El aumento de costos, la escasez de dólares y años de regulación golpean al sector lechero. Una pequeña cabaña familiar redujo su producción de 2.000 a 600 litros diarios y sus propietarios, con más de 60 años en el rubro, luchan por mantener vivo su legado.
Por Ernesto Estremadoiro Flores
Fuente: El Deber
Álvaro Mercado Salas carga un nombre con mucha historia. Es el tercero de su familia en llevarlo y también el heredero de una tradición lechera que resiste desde hace seis décadas. Mucho antes de que él naciera, su abuelo levantó la lechería con apenas un puñado de vacas, madrugadas que parecían interminables y el trabajo compartido, hombro a hombro, con sus peones. Su padre tomó su ejemplo, y con esfuerzo propio entre ordeños, sequías y años de bonanza, siguió el ejemplo y levantó su propia cabaña.
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Hoy él y su padre enfrentan la decisión más difícil: seguir luchando para mantener vivo el legado familiar o ser quienes cierren para siempre una historia de 60 años en el rubro. No lo quieren hacer, pero la crisis económica ha empujado a muchos lecheros, como ellos que resisten, a cerrar sus cabañas. Según datos de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) desde 2013 a la fecha, 228 productores dejaron de ordeñar ante el encarecimiento de sus costos y los bajos niveles de rentabilidad debido a la regulación del precio de la leche que estuvo en vigor por más de una década.
Este control se tradujo en una caída en la producción de entre un 30 y 40%, según los productores consultados por EL DEBER. Y si bien la banda de precios regulada fue levantada, el daño está hecho y los platos rotos hoy los paga la población, porque a menor producción hay menor oferta, suben la demanda y los precios.
La ecuación es simple y si no se incrementa la producción de leche para dentro de cuatro años se tendrá desabastecimiento.
“Estamos quebrados”
Son las cuatro de la tarde y Álvaro Mercado Justiniano empieza a preparar la segunda ordeña del día. Minutos antes recibió una carga de afrecho y alimento balanceado. Mientras revisa los costos en la calculadora de su celular, se toma la cabeza: los precios de los insumos no dejan de subir y los ingresos cada vez alcanzan para comprar menos.
“Ahora todo lo que se produce es para pagar los insumos y alimentos”, dice mientras observa el movimiento lento del ganado. Habla sin dramatismo, pero con el cansancio de quien lleva dos años viendo cómo los números no cierran.
La bolsa de alimento balanceado que antes costaba Bs 100 hoy vale 192, prácticamente el doble. El golpe no vino solo. También subieron los insumos veterinarios, el transporte y los salarios. “Todo ha subido”, resume Mercado Justiniano. Y en la cadena, asegura, el productor es el que menos gana, pero el más señalado cuando el precio de la leche sube en los supermercados y tiendas.
Mientras en los mercados el litro de leche y la carne llegan con precios elevados al consumidor, él vende la leche a poco más de Bs 5,2 por litro, contando bonos. “El intermediario es el que más gana”, reclama. La misma lógica se repite con el ganado: una vaca de descarte se vende a 31 bolivianos el kilo, pero en el mercado supera los 60.
El impacto ya se siente dentro de la propiedad. Hace dos años ordeñaban unas 150 vacas y producían cerca de 2.000 litros diarios para entregar a la industria. Pero ahora apenas mantienen unas 50 y el rendimiento cayó a 600 litros por día. Esto implica una caída abismal de 70% en la producción de leche.
No es que las vacas produzcan menos por naturaleza. Es que alimentarlas como corresponde se volvió demasiado caro. Y al no dar los números, la opción menos dolorosa fue el de achicarse para poder sobrevivir.
Álvaro, el padre, es más duro al analizar la situación del sector que conoce desde niño. Hoy, a sus 61 años, es tajante: “El sector lechero está quebrado”, y añade: “Mientras más producía, más perdía”.
Y agrega que la explicación, está en una combinación de decisiones políticas, costos disparados y años de desgaste acumulado. Considera que el golpe más duro llegó con la banda de precios impuesta por el Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS).
“Ahí es donde nos aniquilaron”, afirma. Durante años, dice, el precio que recibían por cada litro de leche quedó por debajo de los costos reales de producción.
Los números, asegura, reflejan el deterioro del sector: la cascarilla de soya, que antes costaba Bs 700 la tonelada, hoy supera los Bs 1.500. El sorgo pasó de Bs 40 a más de Bs 100. Y, para rematar, los medicamentos veterinarios —casi todos importados— incrementaron hasta un 200% debido a la escasez de dólares que atraviesa el país.
Y cuando ya no alcanzaba para pagar salarios, o comprar alimento, llegó la decisión más dolorosa: sacrificar el propio patrimonio familiar. Álvaro tuvo que vender vacas productoras, desprenderse de vaquillas y hasta mandar animales al matadero para conseguir liquidez y sostener el negocio unos meses más.
“Las hemos matado”, dice con crudeza, refiriéndose al hato ganadero. “Hemos tenido que vender animales para pagar planillas, para cubrir gastos. No había utilidad”.
En el campo, vender una vaca no es solo vender un activo. Es desprenderse de años de trabajo. Porque una ternera tarda cerca de tres años en convertirse en una vaca productora de leche. Alimentarla, cuidarla y llevarla hasta el primer parto puede costar hasta Bs 14.000. Recuperar ese tiempo perdido no se hace de un día para otro.
Proyecto estatal
En este contexto, el nuevo Gobierno presentó el programa “Mi Bolivia Lechera”, una nueva estrategia estatal que busca reactivar al sector lácteo, incrementar el consumo per cápita y reducir los costos de producción que hoy mantienen en crisis a miles de productores del país.
El director ejecutivo de Pro Bolivia, Jorge Mauricio Hurtado, explica que el fondo tendrá una vigencia de 10 años y apunta a elevar el consumo de leche de los actuales 69 litros per cápita hasta cerca de 100 litros.
“Desde que asumimos la administración en Pro Bolivia hemos venido trabajando para apoyar al sector lechero, que actualmente se encuentra en una crisis”, afirmó Hurtado durante una entrevista en el programa Dinero.
La propuesta plantea intervenir toda la cadena productiva: desde la alimentación del ganado, el transporte y los centros de acopio, hasta el procesamiento industrial y la comercialización final.
Según Hurtado, el objetivo no es solo aumentar la producción, sino garantizar calidad e inocuidad en todo el proceso. “Una vaca mejor alimentada genera más litros de leche”, señala.
El ejecutivo reconoció que el sector enfrenta fuertes problemas por el incremento de costos, agravados por la escasez de dólares y el encarecimiento de insumos y fletes. Incluso indicó que el costo de producción varía entre Bs 6 y Bs 7 por litro, dependiendo de la región y del acceso a alimentos para el ganado.
En ese contexto, asegura que una de las primeras medidas impulsadas por la nueva gestión fue eliminar la banda de precios que durante años reguló al sector. “Era una camisa de fuerza para los productores”, sostiene.
El nuevo fondo será financiado con recursos remanentes del antiguo Fondo Pro Leche, que dejó cerca de Bs 79 millones disponibles, además de un nuevo aporte aplicado a bebidas alcohólicas importadas.
Según Pro Bolivia, esos recursos permitirán ejecutar proyectos “autosustentables” para que continúen funcionando incluso después de concluida la vigencia de la ley.
Álvaro, el hijo, vuelve a revisar el ganado que aún queda. Son menos vacas, menos litros y menos certezas, pero persiste la voluntad de resistir. Tal vez por eso y adaptando la célebre frase final de la novela ‘Cien años de soledad’, los productores que durante años trabajaron a pérdida todavía esperan que esta vez sí exista una segunda oportunidad sobre la tierra.
PARA SABER
Salida de productores
En Santa Cruz, uno de cada cuatro productores abandonó la actividad, mientras que el número de vacas en ordeño se desplomó de 35.000 a 22.000
Producción
En 2013, la producción formal en Santa Cruz alcanzaba los 257.000 litros diarios y llegó a un pico de 320.000 litros por día; hoy cayó a apenas 225.000 litros.
Cochabamba
En Cochabamba, el expresidente de la Federación de Productores Lecheros, Juan Carlos Alegre, advirtió que la crisis ha provocado una fuerte reducción en el número de productores. Según explicó, el sector ya perdió alrededor de 2.000 lecheros y actualmente quedan menos de 3.000, debido a que la actividad dejó de ser sostenible.
Fuente: El Deber

