
Fuente: Infobae
Un grito de auxilio en un residencial de ancianos céntrico de Montevideo reveló el horror que vivían una veintena de personas. Ese pedido de ayuda fue escuchado por vecinos, que llamaron a la Policía y encontraron que en el lugar abundaba el mal olor, el estado de abandono y las negligencias de la atención a la vejez.
Es que, en realidad, las familias habían enviado a los mayores a un residencial que prometía varios servicios, pero los ancianos eran destinados a una vivienda a pocos metros, como informó el noticiero Subrayado de Canal 10. Las pertenecías de los residentes se guardaban en bolsas de residuos, los abrigos estaban sucios mojados y una silla con un balde oficiaba de baño.
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La dueña del local, una mujer de 46 años, y la encargada, de 49, fueron detenidas y este domingo fueron imputadas por la Justicia. Son acusadas por reiterados delitos de privación de libertad, de abandono de personas incapaces, estafa y omisión de asistencia. Fueron enviadas a prisión preventiva por 120 días.
Varios familiares llegaron al lugar el sábado en la mañana, el día en el que esta situación salió a la luz. Se mostraron sorprendidos por lo que veían y remarcaron que lo que a ellos le mostraron era el local era limpio y prolijo. Lo que nunca supieron fue que los abuelos en realidad se estaban quedando en una especie de depósito.
El operativo de detención
Los vecinos habían llamado a la Policía luego de los gritos que escucharon de parte de los ancianos. Cuando los efectivos llegaron, estuvieron durante 30 minutos golpeando la puerta pero nadie los atendía, como informó el noticiero Telemundo de Canal 12. Tras no encontrar respuestas, los agentes decidieron trepar al techo e ingresar a la vivienda por un altillo.

La Policía se encontró con un residencial clandestino: en una casa secundaria había 22 adultos mayores que tenían entre 68 y 98 años. La mayoría de ellos tenía problemas de movilidad. Cinco de ellos estaban durmiendo en colchones en el piso, sin sábanas apenas tapados y con frío.
La fiscal Sylvia Lovesio relató en la audiencia de formalización de este domingo que a los hombres les pasaban cables por encima del cuerpo. Además, el espacio estaba lleno de humedad.
Los ancianos estaban deshidratados, orinados, defecados y tapados con ropa húmeda. “La situación de vulnerabilidad era extrema y se violaron los derechos humanos básicos”, expresó la fiscal en la audiencia consignada por ese noticiero uruguayo.

Luego de ingresar por un altillo, los efectivos bajaron por una escalera y se encontraron otra parte clandestina del residencial. Allí había mujeres tiradas en el piso, otras postradas en una cama. Las residentes les dijeron que tenían sed. Al continuar en la recorrida se encontraron con un garaje en el que había más personas durmiendo.
Los familiares expresaron que fueron engañados por la dueña del residencial. Ellos creyeron lo que veían en la fachada. Pensaban que los adultos mayores iban a ir a un hogar en buenas condiciones, que ofrecía asistencia, seguimiento, control diario, psicóloga y estimulación cognitiva.

Sin embargo, reconocieron que les llamó la atención que no podían visitarlos en cualquier momento sino debían agendar previamente la llegada. Cuando se encontraban con los familiares, lo hacían en un espacio para las visitas.
Las cámaras Gopro que tenían las policías registraron el operativo que el sábado realizó la policía.
Cuando los policías estaban haciendo este operativo, se acercó un hombre que aseguró que era colaborador del residencial (aunque no estaba en planilla). En un momento, recibió una llamada de la dueña del hogar, que le recriminó haberle abierto la puerta a los policías.

Las imputadas no hablaron durante la audiencia de este domingo. La defensa aseguró que el local no era clandestino y adujo que había un colaborador, lo que hacía que los mayores no estuviesen solos.
