La salud entre el abandono y un sistema que exige cambios


 

La salud pública en general, es la contrariedad perenne para autoridades del gobierno nacional, subnacional y los municipios: insuficiente infraestructura de hospitales, sueldos atrasados, personal médico escaso, falta de capacidad instalada para recibir enfermos, tecnología obsoleta, y el consabido calvario para conseguir una consulta: enfrentar la adversidad de amanecidas lluviosas, frías, ventosas, con la ilusión de recibir atención oportuna.



Los primeros rayos del sol son testigos insobornables del temor y la ansiedad, porque no será raro que les digan “no tenemos sistema, o la desesperante sentencia: se acabaron las fichas para hoy”

Los médicos olvidan a veces que prestaron juramento solemne para proteger la salud de la población. No siempre son acertados en los diagnósticos, incluso prescriben medicación equivocada y, en el caso particular del sector público, sus recursos humanos son especialistas en movimientos huelguistas, y dominan argumentos, o pretextos, para provocar conflictos laborales. Se da el caso de un portavoz sindicatero afrentoso —ya lleva ocho años como dirigente del gremio— afirma no tener miedo a las consecuencias, y admite tener familiares en diferentes cargos, “porque ellos aportaron a las campañas políticas de quienes fueron elegidos”. Sordo a los lamentos, e impasible ante el peregrinar de los enfermos, se niega a medir las consecuencias.

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Como todo dirigente dice que hace, lo que piden las bases, en este caso los médicos, paramédicos y administrativos, todos pendientes ante algún equívoco, o la demora de pago de sus empleadores, para anunciar con insolencia un nuevo paro.

Que los médicos de la seguridad social y los centros de salud municipales entren en paro, no es novedad; lo insólito sería que se conmuevan ante las imágenes de una crudeza inhumana, tratamientos interrumpidos, ecografías y cirugías postergadas por meses, y para el día marcado: están en paro los médicos. ¡Vaya lujo de ilegalidad que se permiten los señores!

 No recibir sus legítimos derechos, de ninguna manera les autoriza cometer delitos. ¿Dónde está la Defensoría del Pueblo?

También hay mucho que decir sobre la salud privada, que, si bien la atención es mejor, se prioriza, como en toda empresa, recuperar la inversión, importa más el costo y las utilidades.

El saludo protocolar ha cambiado, ahora es más coloquial escuchar: ¡Hola, doctor, ¿cómo va el negocio! En este contexto se habla de un círculo que cierra: consulta previa a pago de honorarios, receta para comprar en farmacias que ponen precios a su antojo, estudios clínicos para comprobar, o descartar, y, cargando las placas y todo el papelerío reservar hora para la apresurada reconsulta. De esa manera, además, es darse cuenta de que el cuerpo humano está parcelado; los médicos que estudiaron medicina, solo saben lo concerniente a sus especialidades.

Los laboratorios farmacéuticos con su acoso persistente para promover medicamentos que tienen decenas de nombres comerciales.

Dicho sea de paso, los medicamentos, como los repuestos para vehículos y otros insumos importados, subieron de precio cuando el dólar paralelo se disparó hasta Bs 18, después bajó a Bs 9,70 y no pasó nada; ahora vuelven a subir de precio porque el dólar sobrepasó los 12 bolivianos. Se repite el paradigma: los ricos se harán más ricos y los pobres más pobres.

Unos se reúnen en fiestas frecuentes, otros deambulan en busca de camino, no tienen quien los proteja. ¿Dónde está la Defensoría del Pueblo?

 

Mario Malpartida

Periodista