Toda gestión de gobierno necesita una marca. No una frase publicitaria, sino un legado que permanezca cuando termine el mandato. En el caso de Mamén Saavedra, alcalde del municipio de Santa Cruz de la Sierra, ese sello parece estar bastante definido desde su propia trayectoria política.
Su liderazgo se construyó denunciando irregularidades y enfrentando la corrupción municipal. Por ello, su mayor desafío ya no consiste únicamente en denunciar, sino en demostrar que es posible construir una Alcaldía donde la corrupción sea cada vez más difícil de reproducirse. La verdadera transformación pasa por institucionalizar el municipio mediante concursos de méritos, transparencia, digitalización de trámites, controles efectivos y una administración en la que prevalezca la capacidad por encima del favoritismo político.
Una institución fortalecida permitirá pensar en el largo plazo y desarrollar una planificación estratégica para atender las urgencias en salud, servicios básicos, transporte y otras áreas esenciales, asuntos que una ciudad pujante y con el mayor crecimiento poblacional del país no puede seguir postergando sin poner en riesgo su desarrollo.
Pero existe un segundo desafío que también puede definir su gestión: el aseo urbano.
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Santa Cruz continúa creciendo aceleradamente y, con ello, aumenta la generación de residuos. La basura ya no es un problema secundario; se ha convertido en un asunto de salud pública, de imagen urbana, de competitividad y de calidad de vida. Una ciudad moderna no puede resignarse a convivir con calles, canales, mercados y espacios públicos descuidados.
Sin embargo, la solución no pasa únicamente por incorporar más camiones recolectores, adquirir mejor equipamiento o destinar mayores recursos. El verdadero cambio exige construir una cultura del aseo urbano. Ninguna ciudad del mundo permanece limpia si sus ciudadanos no asumen que cuidar el espacio público también es una responsabilidad individual.
Por ello, la Alcaldía debería impulsar un programa permanente de educación ciudadana que involucre a escuelas, universidades, barrios, mercados, empresas y medios de comunicación para promover hábitos de limpieza, reciclaje, separación de residuos y respeto por los espacios comunes.
Es frecuente observar escenas que reflejan la magnitud del problema: vehículos de alta gama desde cuyos ocupantes se arrojan envases de plástico a la vía pública; micros de cuyas ventanas salen restos de comida, recipientes plásticos, servilletas y otros desechos, ante la incrédula mirada de los transeúntes.
El verdadero desafío es cambiar la cultura, no solamente recoger la basura. Cuando una sociedad comprende que la calle también es su casa, el municipio deja de correr detrás del problema y comienza a prevenirlo.
Si Mamén Saavedra logra consolidar una Alcaldía transparente e institucional y, al mismo tiempo, liderar una transformación cultural que convierta a Santa Cruz en la ciudad más limpia de Bolivia, habrá dejado una huella mucho más importante que cualquier obra física. Habrá construido instituciones sólidas y ciudadanos comprometidos: dos legados capaces de trascender cualquier gestión de gobierno.
Jaime Navarro Tardío
Político y exdiputado nacional.
