Del dominio de la izquierda al ascenso de la derecha en América del Sur


Mario Malpartida

 

Con la victoria de Abelardo De la Espriella, candidato de la ultraderecha política, en las elecciones de Colombia, se cierra un período de 60 años de expansión comunista y socialista en América del Sur. La historia comenzó cuando Fidel Castro, en diciembre de 1961, se proclamó abiertamente marxista. Nacionalizó las principales industrias, expropió los latifundios y repartió la propiedad de la tierra entre los campesinos. Su liderazgo se convirtió en símbolo de la lucha antiimperialista en América Latina; desde entonces se expandieron los izquierdismos, que solo los académicos pueden identificar con precisión sus contenidos teóricos: comunismo, marxismo, socialismo, neosocialismo, indigenismo, populismo, y otras modalidades influenciadas por ideologías foráneas, adaptadas con interés electoral, para ganar elecciones, derrocar gobiernos de derecha, y encumbrarse en el poder por varios períodos.

Aparecieron los marxistas, maoistas, troskistas, castro-comunistas, leninistas, guevaristas, filocomunistas, indigenistas, y otras etiquetas progresistas, hasta que llegó Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. Con su propia interpretación del naciente Socialismo del Siglo XXI, expandió el «bolivarianismo», aplicado por gobiernos izquierdistas, asociados en ejes institucionales como son el Foro de São Paulo, o el Grupo de Puebla, en México.



Un laberinto conceptual que incluye diversas corrientes, cada una con su propio perfil ideológico; todas unidas contra el enemigo común: el imperialismo.

El kirchnerismo, un movimiento político de centroizquierda, desde que Néstor Kirchner subió a la presidencia en Argentina (2003-2007); la sucesión de Cristina Kirchner (2007 a 2015). Los esposos ocuparon la presidencia durante 12 años.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Luiz Ignácio Lula da Silva que gobernó el Brasil durante dos mandatos consecutivos, entre 2003 a 2010, y luego volvió desde enero de 2023. Un personaje carismático que, en los hechos -al haber sido extraído Nicolás Maduro- resulta ser el solitario líder izquierdista que impulsa la herencia ideológica de Fidel Castro y Hugo Chávez.

En Paraguay, Nicanor Duarte (2003-2008), con su discurso progresista y anti libre comercio. En Bolivia, el indigenista y dirigente cocalero Evo Morales (2006-2019); encabezó un gobierno que aplicó a rajatabla las enseñanzas de Castro y Chávez. Fue el más inquisidor y odiador de la clase burguesa boliviana. Rompió relaciones con EE.UU. y se acercó al comunismo capitalista privado de China.

De esa manera, a partir de inicios del nuevo siglo, se vino la oleada de gobiernos socialistas. Rafael Correa, en Ecuador; durante sus mandatos presidenciales (2007-2017), se identificó como un socialista democrático, su proyecto político se basó en el «Socialismo del Siglo XXI».

Ollanta Humala (2006), Enalteció la «raza cobriza» como la población originaria y legítima para gobernar el Perú, y por tanto, el poder debía ser devuelto a la población indígena y mestiza.

En Chile, Michel Bachelet, ideología de centroizquierda progresista; durante sus dos gobiernos consecutivos, entre 2006 a 2014, su administración se orientó al socialismo democrático.

Fernando Lugo, primer presidente de izquierda en la historia de Paraguay (2008-2012), se enfocó en la reforma social, le llamaban el «obispo de los pobres»

A lo largo de esas dos décadas (2003 al 2023), la hermandad comunista-socialista hizo y deshizo el destino de Latinoamérica. En todos aquellos gobernantes la característica común fue el populismo; ese discurso que divide a la sociedad en dos grupos antagónicos: el pueblo, contra la oligarquía «corrupta y vendepatria».

Bajo esta visión neoliberal, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una advertencia directa al afirmar que el socialismo debe ser erradicado del continente americano, señalándolo como responsable del colapso económico, y la represión en varios países de la región. Dejó en claro que EE.UU. no permitirá que este modelo siga expandiéndose en América Latina. Sin embargo, esa expansión ya está detenida, la regresión histórica comenzó con el actual presidente de Argentina, Javier Milei, que asumió el cargo en diciembre de 2023, constituyéndose en el faro ideológico de la extrema derecha. Meses antes fue Santiago Peña, en Paraguay, desde agosto de 2023. Rechazó al socialismo y al populismo, apoyó al libre mercado y la atracción de inversión externa.

Daniel Noboa en Ecuador, reelegido en mayo, 2025. Defensor del liberalismo económico, promueve la inversión extranjera, y la apertura comercial. Rodrigo Paz, en Bolivia, (noviembre, 2025). Promueve el libre mercado, la inversión extranjera; la generación de riqueza y las alianzas comerciales internacionales, antes que debates ideológicos polarizantes.

En Chile, el Presidente José Antonio Kast, asumió el cargo en marzo de 2026. Se define como parte de una «derecha profunda» y conservadora: en otros términos, la derecha radical global.

Keiko Fujimori, que ganó las elecciones en Perú, y será posesionada el 28 de Julio, 2026. Su modelo económico capitalista promoverá la inversión privada extranjera y nacional, la reducción de la intervención del Estado en la actividad empresarial.

Y como se tiene dicho el anticomunista de la derecha radical en Colombia, Abelardo De la Espriella, defensor del libre mercado, la propiedad privada, el orden institucional.

 «El escudo de las Américas» que conforman 12 países, como contrapeso geopolítico, sobre todo como coalición militar y política para combatir el narcotráfico, el crimen organizado transnacional. y la migración ilegal. Se está transformando radicalmente el mapa político en América del Sur.

Mario Malpartida / Periodista