Hacía mucho tiempo que no veía un divertimento académico como el que ha generado «Santa Cruz $.A.» de la Editorial Dum Dum, escrito por Stasiek Czaplicki Cabezas, Suzanne Kruyt, José Octavio Orsag Molina, Blanca Rivero Lobo y Huascar Salazar Lohman.
Fuente: Ideas Textuales
Convengamos que sobre lo que se proponga en esta materia, no hay ingenuidad por los antecedentes históricos, los 20 años de alineación masista y las dificultades que genera el centralismo en su papel de obstruir a la periferia, cualquiera sea su ideología.
Analizando el debate que se ha generado, que la mayoría reconoce no haber leído, han proliferado adjetivos descalificativos como en los mejores tiempos de la guerra fría y los enfrentamientos collas/cambas, produciendo una confusión digna de mejor suerte. La suspensión de la presentación del libro en su lugar original, movió un aparato comunicacional combinado entre una legítima molestia y el bordado fino de la oportunidad, para llenar la nueva sala y llamar la atención sobre el “mito cruceño” del desarrollo, su incapacidad productiva, y el control que tiene la “oligarquía cruceña” en todos los temas que le incomoda, incluida la presentación de un libro.
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Estuve en la presentación, he repasado los análisis, he leído el libro y ahora me toca compartir algunas ideas que las sumo a las de Roberto Barbery Anaya, Juanita Roca Sánchez, Marcelo Anez Mayer… Este es un momento oportuno por estar atravesando una tensión nacional entre la gobernabilidad, el funcionamiento de lo público, las demandas privadas y sociales insatisfechas, y la necesidad de encontrarle un rumbo económico al desarrollo nacional a partir de la tan repetida, y puesta en duda, capacidad productiva extractiva boliviana. En un momento como este, aparece la investigación que, en palabras de sus autores y sin vergüenza, proponen destruir precisamente el mito empresarial de la cruceñidad, uno de los pocos procesos productivos con capacidad de generar excedente legal.
Mal haríamos en desaprovechar esta circunstancia y debemos reconocer la necesidad de profundizar una narrativa en la que, quienes vivimos en el Oriente y en todo Bolivia, tenemos una visión que se subió al árbol para mirar el bosque de América Latina, y no nos angustie tanto lo que está ocurriendo en el mundo. No escapa la inteligencia que han tenido los autores que, al pretender cambiar el eje del debate regional, del centralismo a la marginalidad social, tratan de incorporar un elemento de incomodidad en quienes siendo manifiestamente críticos con un modelo de desarrollo logiero, nos resulta difícil aceptar una propuesta con los componentes ideológicos de una izquierda que no logra superar la década de los 80, al intentar vencer a la falange de los 50. Soy de los que cree que, realizados los ajustes, Bolivia puede contar con la apuesta de competitividad, sostenibilidad e inclusión que está trabajándose en Santa Cruz y que resulta válida para cualquier departamento de Bolivia.
Apelo a tu paciencia para ir entrando en materia.
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Te propongo analizarlo, en primer lugar, sobre las 13 páginas de la Introducción (13-25) en las que vuelcan el resumen de los argumentos. Los párrafos entrecomillados responden a transcripción textual.
El libro gira en torno a dos actores:
1. El sector productivo agropecuario cruceño. El poder agroindustrial en Bolivia. La agroindustria y el mito empresarial. La cruceñidad.
2. Todos los gobiernos que lo han apoyado (la colonia, la república, la revolución nacional, los militares, los democráticos, el MAS)
“Este libro trata sobre (la relación de) esa estructura y sobre las piezas que la componen”, investiga las dimensiones de la configuración del poder agroindustrial, dejando en evidencia para destruirlo, un relato de privilegios que trasciende la línea política de los gobiernos y que “se sostiene sobre la destrucción sistemática de territorios y formas de vida humanas y no humanas.”
“Santa Cruz se presenta ante Bolivia y ante el mundo como una historia de éxito.” “Santa Cruz produce, exporta, emplea; y en el presente, puede considerarse el polo económico más importante del país.” Señalan los autores que, “el relato se sostiene y se replica porque también omite muchas cosas”
En este momento, “Bolivia está navegando por una profunda crisis económica, la más severa en cuatro décadas.” Mientras se posiciona el mito pues “ante la ausencia de otras fuentes de financiamiento, este sector se presenta como la supuesta alternativa para enfrentar el desbalance de las variables macroeconómicas.”
“Sin embrago, no está siendo fácil comprender los alcances políticos, económicos, y culturales de este poder agroindustrial desde una mirada de totalidad” que incorpore “incendios, escándalos financieros, conflictos de tierra” y conecten “la historia de la tierra con los circuitos financieros, con la destrucción ambiental, con la violencia identitaria, y todo eso con la estructura del Estado boliviano que lo hace posible.”
“No se trata de negar que el agronegocio genera empleo y que a la vez se sostiene sobre la destrucción de bosques y ecosistemas.” “Tampoco se oculta que los pequeños productores están insertos en el modelo”, sin ser parte de la estructura de los grandes capitales y las decisiones.
“El MAS fue aliado del agronegocio, así como las derechas que profundizan esta alianza en la actualidad.”
“Partimos de que Santa Cruz (y los millones de personas que lo habitan) no pueden quedar reducidas al relato triunfalista de sus élites ni al estereotipo que muchas veces se impone desde miradas externas.”
La Introducción realiza algunas afirmaciones pueriles. “Quienes escribimos estas páginas no somos cruceños.” “Tampoco lo hacemos por una identidad impostada y menos (con) la pretensión de enseñarle a Santa Cruz sobre su realidad.” “Lo que nos habilita es que el poder del agronegocio cruceño no termina en las fronteras de ese departamento” y que desconocerlo, “es precisamente parte del dispositivo que resguarda a este poder” que con un relato identitario “acusa de “centralismo” a todo aquello que amenaza a sus élites,” creando un sistema “que ha logrado naturalizar la desigualdad, inviabilizar la violencia e instrumentalizar la crítica.” “Si observamos la historia boliviana, las élites del occidente y las del oriente boliviano no son bandos opuestos; son fracciones de un mismo poder que, según el momento histórico, compiten o cooperan.”
Hay una confesión que sirve de resumen a la presentación:
“Creemos finalmente, que este esfuerzo puede convertirse en un puente que debe ser cultivado. En Santa Cruz hay voces críticas () que llevan años señalando lo que en estas páginas se documenta. No se pretende sustituir esas voces, sino dialogar con ellas, ofrecer un marco más amplio que conecte lo que desde dentro se observa como fragmentos. Al mismo tiempo, aspira a que los lectores fuera de Santa Cruz dejen de mirar al oriente boliviano a través de los estereotipos – ya sea la idealización empresarial o la caricatura separatista – y se reconozcan como parte del mismo problema.”
Hasta aquí, es posible que muchos estén siendo sorprendidos por los alcances de la propuesta. Sigamos.
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“¿Cómo se construyó, consolidó y concentró el poder del agronegocio cruceño?”
El libro cuenta con 6 capítulos articulados y con información, en algunos casos necesaria y novedosa, sin perder el objetivo que respalda sus propuestas, el desenmascarar el mito productivo, mostrar sus inconsistencias y debilidades y perforar el instrumento ideológico de la cruceñidad.
Capítulo 1. El mito de las tierras vacías. El agropoder cruceño, empezó a organizar el despojo de la tierra desde la colonia.
Capitulo 2. En un salto histórico, se recuperan los registros olvidados de quiénes se apoderaron de las tierras del oriente boliviano después de la reforma agraria de 1953. Se acompañan nombre y apellidos.
Capítulo 3. La consecuencia de la propiedad de la tierra, acarreó al dinero, ¿cómo fluyó el crédito estatal, la cooperación internacional, los fondos de pensiones, hacia un grupo pequeño de productores empresariales? Se acompañan nombre y apellidos.
Capitulo 4. Desde una comunidad chiquitana se relata lo que el modelo hace a los territorios y a las vidas, “humanas y no humanas”, con la deforestación concentrada, incendios, agrotóxicos, colapso hídrico. Se acompañan nombre y apellidos.
Capítulo 5. “La cruceñidad obligatoria, identidad, violencia y disciplinamiento en Santa Cruz.”
Este es el capítulo ideológico, el más complicado, pretencioso y osado del libro al generalizar las categorías de Santa Cruz, el oriente, la cruceñidad, con el enemigo depredador y, proponer que el Sector productivo agropecuario, el poder agroindustrial, la agroindustria y el mito empresarial, son una sola cosa con Santa Cruz.
La identidad cruceña… “funciona como un dispositivo que reproduce un sistema de poder que tiende a invisibilizar estas otras caras de Santa Cruz, incluso ante sus propios ojos.” “Detrás de la promesa de una tierra donde todos conviven felices hay una intelectualidad que ha construido un relato de mestizaje sin heridas, ocultando las violencias coloniales y patriarcales que fundaron este orden – incluida la violencia sexual contra las mujeres indígenas, una herida que casi no se nombra-,” “Detrás del modelo de desarrollo opera una maquinaria que define quien es cruceño y quién no, cuál es el migrante bienvenido y cuál será tachado de “avasallador”. La promesa de ascenso social está mediada por un dispositivo de aspiración y consumo – los malls, las expos, el espectáculo de la modernidad cruceña – que a la vez que seduce, disciplina.”
“El objetivo (de este trabajo) es perforar la cruceñidad.”
Capítulo 6. El abandono que nunca fue, Estado y mito cruceño. En este capítulo, y con toda la narrativa desarrollada, se pregunta “cuál es el lugar del agronegocio en la historia del poder boliviano.” “La idea ampliamente difundida de que el Estado boliviano abandonó a Santa Cruz mientras desarrollaba el occidente del país no resiste un examen serio; las mayorías populares de occidente fueron tan explotadas y marginadas como las del oriente y ambas quedaron supeditadas al núcleo extractivo independientemente de su ubicación geográfica” y la postergación de Santa Cruz, “es en realidad un problema de clase disfrazado de cuestión territorial.”
Esta es la visión desde los autores. Sigamos.
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¿Dónde dejaron el Memorándum de 1904?
La creación de una Narrativa propositiva resulta siendo complicada en una sociedad que hace de la mediocracia su comportamiento y el lamento boliviano su emblema, y en ese escenario, no hay forma de ignorar que será más fácil destruir lo existente. Si a ello le sumamos que se están presentando argumentos y que debemos reconocer que no le hemos puesto el tiempo suficiente para proponer un Discurso amigable con los demás, es posible que las dificultades aumenten.
Este momento de creatividad debe valorar las bases sobre las cuales se asienta el aporte del Oriente boliviano a la fortaleza de la patria por la tensión nacional entre la gobernabilidad, el funcionamiento de lo público, las demandas privadas y sociales insatisfechas, y la necesidad de encontrar un rumbo económico al desarrollo nacional. No resulta suficiente repetir que tenemos capacidad productiva mientras, y al mismo tiempo, se propone destruir el mito empresarial de la cruceñidad.
He señalado que una intención del libro Santa Cruz $.A. es la de identificar la Historia de Santa Cruz con la depredación del medio ambiente y el robo económico que los empresarios agroindustriales han perpetrado contra los recursos bolivianos. Cuando estamos debatiendo Pacto Fiscal, distribución 50/50 de los recursos, y una alternativa federal, y a unos cuantos meses de haber elegido autoridades nacionales y autonómicas, pretenden cambiar el eje del debate contra el centralismo y llevarlo a la injusticia social y la exclusión que produce el desarrollo económico. Para quienes trabajamos en territorio esto es incorporar un elemento de incomodidad pues siendo críticos con un modelo de desarrollo logiero, nos resulta difícil aceptar una propuesta ideológica que no supera la década de los 80, al intentar vencer a la falange de los 50. Soy de los que cree que debemos realizar los ajustes necesarios, y así Bolivia puede contar con la apuesta de competitividad, sostenibilidad e inclusión que está trabajándose en Santa Cruz y que resulta válida para cualquier departamento de Bolivia.
Corresponde completar la historia con aquello que legítimamente forma parte de nuestro legado y que coloca a Santa Cruz en un momento de responsabilidad mayor, ineludible y grata que no es otro que el camino por el cual, con todas las dificultades, se produce en un esfuerzo compartido entre todos, con desarrollo y migración.
El libro ignora olímpicamente el Memorándum de 1904, piedra angular de una propuesta de desarrollo planteada para el Oriente de Bolivia, que no siendo minero, no tenía la atención del Estado minero feudal. Hablar de la propuesta de desarrollo de Santa Cruz sin tomar en cuenta el Memorándum, es una omisión capital que exige una explicación.
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La construccion histórica, cultural, productiva, social, económica es más grande de la que están proponiendo desde la «depredación ambiental y la explotacion social».
Para quien quiera abrir los ojos sobre la construcción de lo que conocemos como el Oriente y Santa Cruz, les comparto una lista de evidencias materiales. No podemos obligar a nadie que lea, sin embargo es posible proponer que superen la ignorancia que ejercen sólo porque no conocen.
«La construcción simbólica de Santa Cruz, la Guerra del Chaco, la Revolución Nacional y el desarrollo económico del Oriente
La posibilidad de comprender el desarrollo de Santa Cruz, es parte de una memoria colectiva regional no explicitada en toda su dimensión, que sin embargo y a pesar de un olvido a veces forzado, había construido una narrativa con eventos concretos, y comprobamos, se articulan sin mucho esfuerzo con el relato del desarrollo nacional. De la misma manera que sería muy difícil explicar este desarrollo exclusivamente desde la visión nacional, tampoco sería razonable hacerlo únicamente desde las iniciativas locales si tomamos en cuenta los recursos económicos y humanos que se necesitaron. Sólo una acción complementaria, oportuna y no siempre pacífica, de recursos y decisiones nacionales sumadas a las experiencias y potencialidades regionales históricas que sumaban al factor tierra, capacidad organizadora, movilizadora y reivindicacionista de los habitantes de Santa Cruz, pudieron aportar los elementos para armar el rompecabezas.
La secuencia que sigue a continuación, es la base de la narrativa de Santa Cruz, con clarísimas relaciones de interrelación nacional que debemos seguir profundizando. Para la comprensión histórica, inicio el análisis a partir del evento más significativo en la segunda mitad del S XIX:
a) Andrés Ibáñez con sus igualitarios federalistas en la década del 1870
b) La Revolución Federal de los Domingos, 1891, llamada así porque fuera encabezada por los coroneles Domingo Ardaya y José Domingo Ávila.
c) El Memorándum de 1904 publicado por la Sociedad Geográfica e Histórica de Santa Cruz, que ya hemos analizado.
d) Los modos de organización social en torno a la solidaridad con gremios de artes y oficios denominadas mutuales, iniciativas empresariales, luego transformadas en cooperativas, y la organización de la sociedad civil a través de un sui géneris movimiento cívico denominado Comité Pro Santa Cruz.
e) La Guerra del Chaco, por la que Bolivia se reconoció a sí misma.
f) La acumulación y disponibilidad organizativa, que frente a la necesidad y para superar la queja del subdesarrollo, había elaborado y se había dotado de planes de desarrollo territorial y urbano que se acomodaron rápidamente al nuevo escenario (Plan Bánzer 1938. Plan Henrich. Plan Leonor Ribera Arteaga. Plan Ludovico Ivanissevich. Plan Serrano. Plan Techint).
g) El Plan Bohan, que ya hemos analizado.
h) La Revolución Nacional de abril de 1952, con aprovechamiento de sus posibilidades, la irrupción de la gente y la diversificación productiva.
i) La Marcha hacia el Oriente ejecutada por la CBF, ya analizada.
j) La creación de la Central Obrera Boliviana
k) Las luchas cívicas por el 11% que le exigieron desarrollo y recursos al centralismo.
l) Diversificación producción agrícola y pecuaria históricamente desarrollada.
m) La formación humana, técnica y profesional que adquirió la cualidad de Capital Social al lograr capacitación y estudio frente a los retos que planteaba el progreso.
Creación del Centro Impulsor de Educación Profesional, CIDEP, en 1969, para apoyar con créditos educativos a los estudiantes que lo necesitaban. Elías Ortiz, su fundador, expresó que “Nuestra razón de ser es que el talento, la inteligencia, la capacidad, no se pierda por falta de recursos económicos. Nosotros somos ese apoyo, esa fuerza, ese valor para que la persona franquee los umbrales de la universidad y sea un vencedor de la vida”
n) La existencia y creación progresiva de institucionalidad público-privada oportuna (cámara de comercio, comité de obras públicas, corporación regional de desarrollo, plan regulador urbano, casa de la cultura, servicios públicos cooperativos, centros feriales, parque industrial, casas de educación superior)
o) Transparencia, capacidad de gestión con efectos demostrativos y control cruzado de las instituciones corporativas, en la utilización de las regalías departamentales exigidas, recibidas, apropiadas y generadas.
p) Ideas Fuerzas y objetivos colectivos consensuados con calidad de propuestas válidas para Santa Cruz y el país, y que luego fueran generalizadas en los demás departamentos con esas características: regalías, descentralización administrativa, elección de alcaldes y gobernadores, fortalecimiento municipal y participación popular, régimen autonómico departamental. Aparición de demandas federales.
q) Construcción de un imaginario cultural con personalidad propia en torno a la historia, la ocupación del espacio, las relaciones colectivas, lo chiquitano, lo oriental, el pensamiento creativo, la planificación, la administración del factor tierra, la solidaridad, la consciencia regional, la diversificación productiva y la relación abierta y libre con el Estado y el mundo.
r) Consolidación de la cultura viva Chiquitana como articulación entre la creatividad local y su dimensión universal a través de la música.
s) La presencia mítica de Bonifacio Barrientos-Iyambae, mburubicha-guasu (capitán grande), «sombra grande», protector de los izoceños y los indígenas del chaco y la amazonía, en la construcción de la CIDOB
t) El desarrollo de una construcción colectiva que asumió el carácter de ciudad y superó la calidad de población de frontera, aceptando el mestizaje con el respeto a la población indígena, con su incorporación progresiva, material y simbólica.
u) La capacidad receptiva de la ciudad y de las áreas rurales del departamento hacia la población migrante, que, en otros países, por el volumen, podría haber generado consecuencias de confrontación y ruptura social y cultural; las condiciones geográficas de temperatura, humedad y capacidad productiva, lograron ser aprovechadas al incorporarse en condiciones de racionalidad y paz.
v) Posiciones estoicas unas veces, altamente confrontacionales otras, con reacciones de la sociedad civil, como consecuencia de una visión nacional que no comprendía las demandas de desarrollo, que las descalificaba y que se acompañaban desde el gobierno central, con
i. acusaciones de racismo, separatismo y de ruptura cultural de la unidad nacional; eran posiciones sostenida por sectores del occidente (colla),
ii. gestiones gubernamentales insensibles (centralistas), contra la identidad regional.
iii. vertiente ideológica, al acusarse a Santa Cruz de derecha (facha), y descalificar las elites y la dirigencia cívica como insensible, capitalista, liberal por parte del sector ideológico boliviano (comunista).
w. Posiciones regionales conservadoras, reaccionarias y discriminadoras contra el pensamiento ideológico progresista (calificado de comunismo), contra lo andino centrismo, con defensa del cristianismo como opción política, negación de los avances mundiales de la diversidad, y una defensa del capitalismo primario ligado a la propiedad de la tierra, con rechazo a las decisiones contrarias al interés departamental. La calificación de “traidor a Santa Cruz” fue utilizado como instrumento de control social.
x. El TIPNIS y el incendio de la Chiquitania, que fortalecieron la consciencia ambiental.
Inventario de ciudadanía, cohesión social y progreso desde el Oriente. Editorial El País – CEPAD Bolivia. Mayo 2025. Páginas 31 y siguientes.
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¿Y las personas que migran a Santa Cruz, vienen a sufrir? ¿Es cierto que los millones de habitantes que vivimos en Santa Cruz, habitantes de todo Bolivia y de 135 países, estamos obligados a vivir con una conducta que atenta contra la racionalidad, la democracia, las buenas costumbres, la tolerancia?
Quiero dejar en evidencia una ligereza del libro, difícil de admitir. Dicen sus autores que «Santa Cruz, como cualquier región, es un territorio diverso y contradictorio, habitado por millones de personas» en el que la identidad cruceña… “funciona como un dispositivo que reproduce un sistema de poder que tiende a invisibilizar estas otras caras de Santa Cruz, incluso ante sus propios ojos.” “Detrás de la promesa de una tierra donde todos conviven felices hay una intelectualidad que ha construido un relato de mestizaje sin heridas, ocultando las violencias coloniales y patriarcales que fundaron este orden – incluida la violencia sexual contra las mujeres indígenas, una herida que casi no se nombra-,” “Detrás del modelo de desarrollo opera una maquinaria que define quien es cruceño y quién no, cuál es el migrante bienvenido y cuál será tachado de “avasallador”. La promesa de ascenso social está mediada por un dispositivo de aspiración y consumo – los malls, las expos, el espectáculo de la modernidad cruceña – que a la vez que seduce, disciplina.”
Para facilitar el sufrimiento de quienes vivimos aquí, permitime realizar un Inventario a mano alzada de algunas evidencias evidentes que contradicen esa lectura sesgada y miope.
«Inventario de abrazos, amigos y viaje por el aporte cultural del Oriente
La década de los 60 del S XX en adelante, fue de consolidación de una dinámica cultural en Santa Cruz que se sumó a la recuperación democrática; en un ejercicio de la memoria, siempre incompleto, comparto un listado simple de los esfuerzos que une la cultura académica, sus manifestaciones populares y la generación de pensamiento crítico como producción social ligada a la ciudadanía, la cohesión social y el desarrollo. Los más importantes de ellos serán desarrollado con mayor detalle en las páginas siguientes:
1. La Casa de la Cultura “Raúl Otero Reiche”, con Oscar Bowles, Marcelo Arauz, Pedro Rivero Mercado, Cecilia Kenning, Sonia Velasco, Don Ceferino.
2. La Academia de Bellas Artes “Víctor F. Serrano”, desde 1944, agrupó una generación de artistas plásticos como Tito Kuramoto, Marcelo Callaú, Olga Rivera, Herminio Pedraza, Herberth Román, Carmen Villazón, Jorge Rózsa, Lorgio Vaca.
3. La Cooperativa Cruceña de Cultura.
4. La Revista Reflejos de la Semana, de Fernando, Adela, Gary, Julio Prado, Laura Zanini, Oscar Zambrano…
5. El Semanario Tupambaé, publicación de la Cooperativa La Merced, a cargo de Roger Ortiz Mercado
6. La Unión de Grupos Culturales.
7. El Movimiento Cultural Jenecherú.
8. Movimiento cultural Cabildo, con su publicación APUNTES.
9. LUPANGUA, proyecto de comunicación católico a la cabeza del P. Ramón Cowell y que trabajaba en los barrios.
10. El Taller del Cuento Nuevo, dirigido por Jorge Suarez, e integrado por Freddy Estremadoiro, Gabriela Ichaso, Juan Simoni, Pedro Antonio Gutiérrez, Vicky León, Viviana Limpias, Oscar Barbery, Juan Carlos Rodríguez, Elías Serrano, Germán Arauz, Beatriz Kuramoto, Amilkar Jaldín, Homero Carvalho y Blanca Elena Paz.
11. El Círculo Pro Música, con Ana María González, Aida Mckening,
12. El Octeto del Coro Santa Cecilia, dirigido por Julio Barragán Saucedo.
13. Los Centros Culturales de Barrio, gestión de Marcelo Araúz y Ana Eida Vaca Diez de López. Diseño y ejecución del arquitecto Rony Vaca Pereira Bravo.
14. El Cine Club Santa Cruz, con Hugo Ugalde, Miguel Bustos, Franklin Bustos Quiroga, Oscar Suarez Morales, Alfonso Ugalde, Marcela Vaca, Lucy Arauz, Marcela Reyes, Carmen Beatriz Ruiz Parada.
15. Tipográfica y Editorial El País, que, gracias a Don Benjamín Serrano y a Ricardo, se constituyó en el laboratorio que impulsó a una generación a publicar.
16. Marcelo Arauz Lavadenz, ¡él, solito, y en todo!
17. ARTECAMPO-CIDAC, dirigido por Ada Sotomayor de Vaca. «La base de su trabajo es el reconocimiento del doble protagonismo de la mujer indígena y campesina como generadora de ingresos y como heredera, creadora y transmisora de cultura. El CIDAC trabaja apoyando a 14 grupos de artesanas afiliados a ARTECAMPO. Los proyectos autogestionarios y participativos del CIDAC están dirigidos a la organización de las mujeres, la capacitación técnica, la formación para la gestión autónoma y el mejoramiento económico a través del trabajo artesanal.»
18. Manzana 1 de Ejti Stih y Juan Bustillos,
19. Grupo Coral CONTRAPUNTO,
20. Centro Cultural San Isidro.
21. CasaTeatro con René Hohenstein. “Podemos encontrar las raíces del teatro cruceño en el Teatro Experimental Universitario dirigido por Humberto Parada Caro y que llena la cartelera de la ciudad con dos obras anuales por casi veinte años. Su producción es constante y los lleva a ganar festivales nacionales. Autores como Raúl Vaca Pereira y el húngaro Jorge Rosza permiten estrenar al grupo textos propios.
Un segundo movimiento teatral es la creación de ACRA, dirigida por Enrique Alfonso y luego por Nando Chávez, que da un impulso al teatro costumbrista. Con la creación de la Casa de la Cultura «Raúl Otero Reiche» y la aparición de directores argentinos como Jorge de Lasaletta, Daniel Tieffenberg y Eduardo Juster, junto a Tota Arce y el decidido empuje de Marcelo Araúz, se sientan las bases para el teatro cruceño actual.»
22. La producción audiovisual de Enrique Alfonso desde SAFRIPO, Rubén Poma en Jenecherú y Aldo Peña Gutiérrez desde Viajero Producciones.
23. Yolanda Cabrera en la investigación musical y la danza.
24. Existencia de auditorios y teatros como la Casa de la Cultura, el Paraninfo Universitario, Centro Boliviano Americano, Fundación Ramón Darío Gutiérrez, Alianza Francesa.
La construcción del imaginario cultural, está sostenido materialmente por personas y organizaciones que se sumaron en el tiempo y consolidaron lo que hoy tenemos, como acto consciente, creativo y amoroso.
La pregunta es válida, ¿conocías este listado?
Inventario de ciudadanía, cohesión social y progreso desde el Oriente. Editorial El País – CEPAD Bolivia. Mayo 2025. Páginas 41 y siguientes.
Por Carlos Hugo Molina Saucedo, abogado, constitucionalista, investigador social y gestor sociocultural.
Fuente: Ideas Textuales

