Belleza con propósito


Hay momentos en los que un país necesita mirarse en el espejo y descubrir que todavía existen razones para sentirse orgulloso. No hablo solamente de los grandes acontecimientos de nuestra historia, ni de las hazañas deportivas, artísticas o científicas que de tanto en tanto nos recuerdan que Bolivia es mucho más que sus problemas. Hablo también de esas personas que, sin ocupar cargos públicos ni disponer de grandes estructuras de poder, consiguen proyectar hacia afuera una imagen distinta de lo que somos. Vanessa Kraljevic Borda es, en estos días, una de ellas.

 



A sus 23 años, Vanessa no llegó al Miss Mundo 2026 solamente como una mujer extraordinariamente bella. Llegó con una historia, una formación y, sobre todo, con una causa. Nacida en Santa Cruz de la Sierra y criada en Cochabamba, estudió Religión, Política y Sociedad en King’s College London y posteriormente se graduó en Derecho en el Reino Unido. Habla español, inglés e italiano, es escritora, cantante, pianista, deportista y modelo, y ha tenido experiencias internacionales que incluyen incluso una participación en New York Fashion Week. Pero acaso lo más importante de su hoja de vida no figure en ninguna pasarela: comenzó su trabajo social cuando tenía apenas 13 años.

 

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Su proyecto se llama The right to real education, el derecho a una educación real, y nació de una convicción sencilla, pero profundamente poderosa: la educación puede cambiar el destino de una persona. Vanessa ha contado que perdió a su padre cuando era bebé y que pudo observar cómo la educación permitió a su madre construir una vida digna y darle un futuro. A partir de esa experiencia comprendió que aquello que había sido una oportunidad para ella podía convertirse también en una oportunidad para otros niños y jóvenes que nacen en condiciones de vulnerabilidad. Su proyecto comenzó con pequeñas acciones comunitarias y fue creciendo hasta convertirse en una iniciativa con dimensión internacional.

 

Y aquí aparece una diferencia sustancial entre una reina de belleza convencional y una verdadera representante de la filosofía del Miss Mundo. La organización creó hace décadas el concepto Beauty with a purpose, Belleza con propósito, precisamente para que la belleza deje de ser un fin en sí mismo y se convierta en una plataforma para producir algún tipo de transformación social. Vanessa parece haber entendido perfectamente esa lógica. No se trata de utilizar una corona para exhibirse, sino de utilizarla para amplificar una causa.

 

Los resultados comienzan a ser concretos. A través de The right to real education, en alianza con Wonderly y Aldeas Infantiles SOS Bolivia, se consiguieron 20.000 becas de formación tecnológica para niños y adolescentes, mientras que 400 menores comenzaron a acceder a contenidos relacionados con programación, inteligencia artificial, diseño web y otras herramientas digitales. En el reciente desafío Head to Head del Miss Mundo, la propia organización destacó que el proyecto ya había ayudado a más de 1.250 personas.

 

No es un proyecto que se haya inventado para participar en un concurso. Esa es, probablemente, una de sus mayores fortalezas. Vanessa empezó a trabajar por la educación mucho antes de imaginarse como Miss Bolivia Mundo. A los 15 años organizó durante dos años un modelo de Naciones Unidas que reunió a más de 200 estudiantes; a los 16 lideró una campaña de reforestación en Tiquipaya en la que participaron más de 50 jóvenes y se plantaron más de un centenar de especies amenazadas. Y a los 22 años llevó su propuesta educativa al parlamento británico, donde fue seleccionada para representar a América Latina y consiguió llamar la atención de parlamentarios británicos.

 

La historia continuó durante su preparación para Miss Mundo. En Filipinas, por ejemplo, visitó una escuela, entregó materiales educativos a 106 estudiantes y desarrolló un taller sobre autoestima y confianza. Y hace pocas semanas publicó Tupak Inti y la Isla del Sol, un libro infantil inspirado en Bolivia que será incorporado como material educativo para los beneficiarios de sus programas de becas, combinando educación, identidad cultural, lectura y conciencia ambiental.

 

Pero hay algo más que merece ser destacado. Vanessa está compitiendo muy bien. El Miss Mundo 2026, que celebra su 75.º aniversario y se desarrolla en Vietnam, reúne a más de un centenar de representantes y cuenta con diferentes pruebas que permiten acumular méritos para la gran final. La boliviana ya consiguió una actuación especialmente destacada en el Head to Head Challenge, donde su historia personal y su defensa de la educación fueron recibidas favorablemente. Seguimientos especializados y medios vinculados al certamen la ubicaron entre las cinco mejores de la región de América y el Caribe, un resultado que constituye un avance histórico para Bolivia en esta competencia.

 

No sería prudente afirmar que Vanessa será Miss Mundo. Los concursos internacionales tienen componentes subjetivos, estratégicos y competitivos que hacen imposible anticipar un resultado. Pero tampoco sería sensato mirar su candidatura como una más. Su preparación académica, dominio de idiomas, capacidad de comunicación, experiencia internacional, proyecto social y desempeño en las primeras pruebas configuran un perfil competitivo. De hecho, algunos medios especializados ya la han colocado entre las candidatas fuertes de esta edición.

 

Por eso, pensar en Vanessa dentro del podio no es una fantasía patriótica ni una exageración de fanáticos de los concursos de belleza. Es una posibilidad perfectamente razonable. Y acaso lo más importante sea que, independientemente de si termina primera, segunda, tercera o en cualquier otra posición, ya consiguió algo que no aparece en ninguna tabla de resultados. Consiguió que Bolivia sea vista por razones distintas a las habituales. Porque mientras nosotros asistimos, casi impotentes, a la construcción cotidiana de una imagen internacional asociada a la crisis económica, la inestabilidad política, los bloqueos, la corrupción, el narcotráfico, el contrabando y la inseguridad, una joven boliviana está hablando ante el mundo de educación, esfuerzo, resiliencia, cultura, derechos, infancia y esperanza. No es una contraparte menor.

En los últimos meses, las noticias internacionales sobre Bolivia han estado dominadas por conflictos políticos, protestas, bloqueos y una creciente preocupación por la expansión del crimen organizado y las redes vinculadas al narcotráfico en algunas zonas fronterizas. Incluso recientemente se han registrado episodios de violencia relacionados con organizaciones criminales brasileñas en territorio boliviano. Es verdad que esa realidad existe y sería irresponsable ocultarla. Bolivia tiene enormes problemas que deben ser enfrentados con instituciones sólidas, políticas públicas eficaces y mucha voluntad política. Pero un país no es solamente sus malas noticias. Una nación también es aquello que sus ciudadanos son capaces de hacer cuando nadie los obliga a hacerlo.

Y allí aparece Vanessa. En un momento en que Bolivia necesita desesperadamente recuperar autoestima, ella nos recuerda que también podemos ser reconocidos por nuestra capacidad, nuestra inteligencia, nuestra solidaridad y nuestra voluntad de construir. Mientras otros proyectan hacia afuera la imagen de un país atrapado en sus conflictos, ella proyecta la de una Bolivia joven, preparada, cosmopolita, solidaria y orgullosa de sus raíces.

 

Quizás por eso el verdadero significado de esta participación no esté en una corona azul, por importante que pueda ser. Está en el mensaje. En demostrar que la belleza puede tener contenido, que la juventud puede tener propósito y que representar a Bolivia puede significar mucho más que desfilar con una banda cruzada sobre el pecho. Vanessa Kraljevic Borda no necesita ganar el Miss Mundo para darnos una buena noticia. Pero si logra subir al podio, como hoy parece perfectamente posible, no será solamente Vanessa quien suba esos tres escalones. Subirá con ella una Bolivia distinta, la Bolivia que estudia, que trabaja, que crea, que ayuda, que sueña y que todavía tiene algo que decirle al mundo. Y en estos tiempos, créanme, eso es una forma sublime de belleza.