Cronos y Kairós: La crisis energética en Bolivia ante el dilema del tiempo


 

El idioma griego antiguo distingue el concepto de “tiempo” mediante dos términos claramente diferenciados. El primero es Cronos, el tiempo cronológico y lineal —el del reloj y el calendario—que mide el devenir en el mundo macroscópico y del cual derivan palabras como crónica, cronómetro y cronología. El segundo es Kairós, el tiempo cualitativo o el “momento propicio”, aquel tiempo del alma donde la oportunidad se hace presente para la toma de decisiones trascendentales. Este último aparece en la tradición bíblica al referirse a la “hora de Jesús”, un instante que trasciende la medida del reloj, y se encuentra explícitamente diferenciado en pasajes como Hechos 1,7. Una distinción similar ocurre en el hebreo, donde los conceptos equivalentes son Zeman y ‘et.

Es posible que, detrás de la actual crisis energética en Bolivia —que hoy afecta principalmente a los hidrocarburos, pero que mañana comprometerá toda nuestra seguridad energética—, se esconda una confusión profunda entre estos dos conceptos.



Hace doce años era evidente que las reservas de gas en Bolivia estaban en declive y que resultaba imperativo tomar medidas correctivas, especialmente incentivando la exploración con capital de riesgo. Sin embargo, no se actuó o se hizo de manera equivocada e insuficiente. El Cronos siguió su curso inexorable y, año tras año, arribamos a la situación catastrófica actual, donde los ingresos por exportación de gas son inferiores a las remesas de los bolivianos en el exterior y resultan insuficientes para cubrir la importación de carburantes. No solo se dejó pasar el tiempo lineal (Cronos) sin una gestión adecuada, sino que se desperdició el momento oportuno (Kairós) para implementar reformas estructurales: seguridad jurídica, sinceramiento de las tarifas energéticas y un Plan de Transición Energética hacia fuentes renovables.

Hoy, bajo la actual administración, parece que nos enfrentamos a la misma disyuntiva: permitir que el Cronos consuma nuestro futuro mientras se desperdicia la oportunidad (Kairós) que el cambio de gobierno otorgó.

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Analicemos dos casos emblemáticos. Hace más de un mes se anunció una nueva Ley de Electricidad para reemplazar la obsoleta —aunque pionera— Ley 1604 de 1994. La nueva norma prometía incentivar la inversión no estatal en todas sus componentes y dotar de autonomía a la agencia de fiscalización. Sin embargo, el tiempo se ha diluido en procesos burocráticos de redacción, revisión y socialización, perdiéndose la oportunidad política de una aprobación ágil y una pronta puesta en vigor, con su constelación de reglamentos.

De igual manera, la postergada modificación de la Ley de Hidrocarburos representa un fracaso similar. La propuesta técnica original del vituperado ex ministro Medinaceli, que buscaba prioritariamente reformar el sistema tributario y eliminar las barreras de la Ley 3058, sin llegar a revisar las camisas de fuerza de la Constitución, para atraer inversión en exploración, ha quedado estancada en una parálisis administrativa. El tiempo (Cronos) sigue corriendo sin que nada suceda, pero, más grave aún, la ventana de oportunidad (Kairós) para que la opinión pública acepte y respalde estas necesarias modificaciones parece haberse cerrado, quizás definitivamente, a causa también de la ruptura de las imprescindibles alianzas políticas en la Asamblea Legislativa.

La conclusión es desoladora: si persistimos en la inacción, el futuro (Cronos) solo nos deparará una crisis de mayor profundidad, sin la posibilidad de recuperar aquellas oportunidades (Kairós) que ya hemos dejado escapar.