La Odisea: Christopher Nolan y la máquina del tiempo helénica


 

Al Odiseo de Homero se le atribuían dos epítetos fundamentales: Polýtropos (El de muchos caminos) y Polýmētis (El de astucia inagotable), ¿Son acaso estas virtudes, por encima de otras más convencionales como la fuerza o el valor, las que convierten a Odiseo en uno de los primeros y más complejos héroes de la historia?



La Odisea es la primera gran historia de la humanidad sobre la ausencia, la perdida y la redención. Al mismo tiempo este compilado de poemas helenos es la primera y más clara referencia al “Viaje del héroe”, ese concepto narrativo tan popular en el cine que describe la transformación de un personaje a través de una aventura, (Todas las películas de Marvel, Star Wars, el Rey león, etc.)

La Odisea se convierte en el recorrido de un hombre perseguido por las consecuencias de sus propias decisiones: En cada una de las etapas de su aventura va despojándose de algo hasta quedar completamente solo. El trayecto de Odiseo hacia su rocosa Ítaca no es una simple travesía insular; es el naufragio gradual de un hombre abrumado por el peso de sus errores hasta quedar cara a cara con su desnudez humana.

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La Odisea también es la décima tercera película del director inglés Christopher Nolan (El caballero oscuro (2008), Interestellar (2014) y Oppenheimer (2023). Nolan es uno de los cineastas más aclamados de la actualidad que ha logrado algo muy meritorio: Que sus películas logren la aprobación de la crítica y tengan, a la vez, un enorme éxito comercial.

La escala de La Odisea es épica. Nolan no es tan fan del CGI (imágenes generadas por computadora) y hay que agradecerle eternamente por ello. Si tiene que construir una Pentecóntera (así es como se llamaban estas naves de guerra de cincuenta remos), pues lo hace. Gracias a ello las escenas en el mar se sienten tan orgánicas y asfixiantes. En esta oportunidad y para gusto de muchos Nolan renuncia a su habitual complejidad narrativa para cederle esa complejidad a sus personajes.

Hablemos del elenco: Matt Damon construye un Odiseo repleto de capas: Absolutamente ingenioso, obstinado y a veces narcisista, una amalgama de los defectos y virtudes humanas, es un guerrero cuya principal batalla es contra su propia sensación de culpa. Anne Hathaway brinda una sentida interpretación de Penélope, la reina prisionera, tanto de sus pretendientes como también del recuerdo del esposo ausente. Sorprende Tom Holland como Telémaco, brindando una actuación de una intensidad extraordinaria (Recomiendo verlo en El diablo a todas horas). Del resto del elenco quiero destacar en forma particular a Samantha Morton que brinda toda una experiencia actoral poniéndose en la piel de la bruja Circe.

Nolan ha sabido reunir un elenco coral que incluye grandes actores, iconos de la cultura popular (Ahí lo ves al rapero Travis Scott en su papel de juglar), y por qué no, su cuota de diversidad a través de los actores Elliot Page y Lupita Nyong’o.

Otro deleite sensorial de La Odisea es el apartado de la edición de sonido y la música; El primero es trepidante y estruendoso en el buen sentido de la palabra, la segunda, a cargo de Ludwing Göransonn (Habitual colaborador del director y responsable de la hipnotizante y “oscarizada” banda de sonido de Oppenheimer), es una exquisita elaboración de melodías complejas que reafirman la atmósfera totalmente épica de la cinta.

La Odisea es un ejercicio de cine monumental que demuestra que la escala colosal no tiene por qué estar peleada con las ideas, la claridad expositiva y la inteligencia del público. Una obra que rescata el texto clásico y lo revitaliza de una forma magnífica.

 

 

Roberto Marcelo Vera