Estados Unidos anunció, el lunes 24 de agosto, nuevas sanciones contra Irán. Y, aunque no se ha comunicado ninguna fecha de entrada en vigor ni ninguna lista de países afectados, la onda expansiva ya se deja sentir en Teherán.

Con el corresponsal de RFI en Teherán
En Irán, la inflación ya se situaba en el 70 % y la de los productos de consumo corriente, en el 130 %. Seis meses después del inicio de la guerra entre Washington y Teherán, la economía iraní se hunde cada vez más.
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El anuncio de las nuevas sanciones estadounidenses agrava aún más esta situación, tal y como afirma Alireza, propietario de una gran tienda de lámparas halógenas en el barrio de Laleh-zar, en el centro de Teherán, donde hay cientos de tiendas de lámparas y cables eléctricos.
«Debido a estas sanciones, el precio de nuestras lámparas halógenas, ya sean iraníes o extranjeras, ha subido un 30 % en solo tres días. Hemos suspendido las ventas. Compramos aluminio y acero para fabricar nuestros productos. Antes los encontrábamos, pero ahora ya no hay. Incluso hemos pagado, pero los fabricantes dicen que las ventas están paralizadas», afirma.
El lunes 24 de agosto, el ministro del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció una nueva ronda de sanciones «secundarias», dirigidas ya no directamente contra Irán, sino contra todos sus socios comerciales, con el objetivo declarado de «asfixiar económicamente» al país.
«Todo el mundo está realmente bajo presión»
La situación es aún más difícil para las clases medias y las clases pobres, tal y como afirma Ali, un zapatero del norte de Teherán.
«Todos los precios de los productos que compro para trabajar se han duplicado en dos meses. En dos meses, no en dos años», insiste. Y lo mismo ocurre con los productos de uso diario: «En lo que respecta a la vida cotidiana, todo el mundo está realmente bajo presión. Mi padre tiene una pensión de 20 millones de tomanes (85 euros), pero tiene que pagar 18 millones en medicamentos cada mes. El Gobierno debe pensar en la población y ayudarla. La gente, sobre todo la que procede de las clases más desfavorecidas, se ve abrumada por la situación».
En esta situación, el Gobierno quiere subir el precio de la gasolina, lo que podría provocar una revuelta social.
