Don Laureano


 

 



Simplemente así, don Lauro o don Laureano Rojas era conocido en Cochabamba, en toda Bolivia por sus hazañas, por su origen, por su actividad comercial. Hombre de temperamento social, cosechó relaciones por doquier, lo cierto es que tuvo la peregrina idea de realizar la grabación de música criolla y en persona se trasladaba a San Pablo, Brasil para convertir esas piezas en discos de acrílico que comercializaba en «la cancha» con inusitado afán. Lauro Rojas viajaba sin pausa y siempre con novedades, de tal modo que los artistas lo buscaban y hasta pagaban anticipos para tener algunas semanas más tarde sus flamantes discos primorosamente ensobrados con tapas llamativas.

Amigo de la tertulia, algunos periodistas solíamos frecuentar la presencia de Lauro «los viernes de soltero», allí en medio de pulsetas y del juego de cacho, solíamos escuchar sus relatos. Recuerdo bien algunos de ellos «carneo de bueyes salvajes» le titulé a esta historia real. Sucedía a menudo que el «tren a Brasil» acusaba problemas y se plantaba en medio de la selva entre Bolivia y Brasil. Los plantones eran de horas y a veces de días, en uno de aquellos, los víveres para cientos de pasajeros, generalmente gente modesta comerciantes que viajaban en busca de mercaderías a esa ciudad ostentosa que producía de todo. En el relato de Laureano, la comida para los 150 viajantes se había agotado, ¿qué hacer? Laureano tenía la solución, adentrarse en la selva y cazar una vaca que luego el mismo Lauro faenaba junto al tren en improvisado matadero, festejado por las cholitas viajeras, freían la carne y se daban un festín. Eso sí, la chicha no faltaba para aderezar las sabrosas carnes que dejaban a todos, incluido el personal del tren, plenamente hartos para dormir la siesta al reanudar su trabajo la locomotora.

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Esta historia ayuda a entender que Laureano Rojas era hombre de recursos, trabajador y de gran iniciativa, de la venta de discos en la calle, estableció un almacén calle Sucre, casi San Martín, justamente donde más tarde instalaría su emisora propia Radio Cosmos en la que serví como periodista junto a Eduardo Pérez Beltrán y Luis Loza Castro durante varios años. Conservo fotografías tomadas en el patio de la emisora (muy pequeño y modesto) donde Lauro solía visitarnos, no como jefe y propietario sino como amigo y camarada.

No tardó en incursionar en el liderazgo empresarial de la llajta, que culminó como diputado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, adquirió un canal de TV que impulsó como lo había hecho con Radio Cosmos y de alguna manera también con Radio El Sol, que sin embargo debido a conflictos sobre el derecho propietario tuvo que clausurar.

Califico de acertado el gesto de Manfred Reyes Villa de haber erigido una estatua (medio busto) de don Laureano, iniciativa celebrada entre los artistas que recuerdan los festivales organizados por el empresario con total éxito popular en la carrera que se impuso asimismo de impulsar la producción y mercadeo de la música popular. Felicitaciones también para Laurito, uno de los hijos del ilustre amigo tan lleno de sencillez y de calor humano.