La receta amarga


 

Por: Monica Briançon Messinger



 

Paz y sus ministros tienen una nueva receta para mejorar la economía de Plurilandia. El chef principal es el ministro José Gabriel Espinoza. Uno de los ingredientes es el nuevo régimen cambiario, que rige desde el 29 de junio y que, según el chef, busca normalizar la economía, no complicarle la vida a la gente.

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Se vienen más ingredientes de tinte económico. El objetivo es reparar la pésima gestión económica del Fugado Morales y sus secuaces.

Aunque Plurilandia no cayó en default (cesación de pagos) de su deuda soberana enfrentó una profunda iliquidez, escasez de dólares y alertas de riesgo. El déficit fiscal alcanzó, en 2024, el 8,7% del PIB, con una aguda falta de reservas internacionales que obligó al gobierno a gestionar financiamientos de emergencia para evitar el impago internacional.

Para el cierre de 2024, la deuda pública global escaló hasta representar el 83,22% del PIB nacional.

Luego la economía se fue al traste, hasta llegar a los resultados del primer semestre de 2026: una mayoría empobrecida y una minoría enriquecida a costa de mal manejar la economía.

Por lo menos Tilín está tras las rejas. Falta el principal. Y no sólo deberá ir a la cárcel por el delito de estupro, que se le acusa, sino por los gigantescos daños económicos efectuados en 20 años de terror financiero, con un cepo cambiario maligno y un entreguismo a otros países. El Fugado se prestó de China, se le debe $us 1.068,4 millones y a Francia se debe $us 680,1 millones.

También hay la deuda con el Banco Interamericano de Desarrollo, $us 4.394,8 millones; con la Corporación Andina de Fomento, $us 3.330,4 millones y con el Banco Mundial, $us 1.719,3 millones.

Por supuesto, estos pillos dijeron que los préstamos eran para infraestructura básica, agua, saneamiento, caminos y hospitales. Algo creíble para que los organismos multilaterales presten platita a Plurilandia. Pero bien sabemos que el despilfarro fue la moneda común de estos abyectos personajes y no se usó el dinero en lo que dijeron que iban a usar.

El modelo estatal del MAS creó decenas de ineficientes empresas estatales; por lo menos 15 se encuentran en quiebra técnica con pérdidas que superan los Bs 2.655 millones.

Hay por lo menos 32 megaobras impulsadas durante el periodo de bonanza y continuadas en la gestión de Arce. Son elefantes blancos y en su mayoría están paralizadas o con uso limitado. Representan un gasto acumulado de más de Bs 18.000 millones. Ahí está el adefesio Museo de Orinoca, el fallido tren bioceánico, múltiples aeropuertos departamentales sobredimensionados, o la deuda de Arce, por más de $us 600 millones, por combustible.

Puro agujeros económicos. Y miles de azulinos metidos como gorgojos en las empresas públicas, carcomiendo, a punta de sueldos estatales, lo poco que queda.

De ahí que la receta que tienen entre manos los nuevos gobernantes, busca pagar esa deuda.

El tipo cambiario flexible del dólar es parte de la receta. Los préstamos internacionales son la otra parte (si tú querido lector me dices entreguista y seguidora de los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, adelante, hazlo, no olvides que el otro régimen fue más entreguista).

Y se deberá agregar a la receta: captura a quienes dañaron al país, disminución del gordo aparato estatal, promulgar una nueva ley de hidrocarburos, asegurar la inversión extranjera, colocar candados a la Constitución, mediante una reforma parcial, para que ningún gobernante pueda echar mano de los fondos que llegan al país y dejar de creer que el Estado es un buen empresario.

La receta, no será de cocción rápida ni vendrá en sobrecito instantáneo. Tocará tragarse varios ingredientes amargos: disciplina fiscal, menos Estado metido donde no sabe producir, más inversión, reglas que se respeten y una Justicia que, por una vez, haga que quienes vaciaron las ollas nacionales paguen la cuenta. Porque ninguna economía sana mientras los responsables del desastre pasean como si hubieran dejado un jardín florecido y no un basural financiero.

Tal vez dentro de algunos años descubramos que el ingrediente más difícil no era el nuevo tipo de cambio ni los préstamos internacionales, sino abandonar la peligrosa costumbre de aplaudir a los cocineros que se comían la despensa mientras prometían banquetes para todos. Plurilandia todavía puede recuperar el apetito. Pero esta vez convendría revisar quién entra a la cocina antes de volver a entregarles las llaves de la alacena.

Corregir veinte años de despilfarro tiene un precio.

 

La autora es periodista