Pugnas internas ponen contra la pared a los tres partidos con mayor fuerza en la ALP


El abierto quiebre que vive en estos días la alianza Libre lleva repasar la situación de los otros dos frentes con amplia representación en el legislativo.

Fotocomposición con imágenes de archivo de los líderes de los principales frentes políticos.

 

Fuente: Brújula Digital



Pocos días después de que asumieron el mando del país, el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara iniciaron un distanciamiento que rápidamente se tornó en una ruptura total. Aunque ninguno es militante del PDC –firmaron un acuerdo con este frente para apuntalar su candidatura– lo representan oficialmente, por lo que este es, entonces, el origen del primer quiebre partidario en la presente gestión que apenas pasa los nueve meses: el 15% del mandato de cinco años.

El Partido Demócrata Cristiano es el más fuerte en la Asamblea Legislativa Plurinacional, con 65 escaños; le siguen la alianza Libre, con 51 y la alianza Unidad, con 33. Ninguno de los tres frentes políticos logró cohesión y fuerza interna; menos aún pudieron consolidar una coalición para gobernar, más allá de la tibia alianza del presidente Rodrigo Paz con el jefe de Unidad, Samuel Doria Medina, que acaba de cortarse oficialmente hace pocos días.

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Antes de repasar algunos casos puntuales que muestran las disputas internas de cada uno, vale remarcar que, si bien PDC es un partido político de larga trayectoria, para las elecciones de 2025 hizo un pacto mediante el que cedió altos porcentajes de representación (política, luego traducida al nivel legislativo) a las fracciones de Paz y Lara. En el caso de las otras alianzas, cabe recordar que Libre se forma a partir de Demócratas y el FRI, además de varias agrupaciones regionales; mientras que alianza Unidad tiene como base a Unidad Nacional y Creemos, sobre todo, además de MSM, Sol.bo y otros. Esta dispersión explica mucho del actual contexto.

Sin unidad

A medida que el distanciamiento entre Paz y Doria Medina se fue acentuando –en el contexto de los conflictos sociales de 53 días–, empezaron a notarse algunas divergencias en la alianza Unidad: la dinámica es clara Unidad Nacional, el frente de Samuel, por un lado; Creemos, del exgobernador cruceño Luis Fernando Camacho, por otro. Tanto así, que este último sigue muy cercano al Ejecutivo y acaba de ser nombrado embajador en Paraguay.

No obstante, estas facciones no son absolutas y hay disidencias y afinidades a diverso nivel. En todo caso, quienes se mantienen afines al gobierno y optan por aprobar sus iniciativas en la ALP, notoriamente perdieron el aval de Doria Medina. El caso más claro es el del diputado Alejandro Reyes (quien proviene de Comunidad Ciudadana), que tuvo un cruce público con Samuel.

Libre albedrío

La crisis partidaria más actual es la de Libre. Quienes apoyan incondicionalmente a Jorge Quiroga empezaron a ventilar públicamente sus discrepancias con legisladores de otras agrupaciones que conforman la alianza.

La senadora Tomasa Yarhui, una de las más fieles del expresidente, es también la más abierta en sus criterios. Tras dejar entrever transfugio de algunos de sus correligionarios –en el contexto de las “negociaciones legislador por legislador” que anunció el gobierno en su afán por lograr apoyo para sus leyes estructurales–, en pocos días Yarhui dejó toda diplomacia y atacó directamente a asambleístas provenientes de Demócratas, entre ellos Branko Marinkovic, Kathia Quiroga y Ernesto Suárez. Estos no se quedaron callados y, además de algunas alusiones personales, defendieron su autonomía como autoridades electas, frente a las decisiones orgánicas supeditadas a la jefatura de la alianza.

¿Y el PDC?

Más allá de la al parecer irremediable separación entre Paz y Lara, la situación interna en el PDC es menos clara; acaso porque aún no salieron a relucir públicamente algunos roces y rivalidades que se dan por seguros en pasillos de parlamento.

El larismo es reducido y débil, y en los últimos meses optó por el silencio, lo que no quiere decir que el Ejecutivo pueda contar con su apoyo, ni mucho menos. Por otro lado, algunos legisladores de la línea dura de apoyo a Paz cuestionan a los más críticos. Se debe recordar el fuerte intercambio de afrentas entre la diputada Claudia Bilbao, incondicional del presidente y la senadora Ana María Crispín, cuando esta última cumplía una huelga de hambre exigiendo al gobierno que solucione la crisis de los bloqueos.

En síntesis: los tres frentes más poderosos en la ALP, con similar orientación ideológica –al menos según las ofertas de campaña– y que de entrada parecían tener todo allanado para un calmo avance en el hemiciclo, no tardaron ni un año no solo en descartar una megacoalición (Libre se confirmó como “oposición constructiva” al inicio; Unidad, como vimos, coqueteó con formalizar una alianza hasta hace no mucho), sino también en mostrar la fragilidad de su estructura interna. Pungas de poder, de egos y cálculos políticos acorde al contexto.