En un semestre, el poder de compra del salario mínimo cae hasta un 29%


El ingreso mínimo pasó de Bs 2.750 a Bs 3.300 en 2026, pero la depreciación del boliviano redujo su equivalente de $us 395 a unos $us 279. La inflación y el encarecimiento de los productos también presionan el presupuesto de los hogares. La crisis persiste mientras las familias se ajustan el cinturon.

En un semestre, el poder de compra del salario mínimo cae hasta un 29%

El costo de vida se sigue incrementando en el país | Fuad Landívar

Fuente: El Deber



Por Ernesto Estremadoiro Flores

 

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Son las 10:30 de la mañana y Teodosia Sánchez llega al mercado con una lista muy corta de compras. Con un par de billetes de cortes de Bs 20 y Bs 10 va por pollo y algunas verduras para preparar el almuerzo.
Hace unos años, una compra con similar presupuesto podía incluir un gusto adicional como un postre o fruta de temporada. Eran otros tiempos. Pero hoy Teodosia tiene que mirar los precios, comparar y calcular para cuanto alcanzarán los billetes.

“Los precios están muy caros y nuestros sueldos no suben”, sostiene la mujer, mientras cuenta que su hogar lo integran cuatro personas.

Este año el salario mínimo nacional pasó de Bs 2.750 a Bs 3.300, un incremento nominal del 20%. Sin embargo, la fuerte variación del tipo de cambio redujo de manera significativa el valor de esos ingresos cuando se los mide en dólares. Con el dólar a Bs 11,83, los Bs 3.300 equivalen a unos $us 279, frente a los $us 395 que representaban los Bs 2.750 cuando el dólar se cotizaba a Bs 6,96.

La diferencia implica una pérdida de aproximadamente 29,4% del valor del salario mínimo expresado en dólares, pese al aumento nominal del 20% en bolivianos.

La depreciación de la moneda nacional tiene efectos sobre los precios internos, en una economía que depende de productos, insumos y bienes importados. Si bien la inflación interanual se moderó hasta 9,23% a junio de 2026, esto no significa que los precios hayan vuelto a los niveles anteriores.

“Antes comprábamos más, pero ahora todo está caro. No alcanza el sueldo, hay que estirarlo”, asegura Teodosia. La mujer recuerda que antes podía comprar carne con mayor frecuencia. Incluso preparar un churrasco para la familia. Ahora, aquello es un lujo.

Sus hijos trabajan a medio tiempo y ayudan en la casa. Aun así, el presupuesto familiar tiene que ser administrado con cuidado.

La compra del día vuelve a poner sobre la mesa una palabra que por meses aparece, en los informes oficiales y en los análisis de expertos: el poder adquisitivo.

Las familias no conocen su definición técnica, pero la viven y la describen así: “La plata ya no

alcanza”.
Hoy el salario nominal cuenta solamente una parte de la historia. La otra es cuánto puede comprarse con esos bolivianos.

Bolivia cerró 2025 con una inflación de 20,40%, uno de los mayores golpes recientes al poder de compra de los hogares. A junio de 2026, la inflación interanual se redujo a 9,23% y el Banco Central proyecta una inflación de 9,22%.

La cifra puede parecer contradictoria respecto a lo que cuentan los consumidores.  Pero no lo es.
Que la inflación baje no significa que bajen los precios. Siguen aumentando, pero a menor ritmo.

Por ejemplo, si una familia pagaba Bs 10 por un producto y ese precio subió a Bs 15, una posterior desaceleración de la inflación no devuelve el producto a Bs 10.

Ese nuevo nivel de precios queda incorporado a la economía. Ahí  es donde aparece el desfase entre ingresos y el costo de vida.
“Antes Bs 100 alcanzaban”

Freddy Andrade tiene 65 años y continúa trabajando. Se dedica a arreglar zapatos. Su trabajo depende de materiales cuyos precios también subieron.

Para él, la inflación se puede medir sin leer ningún informe.
Se mide con un billete de Bs 100. “Antes con 100 pesos compraba para toda la semana; ahora eso alcanza para un día”, explica.

Freddy vive con su esposa. Tiene hijos mayores, pero continúa ayudándolos. La edad no le permite retirarse de las responsabilidades económicas.

“Vivo con mi esposa, pero debo seguir trabajando y siempre hay que ayudar a los hijos”, agrega.Ese día la compra vuelve a ser selectiva: papa, cebolla y un pollo entero. Nada sobra.“Me cuesta llegar a fin de mes”, añade. También en su actividad laboral siente el encarecimiento. “Los materiales no alcanzan”, remata.

Hay otra manera de medir la pérdida del poder adquisitivo. No está en cuánto compra una familia, sino en aquello que deja de comprar.

Una de las personas consultadas por EL DEBER cuenta que todavía puede llegar a fin de mes. Pero la forma de vivir cambió.

Antes salía una vez por semana con toda la familia. Ahora no.
Antes ahorraba. Pero hoy no. Agrega resignado:“Al paso que vamos, no creo que podamos avanzar en el país”.

En términos económicos, eso también representa una pérdida de bienestar.

Informe del Banco Central

La presión sobre los hogares ocurre mientras la economía boliviana enfrenta una contracción. El PIB acumuló una caída de 3,34% al primer semestre de 2026 y el BCB proyecta una contracción de alrededor de 3,6% para todo el año.

Las actividades más golpeadas son precisamente algunas que generan una importante cantidad de empleos: la construcción cayó 27,3%, el transporte y las comunicaciones 9,5%, el comercio 8,6% y la industria manufacturera 7,7%.

Al mismo tiempo, la población ocupada urbana disminuyó en unas 205.000 personas respecto al primer semestre de 2025.

El deterioro aparece en la calidad y disponibilidad del trabajo.
La subocupación llegó al 8,21% y la tasa global de subutilización laboral al 11,43%.

Y cerca de 3,2 millones de trabajadores urbanos, equivalentes al 69,7% de la población ocupada, está ahora en el sector informal.

Este último dato obliga a poner una precisión sobre la mesa.
El aumento del salario mínimo no significó un aumento de ingresos para los trabajadores.

El efecto de la inflación sobre los ingresos termina reflejándose en la pobreza. Según datos del BCB la pobreza monetaria llegó al 44,7% de la población, lo que equivale a 5,4 millones de personas, como consecuencia del incremento de precios en 2025.
Para 2026, la estimación apunta a unos 5,7 millones de personas en situación de pobreza monetaria.

Son miles de historias detrás de una estadística. Algunas se parecen a la de Teodosia, que ahora elige mejor qué llevar a casa.

Otras se parecen a la de Freddy, que con 65 años todavía necesita trabajar y ayudar a sus hijos.
Y otras se parecen a la familia que dejó de ahorrar y redujo sus salidas porque el presupuesto no permite mantener el estilo de vida.
Análisis

El economista Darío Monasterio explica que el poder adquisitivo está directamente relacionado con la evolución de los precios y advierte que el problema en el país ha estado fuertemente influido por factores de oferta.

Uno de ellos fue el tipo de cambio. Según Monasterio, la subida del dólar —primero en el mercado paralelo, luego en el referencial y finalmente con la modificación del régimen cambiario— terminó trasladándose a los precios de numerosos bienes.

“Efectivamente tenemos una inflación, una pérdida del poder adquisitivo de los bolivianos, principalmente por el lado de la oferta”, sostiene.

Carlos Aranda, economista del Centro de Estudios Populi, advierte que la presión sobre los ingresos puede prolongarse si la economía no logra recuperar la producción y el empleo.

Para Aranda, la recuperación del poder adquisitivo depende de dos condiciones: contener definitivamente la inflación y reactivar la economía. Considera necesario un plan de reactivación que permita al sector privado recuperar actividad e inversión después del ajuste que debe hacer el Estado.

Teodosia guarda sus compras y vuelve a casa. Lleva lo necesario para el almuerzo, pero ya no alcanza para un gusto, como antes.

El salario puede haber subido en el papel. Pero en la mesa de muchas familias bolivianas, la cuenta es otra: el sueldo alcanza cada vez para menos.

Pobreza extrema se profundiza y golpea al 16,7% de los bolivianos

La pobreza extrema se profundizó en Bolivia durante 2025. El 16,7% de la población vivía en esta condición, de acuerdo con los resultados de la Encuesta de Hogares 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE). El indicador aumentó 3,9 puntos porcentuales respecto a 2024, cuando alcanzaba al 12,8% de la población.

En otras palabras, casi uno de cada seis bolivianos se encontraba en pobreza extrema en 2025.
La pobreza extrema es el nivel más severo de pobreza monetaria y, según la metodología del INE, identifica a las personas cuyo ingreso per cápita del hogar no alcanza para cubrir el costo de una canasta básica alimentaria.

El deterioro se produce en un contexto de fuerte incremento del costo de vida. Durante 2025, la inflación acumulada llegó al 20,4%, mientras que el ingreso laboral promedio aumentó bastante menos.

El ingreso laboral promedio pasó de Bs 3.330 en 2024 a Bs 3.624 en 2025, un incremento nominal de 8,8%.

El aumento fue de casi Bs 294 mensuales. Sin embargo, estuvo muy por debajo del incremento de los precios registrado durante el mismo periodo. Esto significa que el aumento de los ingresos no compensó el encarecimiento de bienes y servicios que deben de pagar las personas.