Cartas y apuntes


 

 



Al final de la Segunda Guerra Mundial, Dietrich Bonhoeffer, quien formo parte de la resistencia al régimen de Adolf Hitler paso sus últimos años de vida en diferentes campos de concentración, tiempo en el cual, y desde su encierro escribió una de sus emblemáticas obras, cartas y apuntes, en esta imprimió reflexiones interesantes como por ejemplo acerca del comportamiento del hombre y del poder y en donde además sostuvo que la raíz de las crisis políticas y sociales, es la estupidez humana, dejando sentado que inclusive es más peligrosa que la maldad.

Bonhoeffer, no se refería a la ausencia de inteligencia o a la ignorancia académica. Si no a la renuncia deliberada de ser sujetos críticos y reflexivos, afirmo que, este es uno de los mayores riesgos en los que incurren las personas, es decir, cuando de manera intencional facilitan sus capacidades de juicio o de razonamiento a un partido, a un líder o a una ideología, dejando desde ese momento de pensar por sí mismos y repetir lo que otros quieren que se diga, se piense o se haga.

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Este escenario lamentablemente es recurrente en donde la polarización social y política es muy evidente. Latinoamérica inclusive Bolivia han sopesado crisis sociales que en algunos casos terminaron con la dimisión de sus gobernantes. Bolivia en los últimos años ha atravesado situaciones de desgaste institucional y de confrontación política a raíz de desacertadas decisiones desde los altos cargos públicos del Estado.

Decantando como se ha estado viviendo en estos últimos meses, en la escasez de divisas, de combustible, crisis en la economía, judicialización de la política, instrumentalización de la justicia, polarización de sectores de la sociedad, lo que ha estado generando permanentes tensiones sociales. Sin embargo, lo más llamativo no es el conflicto en sí, sino, la forma en que diferentes sectores de la sociedad encaran y resuelven estos problemas.

Si bien Bonhoeffer sostuvo que la maldad tiene su forma de acción, que contra esta se puede resistir, luchar. También señalo, que contra la estupidez no es posible un contra argumento o defensa, ya que la persona estúpida no es alguien que carece de inteligencia, sino que se trata de un sujeto que ha renunciado a usar su juicio propio, que ha entregado su propia capacidad a un líder, a un grupo, a una consigna o a una ideología.

Es así que, los debates públicos, las discusiones en diferentes escenarios se ha convertido en espacios donde predominan más las consignas, los insultos y el fanatismo. No interesa comprender la esencia de los problemas, menos las verdaderas soluciones.

Se amplifican y repiten discursos políticos como si fueran verdades absolutas, convirtiendo al adversario circunstancial en un acérrimo enemigo, desplazando de este modo, la discusión racional por la absoluta obediencia emocional. Y es en estas circunstancias cuando el discurso de Bonhoeffer adquiere relevancia.

Bonhoeffer, durante el ascenso al poder y su consolidación del nazismo observo que quienes apoyaban este régimen no fueron precisamente sujetos con un prontuario criminal, sino, decía el, que el caudal de militantes eran personas comunes, trabajadores, profesionales, quienes, según su opinión, habían dejado de pensar críticamente toda vez que sentían ser parte de un grupo, o ente superior que les proporcionaba seguridad, pertenencia e identidad.

Esta realidad de irreflexión crítica colectiva con niveles extremos de polarización en donde al margen de defender intereses, liderazgos banales, personas que han sido inclusive objetos de denuncias de corrupción, abusos, injusticias, arbitrariedades, se continúa acarreando problemas estructurales, como el debilitamiento de las instituciones, de la democracia y el Estado de derecho, que hoy en día es frecuente en diferentes contextos de Latinoamérica, inclusive en Bolivia.

Este escenario de irreflexión crítica cargadas de narrativas o de consignas autoritarias, en donde, las discusiones o debates giran en torno a posiciones radicales, de izquierda contra derecha, de oficialismo contra oposición, de indígenas contra k´jaras, de patriotas contra vende patrias, conduce absolutamente al deterioro del diálogo democrático, a la irresolución de soluciones prácticas, inclusive al desconocimiento de autoridades electas democráticamente, ahondando aún más las fisuras de una sociedad diversa y compleja.

 

Marcelo Américo Céspedes Cuéllar

Abogado – Politólogo