La principal fiesta folklórica de La Paz se inscribe en la economía naranja porque atrae miles de turistas del interior del país y del extranjero
Fuente: El Diario
La Festividad del Señor Jesús del Gran Poder, considerada una de las expresiones culturales más importantes de Bolivia, no solo representa devoción y tradición, sino también una de las mayores dinámicas económicas del país, según el comunicador especializado en cultura y folklore, Carlos Navia, durante una entrevista en el programa ECONOMÍA Y EMNPRESA del Canal YOUTUBE EDI TV BOLIVIA, donde desglosó el impacto financiero que genera esta celebración en la ciudad de La Paz.
Navia destacó que el Gran Poder ha evolucionado de una manifestación religiosa a un complejo circuito económico que involucra a miles de actores, desde bordadores, músicos y danzarines, hasta organizadores, comerciantes y prestadores de servicios. “Estamos hablando de una industria cultural que mueve anualmente cerca a 800 millones de dólares”, señaló.
Uno de los principales componentes del gasto se concentra en los conjuntos folklóricos, donde cada fraternidad invierte sumas significativas en vestimenta, coreografía y logística. Según explicó, los trajes pueden costar desde 1.000 hasta más de 5.000 bolivianos por bailarín, dependiendo de la danza y el nivel de ostentación. Si se considera que algunas fraternidades superan los mil integrantes, la inversión total en indumentaria alcanza cifras millonarias.
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A esto se suma el gasto en música. Navia indicó que la contratación de bandas es otro de los rubros más importantes, con tarifas que pueden oscilar entre 5.000 y 20.000 dólares por agrupación, dependiendo de su prestigio. En muchos casos, una sola fraternidad contrata varias bandas para acompañar su recorrido, lo que eleva significativamente el gasto total.
La organización del evento también implica costos relevantes. Desde la obtención de permisos, logística de recorridos, seguridad, alimentación y bebidas, hasta la contratación de escenarios y equipos de sonido, todo forma parte de una estructura económica que se activa durante meses previos a la festividad. “No es solo el día de la entrada, es una cadena de actividades que dinamiza la economía durante todo el año”, remarcó el comunicador.
Navia también enfatizó el impacto indirecto en sectores como la hotelería, gastronomía y transporte. Durante los días de celebración, La Paz recibe a miles de visitantes nacionales e internacionales, lo que genera una alta demanda de servicios. Este flujo turístico incrementa los ingresos de pequeños y medianos negocios, consolidando al Gran Poder como un motor económico clave.
Otro aspecto relevante es el movimiento financiero interno dentro de las fraternidades. Los aportes de los pasantes, padrinos y bailarines representan una importante circulación de dinero. En muchos casos, los pasantes asumen gastos que pueden superar fácilmente los 50.000 dólares, especialmente en lo que respecta a recepciones, bandas y bebidas.
En ese sentido, Navia subrayó que el Gran Poder refleja una forma particular de economía basada en el prestigio social y la reciprocidad cultural. “Aquí no solo se gasta por consumo, sino por reconocimiento, por identidad y por pertenencia”, explicó.
Finalmente, el comunicador sostuvo que esta festividad debe ser entendida como una industria cultural estratégica, que merece políticas públicas de apoyo y regulación para potenciar su impacto económico sin perder su esencia tradicional.
La Festividad del Gran Poder no solo reafirma la identidad cultural boliviana, sino que también demuestra cómo la cultura puede convertirse en un eje de desarrollo económico sostenible, generando empleo, movimiento financiero y oportunidades para miles de familias.
Fuente: El Diario




