Por Fernando Romero, economista
1. Comportamiento y dinamismo del dólar oficial y del USDT entre enero y agosto de 2026
Dólar oficial
El comportamiento del dólar oficial durante 2026 muestra un cambio estructural de régimen, no una simple fluctuación diaria. Hasta mediados de año predominaba una cotización administrada alrededor de Bs. 6,96 por dólar; posteriormente, con el régimen flexible, el precio comenzó a ajustarse hacia las condiciones de mercado. El BCB registra una trayectoria que pasó de Bs. 9,86 a inicios de julio a niveles superiores a Bs. 12 durante los primeros días de agosto. El máximo observado en esta fase llegó a Bs. 12,15 el viernes 31 de julio, para luego producirse una apreciación del boliviano hasta Bs. 11,52 el 21 de agosto. Posteriormente, el dólar volvió a recuperar terreno y el tipo de cambio vigente al 31 de agosto se situó en los Bs. 11,92, según el último reporte del BCB. Esto significa que el mercado ha pasado de un esquema de precio prácticamente fijo a uno mucho más dinámico. La caída de agosto no debe interpretarse todavía como una estabilización definitiva, sino como una fase de corrección dentro de un mercado que continúa buscando su nuevo equilibrio.
USDT / dólar digital
El USDT ha funcionado durante 2026 como un termómetro prácticamente diario de la demanda privada de dólares, aunque técnicamente no es el dólar estadounidense ni constituye una cotización oficial. Su página oficial señala que su referencia se obtiene de operaciones P2P de Binance y que su precio refleja las condiciones de oferta y demanda de divisas en ese mercado. En enero, el USDT comenzó alrededor de Bs. 9,69, descendiendo hasta aproximadamente Bs. 9,04 a finales de ese mes. Posteriormente subió: alcanzó alrededor de Bs. 10,09 en mayo, Bs. 9,92 en junio y aproximadamente Bs. 10,02 a comienzos de julio. En agosto se produjo un fuerte movimiento: el 14 de agosto cerró cerca de Bs 11,48, mientras que al 30 de agosto las referencias disponibles lo ubican alrededor de Bs. 11,90-11,96, prácticamente alineado con el oficial de Bs. 11,92. Nuestra lectura es que el USDT está mostrando una convergencia extraordinariamente importante entre el mercado paralelo/digital y el mercado oficial, pero esta convergencia todavía depende de que se mantenga suficiente oferta de divisas.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
2. ¿Por qué vuelve a subir el dólar oficial nuevamente?
Causa 1: La escasez estructural de dólares sigue siendo el problema fundamental
La primera causa es la insuficiente oferta estructural de divisas. Las RIN pueden alcanzar aproximadamente $us. 4.435 millones, pero solamente unos $us. 759 millones serían divisas, lo que significa que el monto inmediatamente utilizable para atender una demanda adicional de dólares es considerablemente menor que la cifra total de reservas; además, nuestras reservas liquidas son insuficientes para afrontar la importación de combustibles, pago de deuda externa y menos equilibrar el mercado cambiario. En este contexto, cualquier incremento de la demanda de divisas —importadores, empresas, hogares o ahorristas— genera presión sobre el tipo de cambio. El propio FMI identifica como problemas centrales de Bolivia la reducción de reservas, los déficits fiscales persistentes, la menor producción de hidrocarburos y las distorsiones cambiarias. Por ello, interpreto los cuatro días de aumento del dólar más como una corrección de mercado ante una oferta todavía insuficiente que como un fenómeno puramente especulativo. La convergencia del USDT con el oficial tampoco elimina este problema: simplemente demuestra que ambos mercados están encontrando un precio cercano, o eso al menos es lo que se evidencia.
Sin embargo, hay que recordar que nuestro país tiene un problema estructural importante, es muy poco atractivo para atraer inversiones (dólares) y su capacidad de generar divisas también es limitada, entre varias razones por su actual proceso recesivo.
Causa 2: Combustibles y demanda de dólares están directamente relacionados
La segunda causa es la crisis de abastecimiento de combustibles, porque Bolivia necesita dólares para importar gasolina, diésel y otros productos energéticos. Cuando existen dificultades para pagar importaciones o para garantizar el suministro, aumenta simultáneamente la demanda de divisas y la incertidumbre de empresas y consumidores. El FMI identifica la disminución de la producción de hidrocarburos como uno de los factores que han debilitado la posición externa boliviana. El problema es particularmente importante porque los combustibles son un insumo transversal: transporte, agricultura, industria, comercio y logística dependen de ellos. Por tanto, una crisis de carburantes puede convertirse rápidamente en una crisis cambiaria y posteriormente en una crisis inflacionaria, porque el empresario termina trasladando mayores costos a precios. Esta relación explica por qué la evolución del dólar y la disponibilidad de combustibles deben analizarse conjuntamente.
Causa 3: Expectativas, incertidumbre política y espera por financiamiento externo
La tercera causa es la combinación de expectativas cambiarias, incertidumbre política y demora en la materialización del financiamiento externo. El acuerdo técnico con el FMI contempla aproximadamente $us 1.900 millones, pero está
sujeto a aprobación del Directorio Ejecutivo y al cumplimiento de acciones previas. Por tanto, esos recursos no deben contabilizarse como dólares disponibles hasta que efectivamente ingresen. Mientras exista incertidumbre sobre su llegada y sobre la capacidad del Gobierno para ejecutar el ajuste fiscal, agentes económicos pueden anticiparse comprando dólares o USDT. Esto genera una dinámica de expectativas: si la gente cree que el dólar subirá, aumenta hoy la demanda de dólares y contribuye a que efectivamente suba. No descartaría la especulación, pero la considero un factor amplificador, no la causa fundamental. La raíz continúa siendo la escasez de divisas y la incertidumbre respecto a la capacidad del Estado para corregirla.
3. ¿Cómo afectará la inestabilidad cambiaria a la economía y al poder adquisitivo?
Consecuencia 1: Mayor inflación y pérdida del poder adquisitivo
La primera consecuencia será una mayor presión sobre los precios, especialmente de productos importados o que utilizan insumos importados. Si el dólar pasa, por ejemplo, de Bs. 11,92 a Bs. 12,50, el incremento sería aproximadamente 4,9% en el costo de la divisa; esto no significa que todos los precios aumenten 4,9%, pero sí genera presión sobre costos empresariales. Bolivia ya viene de una inflación de 20,4% en 2025, y el BCB proyecta alrededor de 9,22% para 2026, por lo que una nueva depreciación puede dificultar la desinflación. El impacto será mayor en alimentos, medicamentos, maquinaria, repuestos, tecnología y bienes importados. En términos simples: cada boliviano compra menos bienes cuando los precios suben más rápido que los ingresos. Por ello, la estabilidad cambiaria es también una política social.
Consecuencia 2: Aumento de costos, menor producción y riesgo de más recesión
La segunda consecuencia será sobre las empresas y la actividad económica. Bolivia importa una parte importante de sus insumos, maquinaria, combustibles y bienes intermedios, por lo que una depreciación aumenta los costos de producción. Las empresas pueden responder elevando precios, reduciendo márgenes, disminuyendo producción o postergando inversiones. Esto es especialmente preocupante porque el PIB ya presenta una trayectoria contractiva y el BCB proyecta una caída cercana a −3,6% en 2026. En consecuencia, puede aparecer una combinación especialmente negativa: dólar más caro + inflación + menor producción + menor empleo. El problema se agrava porque una economía con menor producción genera menos ingresos tributarios y menos capacidad de generar dólares mediante exportaciones. Por ello, la inestabilidad cambiaria puede terminar reforzando el mismo desequilibrio que la origina. Todo esto se complica aun mucho más si es que no se resolvería la crisis energética que actualmente estamos viviendo por la falta de carburantes.
Consecuencia 3: Mayor dolarización de facto y deterioro de la confianza
La tercera consecuencia puede ser una mayor dolarización de facto de las decisiones económicas. Cuando las personas perciben que el boliviano pierde valor, buscan proteger sus ahorros mediante dólares físicos, USDT, bienes duraderos u otros activos. Nuestro análisis reconoce precisamente que el USDT se utiliza en Bolivia como refugio de valor ante las dificultades de acceso a dólares físicos.
Esto puede generar un círculo complicado: menos confianza en el boliviano → mayor demanda de dólares → mayor presión cambiaria → mayor expectativa de depreciación → todavía mayor demanda de dólares. En términos financieros, esto se denomina una dinámica de expectativas autorrealizables. Si además las reservas líquidas son reducidas, el BCB tiene menor capacidad para romper ese círculo mediante intervención. Por eso, la confianza debe reconstruirse con resultados concretos y no solamente con anuncios.
4. ¿Son los créditos externos la única salida a corto plazo para la crisis cambiaria?
No, plenamente. Los créditos externos son necesarios y muy importantes en la transición, pero no constituyen la única salida ni pueden convertirse en la solución permanente. El acuerdo técnico con el FMI por aproximadamente $us. 1.900 millones puede proporcionar un puente de liquidez y, además, catalizar un paquete financiero superior a $us. 5.000 millones durante el programa. Sin embargo, endeudarse para financiar permanentemente un déficit fiscal o una demanda estructural de dólares simplemente posterga el problema. Bolivia necesita combinar financiamiento externo con generación inmediata de divisas, recuperación de exportaciones, mayor inversión privada, monetización eficiente de activos externos, reducción de la demanda de dólares asociada a combustibles y disciplina fiscal.
El crédito debe servir para comprar tiempo y reconstruir reservas, no para consumirlas posteriormente. Además, la llegada de financiamiento depende de condiciones institucionales y políticas. Por ello, considero que la estrategia correcta es financiamiento externo + ajuste fiscal + generación de divisas + recuperación productiva, y no financiamiento externo como única respuesta. El objetivo debe ser que dentro de 12-24 meses Bolivia necesite menos crédito externo para sostener su mercado cambiario.
5. Tres políticas económicas para estabilizar el mercado cambiario en Bolivia
Política 1: Programa extraordinario de generación y repatriación de divisas
El Gobierno debería implementar un Programa de Liquidez Externa de Emergencia de 12 meses, destinado a aumentar rápidamente la oferta de dólares sin recurrir exclusivamente a las RIN. Debe incluir incentivos
temporales para que exportadores repatríen y mantengan en el sistema financiero boliviano una proporción mayor de sus ingresos externos. También deberían acelerarse las devoluciones tributarias a exportadores, facilitarse operaciones de comercio exterior y eliminarse trabas administrativas que retrasen el ingreso de divisas. Deben priorizarse minería, agroindustria, manufactura, servicios exportables, hidrocarburos y turismo. Paralelamente, deben generarse mecanismos transparentes para canalizar remesas hacia el sistema financiero formal. El objetivo no debe ser obligar administrativamente a vender dólares, sino hacer económicamente atractivo traerlos y mantenerlos dentro del sistema financiero nacional. Esto permitiría aumentar la oferta de divisas sin consumir reservas y ayudaría a reducir la presión sobre el tipo de cambio.
Política 2: Resolver el problema de combustibles reduciendo su demanda de dólares
La segunda medida debe ser una reforma integral y fiscalmente sostenible del mercado de combustibles, porque actualmente constituye uno de los principales canales de salida de divisas. La solución no consiste simplemente en mantener precios subsidiados y utilizar reservas para importar combustible, porque eso transforma las RIN en financiamiento de consumo corriente. Debe realizarse una transición gradual hacia precios más próximos a los costos internacionales, acompañada de transferencias focalizadas para transporte público, productores y hogares vulnerables. Simultáneamente, YPFB debe acelerar producción nacional, exploración y sustitución de importaciones donde sea económicamente viable. La reducción del contrabando también debe ser prioritaria porque representa una salida de combustible subsidiado y, directa o indirectamente, de recursos públicos. El objetivo debe ser disminuir la cantidad de dólares necesarios para garantizar el abastecimiento. Menor factura de importación de combustibles = menor demanda de dólares = menor presión sobre las RIN y el tipo de cambio.
Política 3: Regla fiscal-cambiaria y estabilización de expectativas
La tercera medida debe ser establecer un ancla fiscal y monetaria creíble, porque ninguna intervención cambiaria será sostenible si el déficit público continúa generando fuertes necesidades de financiamiento. El FMI plantea precisamente avanzar hacia sostenibilidad fiscal, fortalecer el marco monetario y mantener el compromiso de cero financiamientos monetarios del déficit fiscal. El Gobierno debería establecer metas trimestrales de déficit, financiamiento interno, deuda y reservas líquidas, publicando su cumplimiento de manera transparente. El BCB debe conservar autonomía operativa para utilizar sus instrumentos monetarios y cambiarios sin presiones fiscales. Al mismo tiempo, el mercado debe recibir información periódica sobre RIN líquidas, flujos de divisas y operaciones cambiarias. Esto reduciría rumores y expectativas devaluatorias. La finalidad no es fijar artificialmente el dólar en Bs. 11,92, sino hacer creíble que el tipo de cambio podrá fluctuar sin convertirse en una espiral de depreciación.
Conclusión general
La situación cambiaria de Bolivia al 31 de agosto de 2026 puede calificarse como más estable que durante los momentos de mayor brecha, pero todavía vulnerable y lejos de estar estructuralmente resuelta. El dólar oficial se encuentra alrededor de Bs. 11,92, mientras el USDT/paralelo está prácticamente en el mismo nivel, lo que constituye una señal positiva de convergencia. Sin embargo, la existencia de solo $us. 759 millones en divisas dentro de unas RIN de $us. 4.435 millones limita el margen de defensa ante nuevos shocks. El problema fundamental continúa siendo la insuficiente generación neta de dólares. La eventual llegada de $us 1.900 millones del FMI puede aliviar significativamente la restricción de liquidez, pero no reemplaza la necesidad de reformas internas. Si el déficit fiscal, la importación de combustibles y la incertidumbre continúan presionando la demanda de divisas, el dólar podría volver a subir. Por ello, el objetivo no debe ser simplemente mantener el dólar en Bs. 11,92, sino crear las condiciones para que ese precio sea sostenible sin sacrificar reservas. La política económica debe concentrarse simultáneamente en disciplina fiscal, generación de divisas y recuperación productiva. Si esas tres variables mejoran, la estabilidad cambiaria puede consolidarse; si no, la actual convergencia entre el oficial y el paralelo podría ser solamente temporal o una mera ilusión de mercado.
