Convertir al presidente Paz en el estadista que Bolivia necesita


No queremos formar parte del grupo de personas apocalípticas y alarmistas que alimentan el malestar general, profundizan la incertidumbre y parecen encontrar en cada dificultad una razón más para anunciar el desastre. Bolivia atraviesa, sin duda, uno de los momentos políticos, sociales y económicos más delicados de los últimos años, pero precisamente por ello debemos hacer un alto en los malos presagios y tratar de encontrar una luz al final del túnel.

La realidad es demasiado grave como para contribuir a ella con más confrontación, violencia verbal o llamados irresponsables a romper el orden democrático. Tampoco podemos ignorar las señales de malestar que se agravan día a día y provienen de distintos sectores de la sociedad ni las advertencias de quienes parecen apostar por la convulsión como mecanismo de presión política. Los fantasmas de nuevos episodios de violencia y enfrentamiento no pueden convertirse en una profecía que nosotros mismos terminemos haciendo realidad.



Por eso, hoy más que nunca, hacen falta voces serenas. Voces que no pretendan ocultar los errores del Gobierno, pero que tampoco quieran convertir cada error en una sentencia definitiva contra la democracia.

Defender la democracia no significa defender incondicionalmente a un gobierno. Significa exigirle que gobierne mejor.

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El presidente Rodrigo Paz tiene todavía la posibilidad de transformar este momento crítico en una oportunidad histórica. Pero para ello necesita comprender que gobernar una nación no consiste solamente en administrar urgencias, enfrentar conflictos o responder a las presiones del día a día. Gobernar significa conducir al país hacia un horizonte compartido, generar confianza y construir las condiciones para que los bolivianos recuperen la esperanza.

Y aquí aparece una responsabilidad que corresponde directamente al Presidente: escuchar más. Escuchar a quienes lo apoyan, pero sobre todo a quienes discrepan. Escuchar a los ciudadanos que sufren las consecuencias de la crisis, a los productores, empresarios, trabajadores, jóvenes, profesionales, académicos y organizaciones sociales. El poder puede rodear a un gobernante de información, pero solamente la sociedad puede ofrecerle una visión completa de lo que realmente está ocurriendo en el país.

Rodrigo Paz tiene experiencia política y conoce el funcionamiento del poder. Lo que Bolivia necesita ahora es algo más: visión de Estado, humildad para reconocer errores y capacidad para convocar a los mejores para reestructurar su gabinete ministerial.

Ningún presidente puede enfrentar solo una crisis de estas dimensiones. Bolivia dispone de profesionales, técnicos en diferentes especialidades y ciudadanos con experiencia y conocimiento que pueden contribuir a encontrar las soluciones que el país demanda en este momento crucial.

Un verdadero estadista no teme rodearse de personas inteligentes, independientes y capaces de decirle aquello que no quiere escuchar. Por el contrario, las busca. La lealtad que necesita un Presidente en tiempos difíciles no es la obediencia de sus colaboradores, sino la honestidad de quienes se atreven a advertirle cuando se está equivocando.

Este podría ser el momento para que el Presidente convoque a un gran equipo nacional de expertos y personalidades de reconocida trayectoria, sin mirar colores políticos. Una suerte de Consejo Nacional de Orientación Estratégica, capaz de aportar propuestas concretas para la recuperación económica, la estabilidad política, la seguridad, la institucionalidad y el desarrollo sostenible. Y por supuesto, muy importante: lograr un Acuerdo Nacional con los frentes políticos con representación en la ALP.

Porque hay algo que todos los bolivianos debemos entender: si al Gobierno le va mal, a Bolivia le va mal. No perderá solamente el Presidente; perderemos los ciudadanos, los trabajadores, los productores, las familias, las empresas y, sobre todo, perderán las futuras generaciones.

Los ciudadanos tenemos derecho a exigir, cuestionar, protestar y señalar los errores del poder. Pero también tenemos la responsabilidad de defender las instituciones democráticas y de aportar soluciones. La crítica sin propuesta puede alimentar el desaliento; la propuesta sin crítica puede convertirse en complacencia. Bolivia necesita ambas: ciudadanía vigilante y ciudadanía constructiva.

Por eso nuestra propuesta no es convertirnos en defensores del presidente Paz. Es algo mucho más importante: ayudar a que el Presidente se convierta en el estadista que Bolivia necesita.

Todavía está a tiempo.

El verdadero poder de un estadista nace cuando tiene la grandeza de escuchar a todos, reconocer sus errores, corregir el rumbo y poner los intereses de la nación por encima de los intereses de su gobierno.

Bolivia no necesita otro caudillo. Necesita un estadista.

Y los más de once millones de bolivianos tenemos el derecho, y también la responsabilidad, de exigir que esté a la altura del momento histórico que le ha correspondido conducir