La crisis energética que Bolivia todavía no está mirando

¿Qué ocurrirá cuando Bolivia no solo tenga que importar diésel y gasolina, sino también el gas con el que hoy genera buena parte de su electricidad?
Actualmente estamos discutiendo cuánto debe costar el diésel mientras debajo de nuestros pies se está produciendo un cambio mucho más profundo. Las reservas probadas de gas cayeron a 3,7 TCF y la producción cayo a la mitad de lo que producíamos en 2014. La propia YPFB advierte que, sin nuevas inversiones y descubrimientos, tendremos restricciones de abastecimiento en los próximos años.
El problema ya no es solamente fiscal. Es energético. Gonzalo Chávez en un reciente artículo plantea que eliminar una subvención fiscalmente insostenible no significa abandonar al consumidor a la volatilidad internacional. Propone construir un amortiguador: bandas de precios, fondos de estabilización y, especialmente, un token energético que permita transformar una subvención generalizada en una ayuda focalizada, limitada y transparente.
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Ahí la tecnología puede hacer una diferencia enorme. Hace algunos meses propuse utilizar blockchain, IoT y contratos inteligentes para seguir cada litro de combustible desde su importación hasta el surtidor. La lógica era sencilla: si el Estado subvenciona un producto escaso, debemos saber quién lo recibe, cuánto recibe, dónde termina y si realmente llega al beneficiario.
Ambas propuestas son complementarias. Imaginemos una Cuenta Energética Digital vinculada mediante nuestra ciudadanía digital o cualquier otro KYC confiable a una identidad, actividad económica o vehículo correctamente identificado. El Estado deja de subvencionar indiscriminadamente el litro y asigna tokens energéticos a quienes decide proteger: transporte público, pequeños productores, sectores vulnerables o actividades estratégicas.
Blockchain registra la asignación y utilización del beneficio; KYC identifica al beneficiario; IoT verifica físicamente volúmenes y movimientos; contratos inteligentes aplican automáticamente límites y condiciones.
No tokenizamos el combustible: tokenizamos el derecho al beneficio. Esto permite algo fundamental: que el precio pueda aproximarse progresivamente a su costo económico sin provocar un shock social indiscriminado.
Pero debemos pensar más allá del surtidor. Bolivia mantiene una alta dependencia de generación termoeléctrica a gas. Ese gas también está implícitamente subvencionado: estudios recientes sitúan su precio para termoeléctricas e industrias alrededor de US$1,30/MMBTU frente a un valor económico doméstico estimado de US$6,05. Si algún día debemos importar gas, referencias internacionales recientes han llegado a US$14–18/MMBTU.
Ahí aparece la verdadera bomba de tiempo. Hoy el gas barato ayuda a sostener electricidad barata. Cuando ese gas escasee, tendremos tres opciones: subir tarifas, aumentar nuevamente las subvenciones o importar energía cara con dólares que no tenemos.
Por eso el token energético no debería limitarse a gasolina y diésel. Puede convertirse en la infraestructura digital de una nueva política energética: subsidios focalizados para combustibles, electricidad, transporte y gas, con límites transparentes y trazabilidad completa.
Pero tecnología sin política energética es solamente tecnología.
En el corto plazo, necesitamos estabilizar precios mediante bandas, focalizar subsidios mediante identidad digital y tokens, y transparentar toda la cadena con blockchain e IoT.
En el mediano plazo, necesitamos inversión urgente en exploración de gas, renovables, almacenamiento, biocombustibles y electrificación del transporte de mayor consumo.
Y en el largo plazo, debemos cambiar completamente la lógica: dejar de subvencionar indefinidamente la energía y subvencionar temporalmente a las personas que realmente necesitan protección mientras transformamos nuestra matriz energética.
Pero no hay tiempo que perder, y en vez de seguir discutiendo quién y cómo pagamos el próximo cargamento de diésel, deberíamos estar diseñando una política energética para el funcionamiento del país cuando el gas barato deje de existir.
Gamal Serhan Jaldin (@gamalbolivia)