Día que pasa, el gobierno enfrenta más turbulencia, hechos que suman y siguen, y elevan el costo político de su gestión, la gente empieza a pensar que podría llegar un nuevo fracaso; si bien tiene registro de resultados positivos, son insuficientes para alcanzar la mención de aceptable.
La percepción pública es más incrédula, su evaluación todavía es diversa y no concluyente. Algunos, opinan que la destrucción institucional que encontró (obra del anterior régimen), es alarmante, hasta ahora apenas puede retirar los escombros, y como tampoco aplica una purga sobre la burocracia contaminada, está difícil empezar a construir una nueva normalidad, en el camino de la recuperación económica y social.
Otros, opinan que a medida que pasa el tiempo, se ve más involucrado en hechos escandalosos; además, le falta habilidad para administrar de acuerdo a la exigencia apremiante, y su incapacidad para avanzar es notable.
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“Ni siquiera puede controlar el contrabando, más bien utiliza como argumento para reajustar el precio de la gasolina y el diésel, y esa ineptitud vergonzante la tiene que pagar el ciudadano”. En ese permanente escrutinio mental, todavía hay quienes piensan que la intención de los ministros es hacer las cosas de buena manera. Sin embargo, no pueden, la voluntad no alcanza, surgen dudas por la meritocracia que tanto recalcan.
Aguantar cincuenta y tres días de bloqueos, una indolencia altamente costosa; frente a esa realidad crítica, la reacción oficial llegó tarde y no estuvo a la altura del problema. Por el contrario, fue ocasión para admirar la resiliencia colectiva, obligada a soportar la humillación inferida por bolivianos de mala calaña. Una vez más quedó comprobado que, para los políticos es más fácil recurrir al alarde de quien dice saber cómo hacer, pero no hacerlo; y aún más, la habilidad de garantizar trabajo, capacidad, transparencia: “Dime de lo que presumes, te diré de lo que careces”
De lo que no existe duda es que, así como los gobiernos e instituciones comunistas y socialistas dieron incondicional apoyo al MAS, los gobiernos neoliberales se pronuncian a favor del Presidente Rodrigo Paz. La ideología manda sobre la gestión gubernamental, no interesa si es desastrosa o buena; depende de qué lado se mire el propósito que se tenga, la consigna política partidaria que manda.
Para nadie es un secreto que gobernar en tiempos de crisis no es fácil. La búsqueda de equilibrio en la sucesión de eventos y circunstancias es fundamental. En el intento de complacer a todos, a veces se termina por mezclar una de cal y una de arena: plantea que nada es perfecto. Que se permite alternar entre acciones contrarias, una buena y otra mala, o un acierto seguido de un tropiezo, la calma y el caos, una conquista seguida de un altibajo; cosas positivas con cosas negativas, pero avanzar, crear riqueza, aumentar el vivir bien.
Parece que, por ahora, es indispensable aumentar la cal. Si continúa predominando la arena, la gobernanza puede quedar sepultada por sus propios errores.
Mario Malpartida
Periodista
