¿Qué régimen de verdad hace imaginable el tipo de cambio flexible como única salida?


Fernando Untoja

 

La reciente decisión gubernamental de avanzar hacia un régimen de tipo de cambio flexible ha sido presentada por numerosos economistas, analistas y organismos especializados como una necesidad técnica. Se habla de sinceramiento, corrección de distorsiones, convergencia hacia el precio real del dólar y adaptación inevitable a las condiciones del mercado. Sin embargo, la discusión no debería reducirse únicamente a la conveniencia económica de la medida. La cuestión más profunda consiste en preguntarse qué régimen de verdad hace imaginable el tipo de cambio flexible como única salida posible.

Michel Foucault enseñó que toda sociedad produce determinados regímenes de verdad, es decir, mecanismos mediante los cuales ciertos discursos adquieren la capacidad de presentarse como verdaderos, racionales e indiscutibles. En el debate cambiario boliviano, expresiones como «precio real del dólar», «sinceramiento» o «ajuste necesario» no constituyen únicamente descripciones técnicas; son discursos que producen una determinada verdad económica. El mercado aparece entonces como una instancia superior capaz de revelar el valor verdadero de la moneda, mientras que toda intervención estatal es presentada como distorsión o artificio.



Sin embargo, Pierre Bourdieu mostró que la autoridad de los expertos no descansa únicamente en el conocimiento técnico, sino también en el poder simbólico que la sociedad les reconoce. Economistas, consultores y analistas financieros poseen la capacidad de nombrar la realidad. Cuando afirman que existe atraso cambiario o que el ajuste es inevitable, sus palabras producen efectos concretos sobre las expectativas, los precios, las decisiones empresariales y el comportamiento de la población. La economía deja así de ser un espacio de deliberación política para convertirse en un terreno reservado a especialistas que monopolizan el lenguaje legítimo de la crisis.

A su vez, Karl Polanyi demostró que los mercados no son fenómenos naturales sino construcciones institucionales e históricas. El mercado cambiario tampoco existe al margen del Estado, de las regulaciones, de las reservas internacionales o de las políticas monetarias. Incluso las economías más liberales intervienen permanentemente en sus sistemas financieros. La idea de que el mercado simplemente descubre el verdadero precio del dólar constituye, en gran medida, una ficción teórica que oculta las instituciones que hacen posible ese mercado.

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En el caso boliviano, la discusión adquiere una dimensión política e histórica particular. El Estado Plurinacional no solo reorganizó las instituciones, sino que también construyó una determinada racionalidad económica basada en la centralidad del Estado, la estabilidad cambiaria, la redistribución y la soberanía económica. Durante años, el tipo de cambio fijo se convirtió en uno de los pilares simbólicos de ese modelo. La estabilidad del dólar no representaba únicamente una política monetaria, sino también la expresión de un proyecto político.

Precisamente por ello, cualquier gobierno que no se encuentre plenamente alineado con la orientación ideológica del Estado Plurinacional enfrenta una importante limitación estructural. Las instituciones, la Constitución, las organizaciones corporativas y los imaginarios políticos heredados actúan como una verdadera camisa de fuerza que dificulta la adopción de nuevos cursos económicos. El gobierno puede administrar la crisis, pero encuentra serias dificultades para modificar los fundamentos institucionales del modelo sin abrir simultáneamente un conflicto político de gran magnitud.

De este modo, la flexibilización cambiaria no constituye solamente una medida económica. Representa también una fisura dentro del propio régimen de verdad construido durante las últimas décadas. El Estado que durante años sostuvo la estabilidad del tipo de cambio termina reconociendo las presiones del mercado como mecanismo de ajuste. El problema entonces deja de ser exclusivamente monetario y se convierte en una cuestión de legitimidad política.

La pregunta fundamental ya no consiste en saber si el dólar debe valer más o menos, ni si el mercado tiene razón frente al Estado. La verdadera pregunta es qué régimen de verdad económica permite que el tipo de cambio flexible aparezca como la única alternativa posible y qué consecuencias políticas tiene esta transformación para un Estado Plurinacional cuyos fundamentos institucionales continúan condicionando las decisiones de cualquier gobierno. En ese sentido, detrás de la discusión sobre el dólar se encuentra una disputa mucho más profunda: la definición legítima de la realidad económica y el futuro mismo del orden político construido en Bolivia durante las últimas dos décadas.

Fernando Untoja