El acuerdo con el FMI, el tipo de cambio flexible y la reducción del déficit marcan el inicio de una transición económica. El desafío será recuperar la confianza, impulsar la producción y volver a generar divisas de forma sostenible
Por César del Castillo
Fuente: El Deber
En poco más de un mes, el dólar pasó de Bs 9,37 a superar la barrera de los Bs 12. La escalada encareció productos importados, elevó los costos de muchas empresas y redujo el poder de compra de las familias. Lo que comenzó como una preocupación por la cotización de la divisa terminó revelando un problema mucho más profundo: la necesidad de reconstruir la estabilidad de una economía que acumuló desequilibrios durante más de una década.
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La volatilidad cambiaria dejó de ser un asunto reservado para economistas. Hoy condiciona decisiones cotidianas, desde una compra en el mercado hasta la planificación financiera de una empresa. Importadores enfrentan mayores costos, exportadores ajustan sus operaciones y miles de familias observan cómo el dinero alcanza para menos en un contexto donde la inflación vuelve a instalarse como una preocupación permanente.
Detrás de ese escenario aparece un consenso que comienza a consolidarse entre el Gobierno y distintos centros de análisis. Bolivia necesita corregir los desequilibrios macroeconómicos que durante años deterioraron las reservas internacionales, ampliaron el déficit fiscal y debilitaron la capacidad del país para generar divisas. La diferencia ya no radica tanto en el diagnóstico como en la velocidad y profundidad de las reformas necesarias para recuperar la estabilidad.
La Fundación Jubileo sostiene que la crisis actual no surgió de manera repentina. René Martínez, analista en presupuestos públicos y fiscalidad de la institución, afirma que el país enfrenta las consecuencias de un proceso acumulado durante más de una década y considera que las primeras medidas adoptadas por el Gobierno representan un paso necesario, aunque insuficiente, para corregir los desequilibrios estructurales. Entre las prioridades identifica la reducción del déficit fiscal, un uso más eficiente del gasto público y reformas que fortalezcan la capacidad productiva del país.
Desde el Gobierno, el presidente Rodrigo Paz defiende una lectura distinta sobre el momento económico. Sostiene que Bolivia ya inició el proceso de estabilización con decisiones como la flexibilización del tipo de cambio, el acuerdo técnico con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la aprobación del Presupuesto General del Estado y una política orientada a recuperar la confianza de los mercados. En su criterio, estas medidas permitirán fortalecer las reservas internacionales, estabilizar gradualmente la cotización del dólar y abrir el acceso a nuevos recursos de organismos multilaterales.
Sin embargo, tanto el Ejecutivo como Jubileo coinciden en que el verdadero desafío apenas comienza. La estabilización financiera no resolverá por sí sola los problemas de productividad, inversión y generación de divisas. Para la fundación, la recuperación exige reformas de mayor alcance, entre ellas una nueva política fiscal, incentivos para la inversión privada y cambios que permitan recuperar sectores estratégicos de la economía.
Uno de ellos es el de hidrocarburos. Raúl Velásquez, analista de energía de la Fundación Jubileo, advierte que la caída sostenida de las reservas y de la producción limita la capacidad del país para generar ingresos por exportaciones y abastecer su mercado interno. Aun cuando se apruebe una nueva Ley de Hidrocarburos, aclara que los resultados tardarán varios años en reflejarse, debido a los tiempos que demanda la exploración y el desarrollo de nuevos campos.
La discusión macroeconómica, sin embargo, termina siempre en el mismo lugar: el bolsillo de la gente. El economista Óscar Mario Tomianovic explica que unas reservas internacionales sólidas respaldan el valor del boliviano y ayudan a contener la inflación. Cuando ese respaldo disminuye, la moneda pierde capacidad de compra y las familias necesitan más bolivianos para adquirir los mismos bienes y servicios.
La economía boliviana atraviesa, así, una etapa de transición. El debate ya no gira únicamente alrededor de la escasez de dólares o de combustibles, sino sobre las reformas necesarias para recuperar la estabilidad y volver a crecer. Si las primeras medidas logran contener la volatilidad cambiaria, el siguiente desafío será mucho más complejo: aumentar la producción, impulsar las exportaciones y reconstruir la confianza para que la recuperación deje de medirse únicamente por el precio del dólar y empiece a reflejarse en la economía de las familias.
Fuente: El Deber

