Fuente: Infobae
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, rechazó este martes los dichos del dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, quien manifestó que en su país “no volverán a haber elecciones”.
“La Administración Trump y la comunidad internacional no se quedarán de brazos cruzados mientras la dictadura de Murillo-Ortega profundiza la represión en el país y fabrica inestabilidad que amenaza la seguridad nacional de EEUU», indicó Rubio en su cuenta en la red social X.
Y completó: “El compromiso de Ortega de abolir las elecciones en Nicaragua demuestra su cobardía y su miedo a la voluntad del pueblo nicaragüense”.
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Por su parte, la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua reprodujo el mensaje de Rubio, e indicó: “La declaración de Daniel Ortega, de que bajo la dictadura de su familia Nicaragua jamás volverá a celebrar elecciones, deja al descubierto su verdadera naturaleza autoritaria. Daniel Ortega y Rosario Murillo han abandonado incluso la pretensión de consentimiento popular».
Y concluyó: “El pueblo nicaragüense tiene derecho a elegir a sus propios líderes mediante elecciones democráticas. Estados Unidos insta a la comunidad internacional a aunar esfuerzos para demostrar a la dictadura de Murillo-Ortega que no puede pretender mantener relaciones normales con otras naciones cuando está socavando los principios fundamentales de nuestro hemisferio democrático».

El domingo pasado, Ortega sepultó explícitamente cualquier posibilidad de alternancia democrática en el país al sentenciar que su régimen no permitirá procesos electorales que pongan en riesgo el control del oficialismo.
“Aquí (en Nicaragua) no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el Gobierno, atrapar el poder”, lanzó en un discurso durante un acto en conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista, celebrado en Managua.
Nicaragua es gobernada desde 2007 por Ortega, un ex guerrillero sandinista de 80 años, en medio de denuncias de fraudes electorales o eliminando a la oposición para no tener competencia. Desde 2017 gobierna junto a su esposa, Rosario Murillo.
Murillo, quien era vicepresidenta de Nicaragua desde 2017, fue designada «copresidenta» desde febrero de 2025 a través de una reforma constitucional.
En el acto, el dictador sandinista dijo que los opositores en el exilio andan “agazapados” y los acusó de querer ganar unas elecciones para enriquecerse. “Pero que se olviden: Aquí no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder”, enfatizó.
Anunció que van trabajar con la Asamblea Nacional (Parlamento), subordinada a la Presidencia, “y con las organizaciones correspondientes las leyes para que le pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que le den los yanquis, no podrán”.

A mediados de febrero de 2025, Nicaragua puso en vigor esa reforma profunda a la Constitución Política que transformó el Estado, eliminó el balance de poderes, y otorgó un poder total a Ortega y Murillo, y que ha sido duramente criticada por la ONU, la Organización de Estados Americanos (OEA), Estados Unidos, el Parlamento Europeo y opositores nicaragüenses.
La enmienda amplió de cinco a seis años el periodo presidencial, estableció la figura de “copresidenta”, que el Ejecutivo “coordine” los demás “órganos” del Estado, que dejan de llamarse poderes, y legalizó la apatridia.
Es decir, Nicaragua debería celebrar elecciones generales en noviembre de 2026, pero las enmiendas constitucionales ampliaron el período presidencial, por lo que en teoría sería en noviembre de 2027.
En enero pasado, el Departamento de Estado de Estados Unidos acusó a Murillo de haberse inventado el cargo de “copresidenta” en Nicaragua sin elecciones, sin mandato y sin legitimidad, “porque sabe que no puede ganar” en un proceso electoral libre.
