Ya está de buen tamaño…


Ya está de buen tamaño que los jefecitos sindicales estén paralizando el país cuando les plazca. En una nación como la nuestra, descalabrada después del huracán azul que acabó con todo y que duró 20 años, no se puede exigir que, en seis meses, abunden los hidrocarburos, queden en perfecto estado las carreteras, se satisfagan las imperiosas necesidades de hospitales y escuelas, y que, además, se incremente el 20% en los salarios.

Sabemos que lo anterior y otras exigencias son imposibles de cumplir en tan corto plazo y eso lo saben de memoria los jefes de la COB y de sus subsidiarias. ¿Cuál es el motivo de que Bolivia esté paralizada desde hace días? ¿Si se sabe que las exigencias son imposibles de cumplir ahora? Simplemente, desacreditar al gobierno de Rodrigo Paz y buscar su caída. Aunque la gente no lo pueda creer, esa es la intención de los Argollo y compañía, donde está muy clara la presencia de Evo Morales y los intereses de las seis federaciones de cocaleros.



Suponíamos que habíamos salido de años de bloqueos, marchas y vigilias, que le habían costado tan caro al país. Creíamos que nos liberábamos de la barbarie blanca de la cocaína. El propio presidente Paz afirmó que se prohibirían los bloqueos, lo que constitucionalmente es correcto. Pero, no fue así. De inmediato aparecieron los jenízaros obedientes de los caciques con las más beneficiosas medidas que han aprendido en su vida: ganar unos billetes bloqueando.

Ya no vamos a mencionar los perjuicios que provocan estos sujetos a lo largo y ancho de la nación. Los males son infinitos. Nos llevan a la cola de los países sudamericanos. Ahora lo que corresponde es decidir como detener el descalabro. Cómo parar a los revoltosos que se instalan en las carreteras trancando el comercio y a la sufrida gente que utiliza los caminos para viajar.

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Si Bolivia es ahora un caos y, sin embargo, tenemos la obligación de salvar a este gobierno, no queda más remedio de que el Capitán General de las Fuerzas Armadas, Rodrigo Paz Pereira, que ha realizado todos los esfuerzos por satisfacer a los insurrectos, ordene que algunos regimientos del Ejército se movilicen al Altiplano y principalmente al Chapare, para que despejen el territorio y regrese la normalidad. Ya sabemos que la Policía, con gases y laques, tiene que luchar en las trincheras sublevadas en inferioridad de condiciones ante quienes tienen armas.

Dirán que es fácil pedir, desde un escritorio, que las Fuerzas Armadas salgan a los caminos, pero es que no pueden quedarse encerradas en sus cuarteles mientras el país está tomado por milicias y la Policía no tiene la capacidad de poner orden. Es evidente que los civiles no van a tomar sus armas de caza o palos para ir a enfrentar a los subversivos, porque estarían faltando a la ley, y porque no les corresponde. Dejar que la población se vea forzada a romper por su cuenta los muros de piedras y troncos en las rutas es abrir paso a un odio mortal entre compatriotas. Yo no puedo salir con un revolver a pegar tiros a los bloqueadores, porque me tomarían por un loco. Pero ese es el camino que los gobernantes están dejando abierto con su timidez y desidia.

La Constitución Política del Estado es clara cuando afirma que las Fuerzas Armadas tienen como misión conservar la independencia nacional y la estabilidad del gobierno legalmente constituido. ¿Está en este momento garantizada la seguridad del gobierno? Desde luego que no. Ahora los insurrectos piden, directamente, la renuncia del presidente. De un mandatario que lleva seis meses en el poder y que ya lo quieren echar asfixiando al país. Eso no es por la gasolina, ni por el Diesel, ni por las malas carreteras, sino porque existe un plan perfectamente establecido para devolverle el mando de la república al MAS. No existe otra explicación.

Las Fuerzas Armadas de Bolivia deben cumplir con su misión de poner orden garantizando la estabilidad del presidente legalmente elegido, y defendiendo la seguridad nacional, antes que sean otros ejércitos los que nos invadan para acabar con la coca destinada a la droga y con los narcotraficantes que no cesan de contrabandear cocaína a todos los vecinos.