A horas aniversario de la gesta libertaria de Murillo, la concejal paceña destaca el carácter integrador de la capital cruceña a la que define como tierra de oportunides.
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¿Qué significa celebrar el 16 de julio siendo paceña y viviendo en Santa Cruz?
Me siento muy alegre de ser paceña, de vivir aquí, en esta tierra santa que es Santa Cruz, y orgullosa porque soy mujer de pollera. Somos personas trabajadoras que siempre buscamos salir adelante.
¿Qué es lo que más añora?
Extraño las comidas típicas que hay allá: el thimpu de cordero y, para un buen desayuno, la marraqueta, el pan de laja y el chuño. También extraño el Illimani; es tan hermoso… esa vista, los cerros y el frío.
¿Cómo fue hacer de Santa Cruz su nuevo hogar?
Al principio sufrí durante un año por el calor, pero me adapté. Me gustó, me enamoré y ahora considero a Santa Cruz mi hogar.
¿Alguna vez sintió que ser paceña o vestir pollera le cerraba puertas en Santa Cruz?
Desde que llegué de La Paz a Santa Cruz siempre he sido muy bien recibida. Nadie me ha cerrado las puertas por vestir pollera; al contrario, siempre he sido bien valorada. He trabajado con empresas pequeñas, grandes y mercados, y nunca encontré rechazo. Santa Cruz me recibió muy bien. Mi vestimenta no limita mi capacidad ni mi liderazgo.
¿Qué le enseñó Santa Cruz sobre la convivencia entre personas de distintas regiones?
Aquí, en Santa Cruz, he convivido y sigo conviviendo con personas de diferentes departamentos. Santa Cruz es muy hospitalaria y recibe a mucha gente del interior que viene a trabajar.
Siempre nos hemos llevado bien; tengo amistades de distintos departamentos y convivimos con mucho respeto.
Hoy es la primera concejal de pollera nacida en La Paz elegida por Santa Cruz. ¿Qué mensaje transmite ese hecho?
Como mujer de pollera me siento muy contenta y feliz de representar a La Paz desde mi función como autoridad en Santa Cruz. Estoy dispuesta a ayudar a todos los cruceños y también a quienes llegan desde otros departamentos.
Hoy siento que lo más importante es la unión entre todos los departamentos para seguir haciendo crecer a nuestra querida Santa Cruz. Esta hermosa ciudad se ha convertido en un pilar fundamental para muchas regiones del país.
¿Qué valores paceños mantiene intactos en su vida familiar?
El trabajo incansable. Desde muy joven trabajé desde temprano hasta terminar la noche, y eso sigue intacto en mí. Mientras Dios me dé vida, seguiré trabajando de esa manera.
Nunca me sentí cómoda con un horario de oficina o simplemente calentando un asiento. Siempre me acostumbré a tener varias actividades y a estar pendiente de las necesidades de la gente, especialmente de quienes llegan desde otros departamentos buscando una oportunidad.
¿Qué costumbres cruceñas forman parte de su día a día?
Se me pegan algunos modismos, como “puej” o “elay”, que a veces digo sin darme cuenta. También el majadito se volvió uno de mis platos favoritos. Además, me gusta mucho el asadito, porque allá no existe como aquí; allá le dicen hamburguesa y acá le dicen asadito.
¿Qué mensaje daría a quienes todavía creen que el origen o la forma de vestir pueden dividir a los bolivianos?
La vestimenta no cambia quiénes somos. Yo me siento orgullosa de donde vengo y de donde estoy. La ropa no cambia nuestra esencia, pero sí representa nuestra identidad. Siempre habrá personas con una mirada distinta hacia los demás, pero gracias a Dios son una minoría y, en mi caso, casi no me ha tocado vivir ese tipo de situaciones.
Si tuviera que definir en una frase la relación entre La Paz y Santa Cruz, ¿cuál sería?
La Paz y Santa Cruz son dos latidos del mismo corazón donde uno aporta la fuerza de la historia y el otro el motor del futuro.
