¿Fue el momento correcto? Economistas discrepan sobre el cambio flexible del dólar


Algunos de los expertos observan el cambio flexible como un ajuste necesario para reconocer una realidad económica que ya existía, otros advierte que hacerlo sin resolver los desequilibrios de fondo puede trasladar las presiones hacia otros sectores de la economía.

Fuente: El Deber



La decisión de Bolivia de abandonar el tipo de cambio fijo del dólar y avanzar hacia un régimen flexible abrió un debate entre economistas sobre si la medida llegó en el momento adecuado. Mientras algunos consideran que era un ajuste necesario para corregir una distorsión que ya existía en la economía, otros advierten que llega en un escenario todavía frágil por la escasez de divisas, el déficit fiscal y la falta de condiciones para sostener un nuevo esquema cambiario.

Para el economista Darío Monasterio, el cambio representa una señal importante de un nuevo rumbo económico y responde a una situación que, en la práctica, ya había dejado atrás el dólar oficial de 6,96 bolivianos.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

“Yo lo considero un signo muy importante y muy fuerte de un nuevo rumbo que toma la economía boliviana, después de muchísimo tiempo con un tipo de cambio fijo, que después derivó en obviamente un mercado negro del dólar, un dólar paralelo, que generaba muchísimas incertidumbres, generaba muchísima especulación y obviamente que no generaba incentivos para inversión extranjera, para financiamiento externo, incluso para exportaciones”, afirmó Monasterio en el programa “Qué Semana”, de EL DEBER

Sin embargo, Monasterio señaló que existen factores que generan dudas sobre la oportunidad de la medida. Explicó que el contexto actual tiene elementos favorables y desfavorables para implementar un cambio de esta magnitud. Entre los aspectos negativos mencionó un escenario reciente de dificultades económicas y sociales, además de un nivel de reservas que todavía no sería el esperado. Las Reservas Internacionales Netas (RIN), descendieron de 15.122 millones de dólares en 2014 a 3.713 millones de dólares en 2025.

Pese a esas observaciones, el economista consideró que el paso era necesario para recuperar confianza y ordenar los desequilibrios acumulados. Monasterio sostuvo que el problema central era mantener una cotización oficial que ya no reflejaba las condiciones reales del mercado.

“Necesitamos unificar precios, aunque sea una medida que a algunos sectores les pueda afectar y a otros les pueda beneficiar, pero al final de cuentas va a ser el sinceramiento de la oferta y la demanda lo que va a generar una certidumbre tanto para los inversionistas como para los que consumen bienes”, apuntó Monasterios.

Desde otra perspectiva, el economista Germán Molina cuestionó la forma y el momento en que se aplicó la medida. Según su análisis, un régimen flexible requiere condiciones macroeconómicas que Bolivia todavía no tiene resueltas.

Molina observó que el cambio ocurre con un escenario de bajo flujo de divisas, reservas limitadas y un déficit fiscal elevado. En la reformulación del PGE 2026, el Gobierno proyectó un déficit fiscal de 9% para la gestión 2026.

“No es sostenible un régimen cambiario flexible con elevado déficit fiscal y significa una devaluación de 43,10% de nuestra moneda el boliviano”, afirmó.

El economista también planteó cuestionamientos institucionales sobre la aprobación del nuevo esquema y señaló que una decisión de esta magnitud requería un análisis más amplio por sus efectos económicos y sociales. Molina observó que la medida se aprobará a nivel de un ministerio y no por el presidente y su gabinete.

En tanto, el economista Fernando Romero consideró que la flexibilización cambiaria responde a un agotamiento del esquema anterior, pero advirtió que sus resultados dependerán de otras medidas económicas.

Explicó que el tipo de cambio fijo perdió sostenibilidad por la reducción de reservas internacionales, la caída de ingresos externos y el aumento de la demanda de dólares; no obstante, enfatizó que el nuevo régimen puede reducir distorsiones, pero no resolver por sí solo la falta de divisas.

“Actualmente, Bolivia enfrenta una combinación de factores estructurales: RIN inferiores a 4.000 millones de dólares, de las cuales alrededor de 700 millones de dólares corresponden a divisas líquidas; menor producción y exportación de gas natural; déficit fiscal elevado; caída de la inversión extranjera y mayores expectativas de dolarización. El régimen flexible puede administrar mejor esta realidad, pero no elimina por sí mismo la falta de dólares”, señaló.

Por su parte el economista Carlos Aranda coincidió en que el cambio corrige una distorsión acumulada, aunque alertó sobre los riesgos que puede enfrentar el sistema financiero si no se corrigen otros desequilibrios.

“El tipo de cambio no es la enfermedad, es el síntoma. Su valor a largo plazo lo determina el equilibrio macroeconómico: un déficit fiscal bajo control que no presione la expansión del dinero en la economía y permita una reconstrucción de las reservas internacionales que saneen el balance del Banco Central de Bolivia (BCB), sumado a la eliminación de las distorsiones acumuladas en el sistema financiero. Mover el precio del dólar sin atacar las causas de fondo solo traslada la tensión de un lado a otro”, expresó.

El BCB estableció el tipo de cambio flexible entre en vigencia a partir del lunes 29 de junio, con una cotización de 9,73 bolivianos. El BCB publicará en su página web el Tipo de Cambio cada día hábil a las 20:00.