Tras cuatro años fuera de las plazas internacionales, el país logra financiamiento urgente, pero a un costo mucho más elevado que el de los organismos multilaterales, comprometiendo millonarios pagos futuros.
Fuente: El País
Bolivia volvió a los mercados internacionales de capitales después de cuatro años y logró captar 1.000 millones de dólares mediante la emisión de bonos soberanos. El Gobierno celebró la operación como una señal de recuperación de confianza y una inyección clave de liquidez para la economía nacional. Sin embargo, analistas económicos y sectores críticos advierten que detrás del entusiasmo oficial existe una realidad más compleja, el país continúa enfrentando problemas estructurales y la colocación de deuda podría convertirse en una carga pesada para el futuro.
La emisión de bonos, realizada este mes, se concretó con una tasa de interés cercana al 9,45% y un plazo de cinco años. Según datos oficiales, la demanda de inversionistas internacionales llegó a quintuplicar la oferta, un aspecto que el Ejecutivo interpreta como una mejora en la percepción de riesgo país bajo la administración del presidente Rodrigo Paz.
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Desde el Ministerio de Economía, el titular de esa cartera, José Gabriel Espinoza, calificó la operación como un “hito” que hace algunos meses parecía imposible. El Gobierno sostiene que estos recursos permitirán fortalecer las Reservas Internacionales Netas (RIN), sostener políticas monetarias y financiar áreas estratégicas como salud, educación e infraestructura.
Pero el anuncio llega en una coyuntura marcado por la presión cambiaria y la escalada del dólar paralelo, que en los últimos días superó niveles históricos. Mientras el tipo de cambio oficial continúa congelado en Bs 6,96 para la venta y Bs 6,86 para la compra, en el mercado referencial fijado por el BCB el dólar ya bordea los Bs 10,31, reflejando la tensión que atraviesa la economía boliviana.
El retorno al endeudamiento externo
La colocación de bonos representa el regreso de Bolivia al financiamiento internacional privado, una herramienta que el país había dejado de utilizar en los últimos años debido a las condiciones adversas del mercado y al incremento del riesgo financiero.
Aunque el Ejecutivo considera positiva la operación, especialistas advierten que el costo de esta deuda es elevado. Con tasas cercanas al 10%, el país terminará pagando cientos de millones de dólares en intereses durante el periodo de vencimiento.
El analista económico Fernando Romero considera que la operación refleja, ante todo, la necesidad urgente de liquidez en dólares que enfrenta el Estado boliviano.
“Eso refleja que el Gobierno y el Estado boliviano no tienen una liquidez suficiente en dólares, a pesar de que se intente reflejar lo contrario”, señaló.
Romero explicó que la transferencia neta de deuda externa fue negativa durante el primer trimestre de 2026, lo que significa que salieron más divisas para pagar deuda que las que ingresaron mediante créditos o financiamiento.
El economista también advirtió que las Reservas Internacionales en divisas se encuentran por debajo de los 200 millones de dólares, escenario que obliga al país a buscar recursos externos para sostener obligaciones inmediatas.
¿Alivio económico o negocio?
Uno de los puntos que más debate ha generado es el elevado interés que ofreció Bolivia para atraer compradores.
El Gobierno destaca la alta demanda como una señal de confianza, pero Romero considera que los inversionistas internacionales vieron una oportunidad de rentabilidad más que una apuesta por la economía boliviana.
“Si han tenido alta demanda no es porque crean que Bolivia es el mejor país. Lo que piensan es que la tasa de rentabilidad es alta y que existe una oportunidad de negocio”, afirmó.
Incluso comparó la operación con mecanismos utilizados por fondos de inversión de alto riesgo.
En esa línea, observó que el financiamiento obtenido en mercados internacionales resulta mucho más caro que acudir a organismos multilaterales de cooperación internacional.
El problema de fondo sigue intacto
Más allá de la liquidez inmediata que permitirá enfrentar pagos urgentes y sostener la provisión de carburantes, Romero advierte que la operación no resuelve el problema estructural de la economía boliviana.
El analista sostiene que Bolivia mantiene una economía poco diversificada y con escasa capacidad de generación de dólares, lo que termina obligando constantemente al endeudamiento externo.
Entre las medidas que considera necesarias, mencionó un reajuste fiscal profundo, además de políticas destinadas a fortalecer sectores productivos capaces de generar divisas, como la agroindustria y otras actividades no tradicionales.
También cuestionó la falta de incentivos para que los dólares retornen al sistema financiero formal.
“¿Quién va a querer cambiar sus dólares a 6,96 cuando en el mercado paralelo pagan más de 10 bolivianos?”, cuestionó Romero a tiempo de advertir que los empresarios privados evitan traer sus dólares al país.
Los bonos a corto, mediano y largo plazo
El analista económico Fernando Romero, explica que a corto plazo estos bonos generan liquidez al país, y eso le permite tener un poco menos de presión financiera, ya que al tener dólares podrá importar carburantes y también para el servicio a deuda. “Y espero que también sus recursos se canalicen en parte para construir ese colchón financiero para la devolución de los ahorros”.
Además, refiere que a mediano plazo puede generar un espacio para la devaluación, o la bonificación de tipo cambiario, mientras que a largo plazo, será el nuevo gobierno el que va a tener que devolver mil millones de capital más casi otros mil millones de dólares en intereses.
