de tomar decisiones. No es el único: tanto griegos como romanos tomaron apunte, y el maestro florentino simplemente nos mostró el camino de la historia como maestra de la vida.

La política no da tregua; la lucha por el poder en una democracia suele ir más allá de las urnas: el Parlamento y las calles son una muestra indiscutible. Recordemos que, tras la llegada al Gobierno de Siles Zuazo en 1982 con el Congreso elegido en 1980, el desgaste fue parlamentario y en las calles. Hoy tenemos una Asamblea Legislativa Plurinacional que no da una señal clara sobre las reformas que se van a llevar a cabo y parece tomar un papel secundario, siendo el primer poder (órgano) del Estado, y las calles están tomadas por minorías eficientes que tienen la capacidad de asediar La Paz y El Alto para desabastecer los mercados y hacer imposible la vida de sus habitantes.

La gran mayoría de la población espera señales desde el Ejecutivo para definir la encrucijada de la democracia contra el autoritarismo. Una lucha que se acelera y que corre contra el tiempo. Las marchas y los bloqueos se han convertido en un instrumento de extorsión que hemos aceptado en silencio durante veinte años. ¿Podremos salir del bucle democracia-autoritarismo o tendremos que acostumbrarnos a las marchas y bloqueos cada cierto tiempo?

Jorge Roberto Marquez Meruvia

Politólogo