Cuba enfrenta casi cinco décadas de baja fecundidad y avanza a un acelerado envejecimiento, advierte Cepal


A la reducción en la fecundidad y al acelerado envejecimiento, desde 2021 se suma la emigración como una tercera tendencia demográfica en el país, según la Cepal.

Cuba.

Fuente: https://www.bloomberglinea.com



Por Daniel Salazar Castellanos

 

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Cuba acumula casi cinco décadas con una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, un fenómeno que ha acelerado el envejecimiento de la población y plantea desafíos para el mercado laboral, las jubilaciones y el crecimiento económico, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La isla enfrenta múltiples desafíos derivados de su dinámica demográfica con un registro de 68.051 nacimientos en 2025, el más bajo en décadas, y que representa cerca de la mitad de las 134.354 defunciones observadas en el mismo año.

El Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana, dice que Cuba es uno de los países más envejecidos de América Latina y el Caribe con más del 25% de la población que supera los 60 años.

“Cuba presenta una de las transiciones de fecundidad más tempranas de la región, con niveles bajo el reemplazo desde hace casi 50 años”, dijo a Bloomberg Línea Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), División de Población de la Cepal. “Esta tendencia se traduce en un crecimiento poblacional bajo desde hace décadas y negativo desde 2012, según las estimaciones de Naciones Unidas”.

El nivel de reemplazo es la tasa mínima requerida para que la población se mantenga estable.

Cuba.

Según Simone Cecchini, el “envejecimiento acelerado” de Cuba tiene implicaciones económicas, tanto desde el punto de vista de la reducción de la fuerza de trabajo y la presión que ejerce sobre los sistemas de protección social, como del nacimiento de sectores económicos nuevos ligados a la salud, a los servicios de apoyo a los dependientes, la infraestructura, entre otros.

Para el analista de la Cepal, esta situación no constituye una crisis en sí misma, sino que representa un escenario de transición que debe ser gestionado, como ha sucedido en muchos de los países desarrollados, sin que eso se tradujera en un deterioro del bienestar.

“La caída de la fecundidad no es un rasgo exclusivo de Cuba, sino una tendencia compartida por buena parte del mundo”, dijo Cecchini. “La gestión de la transición demográfica requiere de políticas públicas específicas, y el fortalecimiento de la institucionalidad relacionada”.

Según la Cepal, Cuba ha dado pasos en ese sentido al plantear, por ejemplo, la implementación del Fondo de Protección Social o la profesionalización hacia un sistema nacional de cuidados.

Sin embargo, en un contexto como el que vive Cuba, de bloqueo del financiamiento externo, rezagos tecnológicos y escasez de combustible, el capital instalado y el trabajo disponible se encuentran subutilizados, exacerbando el efecto económico de la transición demográfica acelerada.

En este sentido, la Cepal señala que los esfuerzos internos para fortalecer sus instituciones y sus políticas para gestionar la transición demográfica se ven afectados por las restricciones externas.

Las consecuencias económicas que enfrenta Cuba por esta combinación entre transición demográfica y efectos del bloqueo económico se condensan en, al menos, tres frentes, en opinión de Simone Cecchini: la contracción del mercado laboral (y, por tanto, menor sostenibilidad de los sistemas de protección social), el freno al crecimiento potencial por la pérdida de capital humano dinámico y creciente tensión en las cuentas públicas, al crecer los gastos en pensiones, salud y cuidados de largo plazo sin una base tributaria equivalente.

El peso de la emigración

Cuba.

A la reducción en la fecundidad y al envejecimiento de la población, se suma una tercera tendencia demográfica en el país, que es la emigración.

La Cepal indica que desde 2021 la emigración acumula más de un millón de personas, según los registros oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba (ONEI).

Este tercer elemento imprime un reto adicional, porque erosiona la fuerza de trabajo y la natalidad del país, ya que quienes emigran suelen encontrarse en edades laborales y reproductivas.

En general, la salida sostenida de personas jóvenes reduce la oferta laboral, acelera el envejecimiento de la estructura de edades y presiona las finanzas públicas y los sistemas de protección social, al tiempo que disminuye el potencial de crecimiento y la productividad.

“La emigración masiva de los últimos años constituye un obstáculo importante para el éxito de las reformas de mercado anunciadas recientemente por el Gobierno”, dijo a Bloomberg Línea el profesor cubano Pavel Vidal Alejandro, investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana, en Colombia.

Según explicó, en una primera fase de estabilización y recuperación de la economía, el turismo y la agricultura aparecen como dos de los sectores con mayor potencial para impulsar el crecimiento.

De un lado, el turismo dispone de una amplia capacidad instalada que actualmente está subutilizada, mientras que la agricultura cuenta con una considerable disponibilidad de tierras cultivables.

Sin embargo, dice que ambos sectores son intensivos en mano de obra.

En el turismo, la recuperación de la actividad requeriría una cantidad significativa de trabajadores para operar hoteles, restaurantes, servicios de transporte y otras actividades vinculadas al sector.

Y en la agricultura, cualquier expansión de la producción también dependería de la disponibilidad de trabajadores en las zonas rurales.

Compensación del efecto negativo

Cuba.

Por otra parte, históricamente, el efecto negativo de la emigración sobre la economía cubana se ha compensado parcialmente mediante el envío de remesas a los familiares que permanecen en la isla.

Según el profesor Vidal Alejandro, la emigración también puede representar una oportunidad futura, en la medida en que los cubanos residentes en el exterior logren acumular capital, adquirir conocimientos sobre el funcionamiento de las economías de mercado y establecer contactos en mercados internacionales.

“Todos esos recursos podrían contribuir de manera significativa a la recuperación inicial de la economía cubana, mediante el envío de remesas, la inversión y la transferencia de conocimientos y conexiones empresariales”, indicó el investigador cubano.

Sin embargo, anotó el académico, una parte importante de la emigración más reciente ha enfrentado, especialmente en Estados Unidos, mayores dificultades para regularizar su situación migratoria, obtener permisos de trabajo y acceder a empleos formales y estables.

“Esto reduce su capacidad de generar ingresos, enviar remesas, acumular capital y convertirse posteriormente en una fuente de inversión para Cuba”, anotó el profesor de la Universidad Javeriana. En consecuencia, “esta nueva ola migratoria podría tener un efecto económico neto más negativo que otros episodios anteriores”.

Aún en este contexto, la Cepal identifica alternativas para paliar estos efectos.

Entre ellas están las políticas de vinculación con la diáspora, la facilitación del flujo de las remesas y su uso productivo pueden resultar decisivas para mitigar el impacto de la salida de los jóvenes en edad productiva y, eventualmente, transformar la movilidad en un activo para el desarrollo.

Reto común en los países de la región

De acuerdo con la Cepal, ante la rápida transición demográfica los países se enfrentan al reto de diseñar políticas e instituciones para elevar la participación de mujeres y personas mayores activas; fortalecer la salud, la protección social y profesionalizar los cuidados con un enfoque de ciclo de vida; y aprovechar la denominada “economía de la longevidad” en sectores como la salud, el turismo o la tecnología.

“Todo lo anterior rescatando los avances de Cuba en algunas de estas dimensiones, como la igualdad de género, el acceso universal a salud y servicios en general, y el desarrollo avanzado en sectores como la medicina y el turismo”, opinó Simone Cecchini, de la Cepal. “Esto repercutiría en el bienestar de la población y también en el crecimiento, en el mercado laboral y las finanzas públicas”.

Según explicó, la principal lección para los demás países de América Latina y el Caribe que transitan por este proceso es la necesidad de diseñar políticas públicas empleando la prospectiva y así anticiparse a esta fase avanzada de la transición demográfica.

Como ha subrayado la Cepal, la región envejece a un ritmo más acelerado al que en su momento experimentaron los países desarrollados.

Y lo hace en un contexto de desigualdad persistente, institucionalidad débil y sistemas de protección social de baja cobertura, con grandes exigencias en tareas de cuidado para las familias y, en particular, para las mujeres.

“De ahí que fortalecer los sistemas de pensiones, de salud y de cuidados de largo plazo no sea una tarea que pueda posponerse hasta que el envejecimiento se consolide, se trata de una política que conviene construir ahora”, remató el analista de Cepal.

Una segunda lección, que el caso cubano ilustra con claridad, es que la baja fecundidad total puede convivir con una fecundidad adolescente relativamente elevada, lo que es un desafío adicional por las adversidades que esta implica.

A nivel regional, la fecundidad adolescente ha bajado de forma significativa en la última década, pero se mantiene entre las más altas del mundo, reflejo de persistentes desigualdades estructurales y de brechas en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva.

Por lo anterior, desde la Cepal señalan que el descenso agregado de la fecundidad no debe ocultar la persistencia de fecundidad no deseada entre adolescentes: garantizar la autonomía reproductiva, la educación sexual integral y el acceso a anticoncepción sigue siendo prioritario, como cuestión de derechos y de reducción de desigualdades.

El organismo recomienda promover la inclusión laboral de las personas mayores, eliminando barreras de edad y fomentando empleos formales y de calidad.

Esto implica impulsar programas de capacitación continua, facilitar la reinserción laboral, adaptar los entornos de trabajo a las necesidades de trabajadores mayores y establecer horarios más flexibles.

Cecchini considera que estas medidas ayudarían a compensar la reducción de la población en edad de trabajar.

También ve fundamental fortalecer los sistemas de salud, protección social y cuidados, con énfasis en la prevención y el envejecimiento saludable.

Prolongar los años de vida en buen estado de salud reduce los costos asociados a enfermedades crónicas y dependencia, al mismo tiempo que permite una mayor participación social y económica de las personas mayores.

Asimismo, dice que es necesario desarrollar sistemas de protección social sostenibles, combinando pensiones adecuadas con programas de envejecimiento activo que aprovechen la mayor esperanza de vida saludable de la población.

Por otra parte, ve prioritario el fortalecimiento de la economía del cuidado, reconociendo especialmente la carga que asumen las mujeres en las tareas de cuidado no remunerado.

Expandir y profesionalizar servicios de cuidados contribuiría tanto al bienestar de las personas mayores como a una mayor participación laboral femenina.