Cisjordania ocupada: «La comunidad internacional debe obligar a Israel» a poner fin a la violencia de los colonos


La Cisjordania ocupada sigue enfrentándose a una ola de violencia desatada por colonos israelíes. El viernes 24 de julio, varias decenas de ellos, armados, irrumpieron en Tell, una aldea del norte. Se produjo un enfrentamiento en el que murieron cuatro palestinos y dos israelíes. Desde entonces, el ejército israelí ha bloqueado las localidades del norte de Cisjordania y se han multiplicado los ataques de colonos contra comunidades palestinas.

Un hombre examina los daños en una mezquita incendiada, según los palestinos, por colonos israelíes en Qusra, cerca de Nablus, en Cisjordania ocupada, el 26 de julio de 2026.
Un hombre examina los daños en una mezquita incendiada, según los palestinos, por colonos israelíes en Qusra, cerca de Nablus, en Cisjordania ocupada, el 26 de julio de 2026. REUTERS – MOHAMMAD TOROKMAN

Con información de Guilhem Delteil y Aabla Jounaïdi

Comunidades atacadas e intimidadas, árboles frutales arrancados, ganado envenenado, coches blanco de disparos en la carretera… En la Cisjordania ocupada, los ataques de colonos contra los palestinos adoptan diversas formas. El tiroteo ocurrido el 24 de julio en la aldea de Tell marcó el inicio de una operación del ejército israelí en el territorio. Sin embargo, los ataques de los colonos se enmarcan en un contexto más amplio.



«Nos amenazaban con matarnos, con quemarlo todo» La historia de Mahmoud Toubassi y su familia, que viven en la localidad de Jalud, cerca de Nablus, en el norte de Cisjordania, es reveladora. Durante tres largos meses, resistieron bajo la amenaza de colonos armados que se instalaron en su propiedad: lanzamiento de piedras, acoso día y noche, incendio de parte de la casa… Los colonos incluso quemaron una parte de la vivienda y, finalmente, cortaron la electricidad.

La casa está situada a las afueras del pueblo. Colonos israelíes cortaron el acceso a la carretera durante 20 días. Con su hogar literalmente sitiado, los víveres agotados y sin acceso a sus tierras —de las que obtenía ingresos esenciales—, el agricultor no tuvo más opción que abandonar su casa y sus tierras. Ahora, Mahmoud Toubassi se ve obligado a observar desde el pueblo vecino la granja que ocupaba y que le daba sustento.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

«Nos quedamos sin comida, sin agua, sin electricidad. ¿Qué podíamos hacer? Al final, vinieron dos colonos armados. Nos dijeron: ‘Tienen una hora para irse. O salen de aquí, o mueren en la casa’». Esta amenaza se produjo el 22 de julio. Desde entonces, Mahmoud Toubassi abandonó su hogar bajo coacción. Ahora solo puede mirar, desde el pueblo vecino, la granja que antes ocupaba y que le permitía vivir.

«La situación era catastrófica. Habían quemado nuestro coche, nos tiraban piedras, nos amenazaban con matarnos, con quemarlo todo. Con quemarnos como a la familia Dawabsheh», relata el agricultor. Los Dawabsheh vieron su casa incendiada por colonos en 2015, muy cerca de lo que ahora es la antigua vivienda de los Toubassi. Los tres miembros de la familia murieron, incluido un bebé. En ningún momento el ejército israelí hizo retroceder a los colonos.

La comunidad internacional instada a intervenir para el respeto de los acuerdos de Oslo

La historia de Mohamed Toubassi no es un caso aislado. En Yanún, Tana, Al Marajim y otros lugares del Nablus, se han producido desplazamientos forzados de población en los últimos días. En Al Marajim, 48 de las 50 familias abandonaron sus hogares. En este lugar, existen actualmente 64 colonias israelíes, de las cuales 49 nunca recibieron autorización del gobierno israelí. Hace dos semanas, varias familias se instalaron en el Monte Ebal, que domina la ciudad de Nablus.

Hemos contactado a Ghassan Daghlas, gobernador de Nablus. En una entrevista con RFI, denunció la facilidad con la que las autoridades israelíes permiten a los colonos ocupar nuevas tierras: «Sin aviso previo, sin advertencia, sin nada, los colonos llegan con dos o tres caravanas al lugar que quieren ocupar. Y empiezan a construir. Hoy, todas las montañas de alrededor están ocupadas. Y el ejército los apoya».

Ante esta situación, las autoridades palestinas se sienten impotentes. Ghassan Daghlas hace un llamado a la comunidad internacional: «Debe actuar. Ella es la garante de los acuerdos de Oslo y testigo de todo lo que está ocurriendo. Es ella quien debe obligar a Israel a detener esto. En nuestra provincia no tenemos absolutamente nada. ¿Qué podemos hacer nosotros? Israel se ha quedado con todo nuestro dinero».

Al señalar que el Estado hebreo «se ha quedado con todo nuestro dinero», el gobernador de Nablus se refiere a las retenciones que Israel aplica sobre los impuestos recaudados en nombre de la Autoridad Palestina. Para el gobierno israelí, estas son medidas punitivas por el pago de indemnizaciones a prisioneros y sus familias, a quienes considera terroristas. La Autoridad Palestina, hoy muy debilitada, exige una intervención internacional.

En Israel, una parte de la sociedad comienza a cuestionar el relato oficial del gobierno

Con el corresponsal de RFI en Jerusalén, Michel Paul

Dos años después del dictamen de la Corte Internacional de Justicia que declaró ilegal la ocupación de Cisjordania, la violencia de los colonos y la anexión de territorios no han hecho más que agravarse. Por ejemplo, la semana pasada, en la aldea palestina de Tell, el ejército israelí lanzó una vasta operación militar tras incursiones de colonos armados que dejaron seis muertos: cuatro palestinos y dos israelíes. En Israel, dentro de la sociedad, esta escalada pone en entredicho de manera brutal el relato oficial del gobierno.

La operación militar desencadenada tras los enfrentamientos mortales del viernes pasado en Tell no logra imponer la versión oficial. Mientras el gobierno denunciaba un «ataque terrorista» para justificar su respuesta, videos que muestran la incursión inicial de colonos armados contradijeron la versión ministerial. El resultado: el debate interno estalla. Una parte de la opinión pública y de la prensa, en particular el diario de oposición Haaretz, cuestiona ahora el uso de la palabra «terrorismo» para describir a aldeanos que defendían sus tierras.

Sin embargo, sobre el terreno, esta escalada sirve como palanca. Sanciones colectivas, demoliciones y, ahora, confiscaciones sin precedentes de tierras por parte del ejército en la zona A —exclusivamente palestina— demuestran que la operación en curso va más allá de un simple mantenimiento del orden. Respaldada por la extrema derecha en el poder, especialmente por los ministros Ben Gvir y Smotrich —quienes piden abiertamente la anexión de Cisjordania—, esta estrategia, según una parte de la oposición, busca expandir las colonias y hacer irreversible el fin de los acuerdos de Oslo.