La tecnología busca reducir plagas y microorganismos, además de extender la conservación de los alimentos. La ABEN apunta a que productores y exportadores incorporen esta técnica que ya se aplica en países de la región como un valor.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Saucedo explicó que además este tratamiento puede prolongar la vida útil de los alimentos, una posibilidad importante cuando los productos deben recorrer largas distancias antes de llegar al consumidor.
La tecnología nuclear ya se probó con productos de distintas regiones del país. La directora del Centro Multipropósito de Irradiación instalado en El Alto, Miriam Mercado, señaló que en la planta se irradió miel de la Chiquitanía, quinua y api de Oruro, piña de Cochabamba, además cúrcuma, jengibre, frutilla y otros productos de diferentes regiones.
“En el caso de los otros productos puede ser que se elimine algunos pesticidas o también algunos químicos. La irradiación no le cambia las propiedades a los productos en ningún caso”, aseveró Mercado.
La especialista señaló que por ejemplo en el caso de la papa, la irradiación puede inhibir la brotación y prolongar su conservación hasta seis meses y en los plátanos puede extender la vida útil al menos 45 días.
El tratamiento de irradiación puede realizarse sobre el producto en su empaque final.
La directora del centro informó que la planta cuenta con licencias de operación y certificación ISO 9001-2015 y que se trabaja en la acreditación para que los productos irradiados puedan ingresar a la Unión Europea y Estados Unidos.
El Centro Multipropósito de Irradiación tiene alrededor de tres años de funcionamiento y se encuentra en una etapa de búsqueda de mercados, socios y productores. Aunque la infraestructura está operativa, la ABEN reconoce que todavía existe capacidad que no está siendo aprovechada plenamente.
“Estamos en una etapa muy inicial. Países de la región ya tienen décadas de experiencia con plantas de radiación, y en ese sentido necesitamos darle mucho viento al tema de la socialización de lo que puede hacer esa tecnología. Estamos subutilizando la tecnología nuclear y es por eso tan importante que nos acerquemos a los productores”, remarcó Soria.
El director de la ABEN señaló que es imprescindible que la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (CAINCO), la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) y la Cámara de Comercio se interioricen sobre lo que se puede hacer con la tecnología nuclear y ofrecer “un valor agregado” para las exportaciones.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) considera que Bolivia tiene ahora la posibilidad de aprovechar una infraestructura que puede convertirse en una herramienta para ampliar su capacidad productiva y exportadora.
El oficial gerente de programas del OIEA, Facundo Deluchi, destacó que aunque en otros países de la región existen instalaciones con una larga experiencia, la demanda no siempre puede ser atendida y subrayó que la incorporación de Bolivia podría contribuir a cubrir parte de esa necesidad regional.
“Todos los expertos que están visitando este Centro Nuclear están encantados. Ver una planta nueva, el desarrollo tan sólido de Bolivia a partir de la tecnología nuclear, es muy grato para toda la región. Representantes de diferentes instituciones y plantas nos han comentado que ellos tienen una demanda que no pueden satisfacer y la existencia de instalaciones como esta puede ser una oportunidad para canalizar esa demanda”, apuntó.
Mitos y miedos
La ABEN reconoce que la idea de irradiar un alimento todavía despierta rechazo y dudas entre consumidores y productores. Sin embargo esta no es una técnica nueva, según el OIEA, América Latina ya lleva más de siete décadas aplicando la irradiación de alimentos a gran escala.
“Es un tema muy complicado porque realmente hay muchos mitos alrededor de la radiación. Ese no es un problema solamente de Bolivia, sino que es un problema mundial”, señaló Soria.
Uno de los principales mitos es pensar que un alimento irradiado se vuelve radiactivo; sin embargo, la irradiación consiste en exponer el alimento a una fuente controlada de radiación ionizante sin que este quede “cargado” de radiación. La OMS explica que, bajo las condiciones y fuentes autorizadas para el procesamiento de alimentos, la irradiación no induce radiactividad en el producto.
La técnica se utiliza desde hace décadas y cuenta con normas internacionales para su aplicación. El Codex Alimentarius, elaborado por FAO y OMS, establece estándares y códigos de práctica para la irradiación de alimentos, mientras que cada país decide qué productos autoriza y bajo qué condiciones.
La irradiación de alimentos ya se aplica en México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Costa Rica, Cuba, Uruguay. Fuera de América Latina, hay experiencias en Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, India, Australia, Nueva Zelanda y varios países europeos.

