En Cobija, llenar la mesa cuesta más y hay menos opciones para elegir


Un sondeo de la Defensoría del Pueblo sobre 21 alimentos básicos ubica a la capital pandina con el mayor costo. La distancia, la falta de transporte y la oferta limitada encarecen los productos y obligan a las familias a buscar alternativas para la comida.

En Cobija, llenar la mesa cuesta más y hay menos opciones para elegir

En todo el país el precio de la canasta básica se ha incremento de forma general/Foto: Ricardo Montero

Fuente: El Deber



Por Ernesto Estremadoiro Flores

 

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En Cobija, comer se ha convertido en un ejercicio aritmético.
Decirlo no es exagerar, sino mostrar cómo en la capital de Pando comprar productos de la canasta básica se ha vuelto una tarea cada vez más compleja. La falta de acceso caminero y la distancia respecto al eje central han convertido a esta región amazónica en una de las más costosas del país para adquirir alimentos básicos.

Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y un sondeo realizado por la Defensoría del Pueblo entre enero y julio de este año muestran que, en Cobija, adquirir una lista de alimentos básicos compuesta por 21 productos cuesta Bs 437,70. El monto supera al registrado en Oruro y Cochabamba, con Bs 431,20 en ambos casos.

El sondeo incluyó frutas, verduras, carnes, lácteos y otros productos básicos, tomando como referencia una selección de alimentos del listado utilizado por el INE. Según la Defensoría del Pueblo, el estudio busca identificar las dificultades que enfrenta la población para acceder económicamente a los alimentos.

Después de Cobija, la suma de los 21 precios de referencia ubica a Oruro y Cochabamba en Bs 431,20; Potosí, en Bs 420,50; La Paz, en Bs 415,80; El Alto, en Bs 395; Santa Cruz, en Bs 394,40; Tarija, en Bs 384,80; Sucre, en Bs 383; y Trinidad, en Bs 376,80.

 

En Cobija, llenar la mesa cuesta más y hay menos opciones para elegir

La capital de Pando, es una de las regiones donde cuesta encontrar alimentos

 

Dura realidad

Ruth Arauz conoce esa realidad desde hace tres décadas. Vive en la capital pandina desde hace 30 años y ha visto cómo una ciudad fronteriza, rodeada por Brasil y próxima a Perú, depende de los productos que llegan desde esos países y de los alimentos que logran atravesar una carretera que todavía tiene tramos sin pavimentar.

“Todo está carísimo”, dice Ruth cuando se le pregunta cómo está el costo de la alimentación.

El aceite, cuenta, cuesta entre Bs 19 y 22 el litro. El arroz Brillante (de Brasil) ronda los Bs 11 y el popular, entre Bs 8 y 9. Pero es la carne la que se ha convertido en uno de los mayores obstáculos para las familias: puede llegar a Bs 75 u 80 el kilo en el mercado.

El pollo resulta algo más accesible. Un ejemplar puede costar entre Bs 50 y 60, aunque el kilo ronda los Bs 25, según el tamaño y el lugar de compra.

Antes había más alternativas. Ruth cuenta que la menudencia servía como una opción para los hogares con menor presupuesto. Ahora hasta eso cuesta encontrar.

“Los productos que llegan se acaban rápido. Los que tienen un trabajo o un negocio pueden comprar, pero muchas otras personas que viven del día a día no”, añade.

Entonces aparece una opción para estas personas: el hueso.

Hay de primera, segunda y tercera, explica. El kilo puede costar Bs 25, Bs 20 o Bs 15, respectivamente. En el de menor precio, advierte, prácticamente no hay carne.

“Para no morir de hambre, la gente compra lo que puede”, dice Ruth. Ella es comunicadora social, pero dejó los medios hace unos ocho años y combina consultorías con trabajos de costura y peluquería.

Gabriela Pérez Nogales, también residente en Cobija, describe un escenario similar. La carne que puede costar entre Bs 45 y 50 por kilo gancho llega al mercado hasta Bs 80. La papa puede venderse entre Bs 100 y Bs 130 la arroba, dependiendo de la cantidad y presentación.

El almuerzo básico tampoco escapa al encarecimiento: “Entre 15 y 17 bolivianos”, responde la también comunicadora cuando se le pregunta cuánto cuesta un almuerzo. Los platos de Bs 10, dice, “ya no existen”.

Pero Gabriela encuentra una diferencia fundamental entre Cobija y ciudades como Santa Cruz o La Paz.

Allí, explica, el consumidor puede encontrar productos de diferentes precios y elegir de acuerdo con su bolsillo.

En Cobija, en cambio, las alternativas son más limitadas. “Para nosotros es eso o eso”, resume.

Cifras de inflación

El dato de Cobija contrasta con el comportamiento de la inflación. En agosto, Oruro registró la mayor variación mensual del IPC, con 1,38%, seguida de Potosí con 1,36% y la conurbación de Santa Cruz con 1,25%, según el INE. La inflación nacional fue de 1,10%.

Esto muestra una diferencia importante: una ciudad puede registrar una inflación elevada sin tener el nivel de precios más alto, porque la inflación mide cuánto cambiaron los precios durante un periodo, mientras que la comparación de la Defensoría permite observar el nivel de precios de los productos relevados en un momento determinado.

En el caso de Oruro, por ejemplo, pese a haber registrado la mayor inflación mensual del país en agosto, 16 de los 21 productos monitoreados redujeron su precio entre junio y agosto.

A escala nacional, el INE señaló que el aumento de agosto estuvo impulsado principalmente por el pollo, cuyo precio se vio afectado por el retraso en el repoblamiento de las granjas avícolas después de los 53 días de bloqueos registrados anteriormente.

El encarecimiento de los alimentos aparece en el comportamiento de los hogares. Según la Defensoría, el porcentaje de personas que señaló que su presupuesto familiar no alcanza para cubrir la alimentación pasó de 63% en junio a 76% en agosto.

El organismo advierte además que algunas personas están optando por productos más baratos, reduciendo la cantidad de alimentos comprados o incluso disminuyendo el número de comidas.

En Cobija, además, el comportamiento de los productos no fue uniforme. Entre el 26 de junio y el 26 de agosto, 11 de los 21 alimentos monitoreados aumentaron de precio, ocho bajaron y dos no registraron variación.

El mayor incremento correspondió al plátano para cocinar, con un alza del 26%. Le siguieron el tomate, con 16,6%; la papaya, con 11,3%; y el pollo, con 8,8%.

El panorama cambia cuando se observa el conjunto del país. El aceite a granel subió de precio en siete de las diez ciudades monitoreadas. La papaya aumentó en seis, mientras que la zanahoria, naranja, banano, avena, fideo y margarina o mantequilla registraron incrementos en cinco ciudades.

Las personas han tenido que ajustar sus gastos ante el incremento de precios de productos básicos

 

Santa Cruz siente la subida

En Santa Cruz, Leonardo Lobo, de 37 años, hace esas cuentas cada mes. Vive con su esposa y sus dos hijos y calcula que el gasto en alimentos de su familia pasó de unos Bs 1.200 a entre Bs 1.800 y Bs 2.000.

El cambio también se nota en la carne. Antes podía comprar unos dos kilos; ahora, alrededor de kilo y medio o menos. Los recortes y la menudencia aparecen como sustitutos.

El problema no termina en el mercado. Al gasto en alimentos se suman alquiler, transporte, educación y otros gastos familiares. Su esposa también trabaja para sostener el presupuesto del hogar.

El monitoreo de la Defensoría muestra que Santa Cruz no tuvo un comportamiento uniforme. Entre junio y agosto, 10 de los 21 productos bajaron de precio, dos permanecieron sin cambios y nueve aumentaron. Entre los incrementos destacaron el tomate, con 25,46%; la avena, con 18,81%; la zanahoria, con 12,54%; y el pollo, con 7,57%.

Para Freddy Blanco, de 74 años, el problema puede resumirse de otra manera. “No es caro, lo que pasa es que no ganamos bien”, dijo.

Él y su esposa son jubilados. La carne es uno de los productos que más cuesta mantener en la mesa. “Casi ya no la vemos”, cuenta. A veces ni siquiera alcanza para comprar recortes.

Diego Herrera, taxista desde hace casi una década, reconoce que la comida está más cara, pero asegura que su situación es distinta porque todavía encuentra trabajo y, sobre todo, porque no percibe problemas de abastecimiento.

Tiene tres hijos y una esposa. Sale a trabajar alrededor de las 7:00 y regresa entre las 18:00 y 19:00. Calcula que su familia gasta actualmente unos Bs 50 o 60 diarios en comida, frente a unos Bs 40 anteriormente.

A eso suma otros Bs 30 o 40 para leche, pan y huevos. En total, el gasto diario puede acercarse a los Bs 90 o 100. Antes, dice, con unos Bs 50 podía cubrir prácticamente todo. Ahora necesita casi el doble.

Pero su lectura de la situación es diferente a la de otros.

“Es caro, pero hay”, explica. En su percepción, Santa Cruz mantiene una oferta amplia de alimentos y no enfrenta la escasez que se presenta en otros departamentos del país.

Mientras tanto en Cobija, el precio no depende solo de cuánto cuesta producir un alimento, sino de cuánto cuesta hacerlo llegar hasta la mesa. La distancia, las dificultades del transporte y una oferta limitada terminan trasladándose al consumidor.

Diego puede decir que la comida está cara, pero que “hay”. En Cobija, el problema es otro: hay menos y, cuando llega, cuesta más.

Menos actividad, menos empleo y precios altos: el panorama económico que dejará el 2026

El Banco Central de Bolivia (BCB) anticipa un cierre de 2026 marcado por una economía en contracción, una inflación todavía elevada y un deterioro de las condiciones laborales. En su Reporte de Inflación y Política Monetaria del segundo trimestre, el ente emisor proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) terminará el año con una caída de 3,6%, mientras que la inflación llegaría al 9,22%.

El escenario representa un deterioro respecto a las perspectivas que se tenían al inicio de la gestión. Hasta junio, la economía acumuló una contracción de 3,34%, después de que el primer trimestre mostrara una variación prácticamente nula. El BCB atribuye buena parte del retroceso a los bloqueos y conflictos sociales registrados durante mayo y junio, que interrumpieron las rutas de transporte y afectaron las cadenas de abastecimiento.

A ese escenario se sumaron las dificultades en el suministro de combustibles, que afectaron al transporte, al comercio y a otras actividades productivas. La construcción y el transporte estuvieron entre los sectores más golpeados, mientras que la minería aportó a sostener la actividad extractiva durante el primer semestre, impulsada principalmente por el oro, la plata y el estaño.

PARA SABER

Cambian los hábitos de compra. La Defensoría señala que las familias están optando por productos más baratos, reduciendo cantidades, eliminando determinados alimentos e incluso reduciendo el número de comidas diarias.

Pollo lo que más influyó. El INE informó que la inflación de agosto fue 1,10% y que el pollo fue el principal factor de presión.

LAS CIFRAS

437,7 bolivianos. Es el costo de una canasta básica de 21 alimentos en Cobija, siendo la más alta de Bolivia

9,22 por ciento. Es la inflación proyectada por el Banco Central de Bolivia (BCB) para la gestión de 2026