El acuerdo establece preferencias para 250 productos bolivianos, de los cuales el 28 % cuenta con acceso inmediato al mercado salvadoreño, mientras que el resto irá profundizando sus condiciones de acceso de manera progresiva.
Las autoridades de Bolivia durante el evento. Foto: MRE
Fuente: MRE
La relación entre Bolivia y El Salvador abre una nueva etapa de integración económica y comercial. Con la vigencia del Acuerdo de Alcance Parcial entre ambos países desde el pasado 30 de julio, el Gobierno boliviano busca convertir la diplomacia en oportunidades concretas para los productores, empresarios y exportadores nacionales.
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El canciller de Bolivia, Héctor Huanca, destacó que un acuerdo comercial solo alcanza su verdadero valor cuando sus beneficios se traducen en mercados, empleo, inversiones y desarrollo para los pueblos.
“Un acuerdo comercial no adquiere valor simplemente porque entra en vigencia; adquiere valor cuando logra convertirse en oportunidades para nuestros productores, mercados para nuestras empresas, empleo para nuestra gente y desarrollo para nuestros países. Ese es el verdadero significado del paso que hoy damos Bolivia y El Salvador”, afirmó.
Huanca destacó que, después de varios años de negociaciones, Bolivia cuenta ahora con una herramienta concreta para ampliar y diversificar sus exportaciones, al mismo tiempo que fortalece una relación bilateral que el Gobierno busca proyectar más allá del ámbito estrictamente comercial.
El acuerdo establece preferencias para 250 productos bolivianos, de los cuales el 28 % cuenta con acceso inmediato al mercado salvadoreño, mientras que el resto irá profundizando sus condiciones de acceso de manera progresiva.
Entre los productos con nuevas posibilidades comerciales se encuentran flores, frutas, castañas, café, manufacturas y otros bienes bolivianos con capacidad para ingresar y competir en nuevos mercados.
Pero el alcance del acuerdo también incorpora un componente estratégico para la identidad productiva del país. El canciller resaltó la protección y el reconocimiento de productos emblemáticos bolivianos, como el singani, la quinua real del Altiplano Sur, el ají chuquisaqueño y los vinos del Valle de Cinti.
Para Huanca, esta visión representa una nueva manera de comprender el comercio exterior: no solamente aumentar las ventas, sino posicionar a Bolivia a partir de la calidad, la historia, el territorio y la identidad de sus productos.
“Una diplomacia que no se limite a abrir puertas, sino que ayude a cruzarlas; que conecte empresas, acerque mercados, facilite inversiones y convierta las relaciones internacionales en oportunidades para el país”, sostuvo.
El canciller remarcó, además, la importancia de la participación del sector empresarial, exportador y productivo, al señalar que el Estado puede crear condiciones y negociar acuerdos, pero son los productores y empresarios quienes tienen la responsabilidad de transformar esas oportunidades en comercio, inversión y crecimiento económico.
Bolivia y El Salvador, un puente entre Sudamérica y Centroamérica
Huanca también destacó la importancia estratégica de la relación bilateral entre ambos países. Bolivia, ubicada en el corazón de Sudamérica, y El Salvador, con una posición estratégica en Centroamérica, pueden convertir este acuerdo en un puente de integración entre ambas regiones.
La apuesta es acercar no solamente las economías, sino también a las empresas, las sociedades y los pueblos de Bolivia y El Salvador.
El canciller expresó su reconocimiento al Gobierno salvadoreño por la voluntad política demostrada durante el proceso, así como a la embajadora Ana Guadalupe Rivas Espinoza y a los equipos técnicos de ambos países que trabajaron para concretar el acuerdo.
Huanca sostuvo que la etapa más importante comienza ahora: transformar las preferencias arancelarias en exportaciones, las oportunidades comerciales en nuevos emprendimientos y la relación entre Estados en beneficios concretos para la población.
