La disminución de operaciones ha puesto en riesgo la sostenibilidad de empresas de transporte interdepartamental, que reportan menos salidas, mayores costos operativos y dificultades para cumplir con la distribución de pasajeros y también de carga
Por Ernesto Estremadoiro Flores

Fuente: El Deber
En algún lugar de la ciudad de Oruro, un paciente espera una semana para recibir un medicamento contra el cáncer que debía llegar en apenas un día. A más de 900 kilómetros de distancia, en Santa Cruz, un chofer permanece desde la madrugada en una fila para cargar combustible. Mientras tanto, en una terminal terrestre, decenas de personas observan con resignación cómo las encomiendas se acumulan porque no salen buses sufiientes para llevar toda la carga.
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Las historias parecen inconexas. Sin embargo, todas nacen del mismo problema: la escasez de diésel. Este problema ha reducido la operación del transporte interdepartamental a apenas entre el 10% y el 15% de su capacidad, según testimonios de este sector. Detrás de esa cifra hay empresas al borde de la quiebra y una cadena logística que comienza a fracturarse.
Las escenas se repiten desde hace más de un mes en distintos departamentos del país. Pese a que el Gobierno dijo en reiteradas ocasiones que el abastecimiento se normalizaría tras el levantamiento de los bloqueos, que mantenían diferentes sectores que exigían la renuncia del presidente Rodrigo Paz, pero las largas filas siguen en los surtidores.
Salen menos buses
A las tres de la madrugada, cuando la mayoría de la ciudad todavía duerme, Milton ocupa un lugar en la fila de un surtidor, por la zona Polanco. Espera diésel. Pasan varias horas y el combustible sigue sin aparecer. Y la respuesta es la misma que escuchan decenas de choferes cada día: “No hay nada”.
“Nos dijeron que recién a las dos de la tarde va a llegar el diésel. No queda otra que seguir esperando”, dice resignado.
Asegura que la situación supera el mes y que nunca antes había enfrentado una crisis de esta magnitud en sus 15 años de trabajo.
Uno de los testimonios que refleja con mayor claridad el impacto económico es el de Pedro Grajera, de 59 años, quien lleva 25 años ligado al transporte.
“Antes había problemas, pero duraban horas o algunos días. Nunca como ahora”, afirmó.
Grajera explica que la falta de combustible redujo drásticamente su productividad. Mientras antes realizaba hasta 12 viajes al mes, hoy apenas consigue completar entre uno y tres recorridos.
“El dueño ya no quiere pagar un sueldo mensual, ahora quiere pagar por viaje ida y vuelta. Esto nos perjudica a todos, tanto al propietario como a nosotros”, dijo.
Además, indicó que mientras permanecen varados en las filas deben cubrir por su cuenta gastos de alimentación y estadía, lo que reduce aún más sus ingresos.
Gonzalo Nacho, quien debía viajar hacia La Paz, relata que esperó dos días para abastecerse en esa ciudad y que ahora enfrenta la misma situación en Santa Cruz.
El transportista explica que la falta de combustible no solo redujo la cantidad de viajes, sino también la demanda de pasajeros y el envío de encomiendas.
Esta crisis llega en una temporada que representa mayores ingresos para este sector por el incremento de viajes durante las vacaciones escolares.
Sin embargo, este año la expectativa está frustrada por la imposibilidad de operar con normalidad por la falta de diésel.
Richard Martínez, dirigente de la Central de Buses de La Paz, asegura que la falta de combustible impide la recuperación de las empresas tras los recientes bloqueos y ha profundizado una crisis económica que, según dijo, arrastra el transporte desde la pandemia.
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“Estamos trabajando solamente al 10% de nuestra capacidad. La escasez de diésel está causando un tremendo perjuicio”, señala.
Según el dirigente, la Central de Buses agrupa a unas 150 empresas operadoras que prestan servicios desde las terminales de La Paz y El Alto, todas afectadas por la escasez de combustible.
A escala nacional, estimó que existen entre 800 y 850 empresas de transporte interdepartamental que atraviesan problemas similares.
Encomiendas
La situación también afecta el traslado de encomiendas. Un usuario relató que tuvo dificultades para enviar un medicamento destinado a un familiar con cáncer en Oruro.
Fue a varias empresas antes de encontrar una que aceptara la encomienda. Aunque inicialmente le informaron que el paquete saldría rápido, posteriormente le comunicaron que el despacho se postergaría por la reducción de las salidas de buses, lo que retrasó la entrega por una semana de un tratamiento que era urgente.
Isaias, un joven de 24 años, que esperaba una encomienda con ropa, contó que el retraso supera los cuatro días. “Antes tardaba dos días. Yo mandaba una encomienda y al día siguiente ya llegaba; ahora son cinco días”, lamenta.
Agrega que, según la información que recibió, la falta de diésel impide que muchas unidades salgan con normalidad, lo que retrasa la llegada de los paquetes.
Judith, una mujer de 54 años, acudió por la mañana para recoger una encomienda, pero tras esperar dos horas sin avanzar decidió retirarse y volver más tarde. Al regresar, continuaba aguardando la entrega de su envío.
Además de medicamentos, usuarios señalaron a EL DEBER que también hay dificultades para enviar textiles y otros productos no perecederos, debido a la menor disponibilidad de unidades para el transporte de carga.
En Flota Bolívar informaron que las salidas a la mayoría de los destinos se mantienen, pero la ruta hacia La Paz permanece suspendida porque los buses no consiguen combustible para retornar a Santa Cruz. “La Paz es un mercado importante, pero no podemos mandar los buses porque se quedan dos o tres días sin diésel para volver”, explicó un funcionario de la empresa.
En Trans Copacabana, en tanto, señalaron que durante los días más críticos de la escasez redujeron en un 50% sus salidas, aunque el servicio comienza a normalizarse de forma gradual.
En ese contexto, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) mantiene una postura prudente y evita comprometer una fecha concreta para la normalización total del suministro.
La estatal insiste en que el abastecimiento está en marcha y que los despachos suben progresivamente para atender la demanda, pero sin dar certezas sobre cuándo desaparecerán completamente las filas.
Sin diésel, el país no solo detiene sus buses; también detiene el tiempo y agota la esperanza de quienes esperan con urgencia una encomienda para salvar una vida.
Pasajes de algunas rutas suben un 50% por la menor oferta de buses
Los precio de los pasajes en el transporte interdepartamental comenzaron a registrar incrementos en algunas rutas, en un contexto marcado por la escasez de diésel y la reducción temporal de frecuencias, según reportaron operadores del sector.
De acuerdo con trabajadores de empresas de buses, durante las últimas semanas se redujo hasta en un 50% la salida de unidades debido a las dificultades para abastecerse de combustible, lo que obligó a ajustar operaciones y reorganizar la oferta de viajes.
El incremento se refleja principalmente en rutas como Santa Cruz–Cochabamba, donde el pasaje pasó de alrededor de Bs 100 a más de Bs 150 en algunos horarios. En otros tramos, como Santa Cruz–Yacuiba, las tarifas alcanzan hasta Bs 200, mientras que hacia Camiri se mantienen en torno a Bs 180. Mientras que las salidas hacia la Paz, pasaron de Bs 210 a un poco más de Bs 300.
Fuente: El Deber

